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Nivel superior En el camino de la esperanza 2007 Octubre Actualidad


Octubre 2007
 

El mito del Che

Era la década de los 70. Sexo, drogas y rock and roll. Cualquier joven rebelde, contestatario y de izquierda lucía cabello largo, tomaba ron con coca cola (el whisky era “burgués”) y, but of course, en su cuarto, desafiando a sus padres, ostentaba el póster del Che, mito, símbolo, bandera de sus aspiraciones y sueños.



A la generación de los nacidos alrededor de 1950, la vida del Che les quedó como mandada a hacer, por la manera en que encarnó una actitud ante la vida que compartieron muchos jóvenes de esa época en todo el mundo. Con una enorme generosidad, arrogancia e ingenuidad, hicieron posibles las más disparatadas utopías que el siglo XX pudo diseñar. Revolución socialista, revolución sexual, revolución educativa, revolución racial.

Los jóvenes rompían barreras y estallaban estructuras, creyendo ser parteros de un nuevo mundo. Con voluntad e idealismo se embarcaron en diversos proyectos revolucionarios, y muchos perdieron la vida en el intento. Los sobrevivientes descubrieron con amargura que los sueños de la utopía son callejones regenteados por la manipulación y el engaño, y que la realidad, tarde o temprano, revela sus rostros siniestros.
Ernesto “el Che” Guevara nació en Argentina en 1928 y murió en Bolivia en 1967. Estudió medicina, pero sus inquietudes políticas y sociales lo llevaron a una vida errante por Hispanoamérica. En México se unió a un grupo de exiliados cubanos, comandados por Fidel Castro y dispuestos a derrocar al dictador Fulgencio Batista. Se convirtió en uno de los comandantes más importantes de la revolución cubana, junto a Camilo Cienfuegos, Raúl Castro y el propio Fidel. Pese a su número escaso, los guerrilleros derrotaron al corrupto y vacilante ejército del régimen, haciendo huir a Batista.

Una vez en el poder, el Che fue fundamental en la orientación comunista del régimen revolucionario cubano. La Unión Soviética era a su juicio el modelo a seguir. El Che tuvo a su cargo tanto la ejecución de personas adversas al gobierno, como la dirección de la economía cubana. En ambos casos se manifestó como un dirigente duro, sin sentimentalismos ni compasión. Odio a los Estados Unidos, violencia como partera de la historia, promoción de una economía centralmente planificada y dictadura del proletariado a través del partido único eran los puntales de su ideología. Entró en conflicto con la Unión Soviética por considerar a los rusos faltos de ortodoxia al pensamiento marxista leninista. Su tesis de la revolución mundial y permanente chocaba con el pragmatismo soviético, más inclinado a un statu quo con Estados Unidos. El Che aplicó las recetas ortodoxas del centralismo planificador, en contra de los consejos de sus aliados rusos, hasta llevar a la economía cubana a la quiebra. Desengañado, decidió participar en una guerra de guerrillas en el Congo (hoy Zaire). Su experiencia desastrosa en África demostró que la realidad de cada país puede romper en mil pedazos cualquier esquema teórico que se pretenda aplicar extralógicamente. La corrupción, cobardía, frivolidad y cinismo de sus compañeros de armas africanos sumergieron al Che en una pesadilla de la que con dificultad logró escapar con vida.

Desengañado, desilusionado, decide volver a intentar la aventura revolucionaria. Parte con un pequeño grupo de cubanos a Bolivia, donde pretende establecer una base guerrillera desde la que intenta exportar su revolución socialista a toda Hispanoamérica. Sin embargo, el fracaso lo persigue en su último esfuerzo: los campesinos lo ignoran, el ejército lo persigue, el terreno es inhóspito e inadecuado, no tiene comida ni armas, está incomunicado y sin apoyo de ningún tipo. Casi todos sus compañeros mueren en combate. El Che es capturado vivo, ejecutado y exhibido cadáver ante el mundo. Es 1967. El mito del Che ha nacido.

Hoy en día su imagen aparece en camisetas y ceniceros. Pero los jóvenes de entonces ya no son los del siglo XXI. Aquellos pertenecieron a una generación formada en los libros. Los jóvenes de hoy son, generalmente, hijos de la televisión y el internet. Aquellos tenían una preparación ideológica arduamente adquirida, muchos de ahora carecen de la capacidad de generar un pensamiento complejo. Aquellos vivían en un mundo de ilusiones, los de ahora normalmente viven en el egoísmo. Aquellos eran violentos y radicales, los de ahora son en su mayoría apáticos y conformistas. Aquellos se tragaron las utopías más descabelladas, los de ahora son mayoritariamente incapaces de imaginar y soñar.
Los jóvenes de entonces que todavía viven son ahora hombres maduros. Muchos saben, tras la amarga experiencia, que las utopías se aprovechan de la inexperiencia y la generosidad de los jóvenes para embarcarlos en sus proyectos grotescos. El Che era ciego ante la realidad que no se ajustaba a sus ideas. Cuando le hablaron de los campos de concentración soviéticos, respondió que eran mentiras. En todo caso, los campos de trabajo forzoso cubanos eran a su juicio necesarios y benéficos a la revolución. Cuando le dijeron de los asesinatos de los opositores al régimen comunista en Rusia, respondió que se lo merecían. El había hecho lo mismo. La falta de libertad, el control de la información, la dictadura del pensamiento y el sacrificio de las personas en nombre de la ideología eran para el Che el precio a pagar por construir un nuevo mundo. Sólo la violencia, el odio y la guerra lograrían un nuevo mundo de paz y justicia.

Muchos jóvenes de su tiempo creyeron en sus ideas, pero sobre todo, en su vida y su trágica muerte, que forjó un mito. Como su héroe, se enrolaron en grupos políticos y guerrillas que ofrecían el luminoso porvenir justiciero al alcance de sus pistolas y balas. Si los cubanos lo habían logrado, no había razón para no triunfar en México, Guatemala, Nicaragua o El Salvador. Los convencieron de matar a policías, soldados, empresarios, políticos y campesinos. La gente en la mayoría de los países hispanoamericanos, no compartía la violencia como método para lograr una mejor sociedad. Después de muchas décadas de muerte, destrucción y dolor inauditos, casi todas las guerrillas latinoamericanas reconocieron su fracaso y se disolvieron. Las guerrillas remanentes del siglo XXI son muy distintas a las tradicionales del siglo XX: sus dirigentes son estrellas de los medios masivos de comunicación, (pasamontañas y pipa incluídos) o se dedican al narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado.
Me imagino que el Che vería con asombro a sus continuadores.









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