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2006
Agosto
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Agosto 2006 - Paz en la Tierra |
¿MarÃa corredentora? No es oportuno un nuevo dogma
Stefano de Fiores, miembro de la Academia Pontificia Mariana Internacional
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Autor: zenit.org
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Fecha de publicación: 31/07/2006 00:00
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El padre de Fiores, miembro de la Academia Pontificia Mariana Internacional, que asesora al Papa para todas las cuestiones teológicas que tocan a la persona de MarÃa, aclara, sin embargo, que definir a MarÃa como «corredentora» no significa ponerla al mismo nivel salvador de Jesús, sino insistir en su papel de colaboradora en la salvación.
--Se propone invocar a MarÃa como corredentora. ¿SerÃa necesario proclamar un nuevo dogma?
--De Fiores: Desde el punto de vista conciliar y ecuménico, no serÃa ciertamente oportuno proclamar este dogma en este momento. Los hermanos separados, protestantes y ortodoxos, nos reprochan que en los últimos dogmas sobre MarÃa no les hemos tenido en cuenta. Por este motivo pienso que un dogma de este tipo tendrÃa que contar con su participación. Primero avancemos hacia la unión o hacia una cierta convergencia entre los cristianos, y después examinemos si es pertinente proclamar a MarÃa corredentora.
De hecho, el tÃtulo de corredentora no se usa desde PÃo XII, y los pontÃfices no lo utilizan precisamente para no provocar un equÃvoco con los protestantes. De hecho, la corredención no es una novedad. Ya el padre de la Iglesia Ireneo se referÃa a MarÃa como «causa salutis» («causa de la salvación») con su «fiat» (aceptación de la voluntad divina).
--No es herético elevar a la Virgen MarÃa a esta categorÃa, situándola casi al mismo nivel salvador de Jesús?
--De Fiores: Es necesario aclarar que no se trata de situarla al mismo plano de Jesús. El carácter central de la salvación del Redentor se da por descontado. Se ve a la Virgen como colaboradora en esta redención. Jesucristo no se discute. No se trata de una yuxtaposición a la obra redentora de Jesucristo, sino una participación, una dependencia en la salvación. Este punto debe quedar muy claro.
--El catolicismo hoy está acentuando el papel salvÃfico de MarÃa. ¿Por qué?
--De Fiores: Tenemos que tener presente que cada año se publican más de mil artÃculos teológicos sobre MarÃa. La gran preocupación de los mariólogos es evitar un discurso aislado sobre MarÃa. Por este motivo, se estudia de una manera interdisciplinar, y se editan artÃculos y libros que conjugan la mariologÃa con otros campos de la teologÃa, también la soteriologÃa (salvación).
El papel de MarÃa en la salvación ya ha sido tratado por el Concilio Vaticano II. El viraje histórico-salvÃfico conciliar ha hablado de MarÃa en el misterio de Cristo y de la Iglesia. MarÃa no es un capÃtulo aparte.
Acentuar el aspecto de MarÃa en la salvación es propio de los padres de la Iglesia. Hoy, más que centrado en la salvación, se tiende a ver el cristianismo comprometido con la historia.
En este sentido, MarÃa es la mujer libre y responsable que entona un canto de libertad, el Magnificat, y que tienen en cuenta los pobres, la mujer. Ella proclama la libertad que llevará Cristo en el tiempo y en la historia. MarÃa es asà modelo y paradigma del hombre salvado por Cristo.
En un mundo como el nuestro, tan fragmentado en bloques, MarÃa es aquella que acoge al otro manteniendo su identidad. MarÃa esta a favor del hombre. Más que afirmar que es quien recibe la salvación, ella es quien la obra.
--¿Cuáles son las consecuencias en el camino ecuménico?
--De Fiores: Los protestantes, y pienso por ejemplo en el sucesor de Karl Barth en Basilea, Henrick Ott, confiesan que se sienten incómodos con la presentación de MarÃa mediadora formulada por León XIII. Entienden, sin embargo, el que afirmemos que se va a Jesús pasando por MarÃa. A veces consideran que presentamos a MarÃa como si estuviera fuera de la mediación de Cristo. La solución la da el Vaticano II: la mediación de MarÃa se da en Cristo, no al lado de Cristo. Se demuestra que no sólo salva sino que posibilita la salvación. Asà ya es aceptable por todos.
--El Papa ha propuesto en su nueva carta sobre el Rosario una revolución espiritual mariana. ¿Qué busca el Papa?
--De Fiores: No es una revolución sino un redescubrimiento y una mejorÃa en la forma. El Rosario habÃa permanecido prácticamente igual desde 1569, con pocas variaciones.
El Papa propone algunas novedades con estos cinco misterios. Hace que la oración del Rosario esté más centrada en Cristo y sea más meditativa; menos mecánica y más reflexiva.
Los nuevos misterios responden a una exigencia que los estudiosos, especialmente de Italia y Francia, habÃan señalado en varias ocasiones. Entre el último misterio de gozoso y el primero de dolor habÃa un salto demasiado importante. Se olvidaban episodios significativos de la vida pública de Jesús. De todos modos, es evidente que el Rosario es una sÃntesis y no puede contenerlo todo.
--El Rosario, ¿adquiere asà un carácter más cristológico y menos mariológico?
--De Fiores: Juan Pablo II insiste en poner a Jesucristo en el centro: el Ave MarÃa es una oración mariana pero también cristológica. El centro es Jesús y su nombre. Por este motivo se retoma la cláusula del nombre de Jesús (breve jaculatoria), que proporciona a esta oración un carácter más cristológico y por lo tanto más ecuménico. Ya en el 1300, una comunidad de religiosas cistercienses de Treveri (Italia) habÃa añadido más de 50 cláusulas al nombre de Jesús.
Es significativa también la insistencia que el Papa otorga a los momentos de silencio. El Rosario no se debe rezar mecánicamente. Además de insistir en el silencio, la enunciación bÃblica del misterio y otras novedades, el Papa ha añadido una jaculatoria final: se pide que la gracia del misterio sea concedida a la persona que recita el rosario. Es el paso de la oración a la vida.
El Rosario es la única oración que lleva a la vida personal el misterio celebrado litúrgicamente. Y, además, es sumamente importante para la paz. El Rosario, por ejemplo, tuvo un papel decisivo en la vida de la Iglesia desde tiempos de la Batalla de Lepanto (7 de octubre 1571), que marcó la derrota de los otomanos. De hecho, de ahà nació la advocación Virgen del Rosario.
Ahora bien, atención: no debemos ver el Rosario como un arma. No lo es. Es un medio pacÃfico para obtener la paz. Ante la violencia y la insuficiencia de medios públicos, solo Dios puede dar la paz. Solo él puede infundir en el corazón de los hombres y mujeres la serenidad para no perseguir la violencia.
(ZENIT.org).- ZS02102102
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