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Feminismo católico


Nivel superior Forum Vida Sociedad

El tema del papel de los hombres y las mujeres en la sociedad fue objeto de un artículo de Janne Haaland Matlary en la edición del día 12 de L'Osservatore Romano. La profesora del departamento de ciencias políticas de la Universidad de Oslo tomó como trasfondo de sus reflexiones la carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe del pasado 31 de julio, sobre la «Colaboración de Hombres y Mujeres en la Iglesia y en el Mundo».

Aquella carta, observaba la profesora noruega, mantenía que la diferencia entre los sexos va más allá de lo biológico; la divergencia se extiende a los niveles psicológicos y ontológicos. De esta forma, la antropología católica evita el error del reduccionismo biológico, que reduce a las mujeres a un papel de criadoras de niños. También deja a un lado el error de adoptar una visión basada en factores sociales, que reduce las diferencias entre los sexos a una «construcción social».

Matlary resumía lo que ella considera como el marco de un «feminismo católico» contenido en el texto publicado por la congregación vaticana. La carta busca sobre todo enfocar la relación entre los sexos basándola en la imitación de Cristo a través del darse uno mismo y del servicio a los demás. El ideal de darse uno mismo tiene especial relevancia para las mujeres, que a través de la maternidad tienen y crían a los hijos.

Sobre el tema del trabajo frente a vida familiar, Matlary explicaba que la carta da una prioridad mayor a la familia. Por eso, no es suficiente con aprobar leyes que aseguren la igualdad para las mujeres en su puesto de trabajo. «Se ha permitido a las mujeres que imitaran a los hombres», observaba Matlary. «Pero las mujeres no han logrado políticas que tengan en cuenta realmente la maternidad y que reflejen el hecho de que las mujeres, si son fieles al ideal cristiano de servicio, trabajan y ejercitan su liderazgo de una forma muy diferente a los hombres».

Cambiar actitudes La carta vaticana insiste en la importancia de cambiar actitudes para obtener una forma correcta de cooperación entre hombres y mujeres. Matlary afirmaba que las actuales actitudes se oponen con mucha frecuencia a la vida familia así como a las mujeres que quieren dedicarse a sus hogares. El feminismo se ha concentrado en una visión individualista de los derechos, reduciendo radicalmente la importancia de la familia como unidad, observaba.

En este individualismo basado en derechos, la familia, y el papel de la mujer en ella, no cuentan para nada, escribe Matlary. En su lugar, lo que se vuelve importante es que las mujeres tengan al menos el 50% de todos los puestos públicos de la sociedad. Desde esta perspectiva, la vida familiar obstaculiza a las mujeres que desarrollen sus talentos, y tener hijos es una carga.
Esta actitud ha comenzado a cambiar en algunos países - se da más énfasis a ayudar a las mujeres a lograr un equilibrio entre trabajo y familia, observa Matlary. Sin embargo, indicaba, normal y erróneamente, se da mayor prioridad a la igualdad de las mujeres en el puesto de trabajo, en vez de a la familia.

La perspectiva católica ofrece una visión alternativa. Considera el trabajo como un servicio a los demás, no como una forma de buscar el poder en el puesto de trabajo. En la vida familiar, defiende la complementariedad de hombres y mujeres, que significa dar el valor suficiente al papel de la madre para con los hijos cuando son pequeños. Y el estado, en vez de asegurar sólo derechos individuales, tiene la obligación de apoyar la familia y la maternidad, puesto que la familia es el bloque constructivo fundamental de la sociedad.

Un feminismo católico, continúa Matlary, debe tener como su principio básico la convicción de que la familia es lo primero en orden de importancia personal y social. Combinar esto con la visión del trabajo como un darse uno mismo y un servicio permitirá que se dé al papel de la mujer en la familia la importancia que merece. Y añadía que aceptar y vivir estos principios, y comprender que «esta es la clase de poder del que habló y enseñó Nuestro Señor», es el desafío al que se enfrentan los católicos.

N. del E.: Estamos plenamente de acuerdo con las ideas de fondo de este artículo. Sin embargo, opinamos que quizá sería mejor hablar de feminismo cristiano, o mejor aún, de "feminismo natural" . En primer lugar, porque pensamos que un feminismo que se precie de tal, debe ser respetuoso de la ley natural , y en consecuencia, de la naturaleza humana en su versión "mujer" . En segundo lugar, porque aunque parta de pensadoras católicas, tal feminismo no se puede ni se debe reducir a las integrantes de una religión, sino que debe abarcar a todas las mujeres, de todas las razas y todas las religiones, que estén abiertas a respetar la ley natural. Y en tercer lugar, porque es una forma de anteponer al "feminismo artificial" -amigo de anticonceptivos, preservativos, DIUs y otros artefactos-, el "feminismo natural" , que es, por su esencia, mucho más "ecológico" ... De todos modos, en la medida que "católico" significa "universal", es aceptable hablar de "feminismo católico" . Pero puede dar a confusión.

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