Encontrado en: http://materunitatis.org/article/articleprint/562/-1 |
Editorial Julio 2006 Humanamente imposible |
El tema del amor entre hombre y mujer inunda los medios, inspira el arte, provee de sentido a diversas dimensiones de la vida, justifica y condena, acerca y separa, enseña y prostituye.
El tema de amor no cabe en gavetas, ni siquiera en las computadoras modernas más poderosas, pues no es de este mundo, y sin embargo, esta procesado para vivir también en este mundo. Cada uno, según sensibilidad, estado de vida y formación –o deformación- conjuga este Verbo –y verbo- haciéndolo vida, encarnándolo.
PermÃteme llenar este restringido espacio compartiendo brevÃsimamente el tema de la experiencia del amor en el Matrimonio. He estado casado con Gaby desde hace 12 años, y tenemos una preciosa nena de nombre MarÃa Eneritz, de 3 años, y una bebita que se bautizará con el nombre de Fátima, hoy de cuatro semanas de nacida. Mis abuelos vivieron casados por 74 años, y mis padres ahora presumen de haber celebrado 45 aniversarios. Asà que, sà se puede, sà se puede.
La vivencia del Matrimonio implica un nada sencillo camino de santidad. Hoy nos encontramos con una mentalidad consumista que subordina al amor y la felicidad a la posesión de bienes. Vivimos en un ambiente de recelo y duda a la mera posibilidad de un compromiso estable y definitivo. Además, se perciben ya las consecuencias de una filosofÃa reduccionista que pretende desligar la entrega sexual del vÃnculo afectivo.
Desde la fe podemos decir que los motivos más profundos de la miseria y el sufrimiento residen en nuestra separación de Dios y en la necesidad que tenemos de ser perdonados y de ser amados. El Matrimonio no escapa a ello. Vivir en pareja es difÃcil, es una implacable escuela del perdón, humanamente es muy difÃcil de lograr, quizá imposible...
El cristianismo también revela otra dimensión del amor, en el sacrificio de Cristo en la cruz. En este acto el amor se convierte en la expresión de la libertad de dar la vida unos por otros. La libertad sólo alcanza su plena realización cuando renuncia a sus propios derechos, y da expresión al ofrecimiento de amor frente a las necesidades de los demás.
El desafÃo es aprender a amar y a estar dispuesto a luchar por un amor que plenifica y que le da sentido a la vida.
Con una imagen eficaz la Sagrada Escritura nos llama a ser “Una sola carne” (Gn 2, 24). Se trata de una alianza de amor que implica a los cónyuges en su totalidad (corporal y espiritual), y mediante la unión de nuestros cuerpos, se manifiesta el carácter definitivo de la entrega recÃproca. Pero el texto más interesante sobre el Matrimonio lo encontramos en Efesios 5, 21- 33. Ahà se considera el contrato matrimonial como una imagen de la alianza entre Cristo y su Iglesia. Este misterio alude, a su vez, al misterio del plan eterno de salvación realizada por Jesucristo, justó ahÃ, en esa realidad salvÃfica se inserta el sentido profundo del Matrimonio. En dicho acto, gratuito, fiel e indisoluble, debe verse reflejada la alianza de los esposos, con el fin de formar una comunidad de amor.
Invitar a Jesús a intervenir a la propia vida matrimonial es darle importancia a él.
Muchos conocemos sobre estos temas, y sin embargo nos cuesta mucho sacar adelante nuestro Matrimonio, ser conciente de nuestra fragilidad y humildes en aceptar nuestras caÃdas y limitaciones. Es fácil comprender que el encuentro entre dos personas implique conflictos, pues cada uno lleva a cuestas su propia historia y ve al mundo desde su perspectiva.
Empero hay muchos motivos para luchar dÃa por dÃa para mantener a nuestra familia unida. Pero no debemos olvidar que el único medio de hacer progresar al alma de aquél a quién se ama, es acogerlo como el primer dÃa. Para transformarse es necesario sentirse amado. Es esencial aprender a resolver diferencias, manejar situaciones crÃticas, alimentar afinidades y experimentar juntos para descubrir nuevas formas de gozo.
No hay amor ciego. Descubre la debilidad del ser amado y esfuérzate en hacerte cargo de ella. Trata de conocer las posibilidades de tu cónyuge y, delicadamente, despiértalas
El amor a los hijos es una poderosa motivación. Contar con dirección espiritual de almas virtuosas, y el consejo de amigos prudentes, es una gran gracia. Pero definitivamente nada supera la oración en familia y la vida sacramental; pues el esfuerzo humano es inútil sin Dios.
Hay que ser pecador para ser salvado. Y para ser salvo bastan dos cosas: voluntad y gracia. Tenemos la gracia por los sacramentos. ¿Y la voluntad?
“Al principio de las bodas de Caná todo era amor y placer. Pero a mitad del banquete, solo habÃa agua. Los nuevos esposos, pronto se darán cuenta también de que sus medios son limitados y que su amor se entibia. La segunda parte de las bodas de Caná es el descubrimiento del tesoro de la educación de los hijos, un tesoro que aún no se utiliza. Y este vino es el mejor que el primero: es un amor sincero, un corazón que sabe dominarse, olvidarse de sà mismo, permanecer fiel y darse sin pedir nada a cambio [...] El amor conyugal es capaz de acudir a todo el valor, a toda la esperanza, a toda la generosidad de un corazón humano.” (Cardenal Fco. X. Nguyen Van Thuan).
BibliografÃa:
Hermana Guadalupe Pimentel, “La familia hoy”, ediciones Paulinas.
Cardenal Fco. X. Nguyen Van Thuan, “Mil y un pasos por el camino de la esperanza”, La Familia.