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Editorial Noviembre 2005


Nivel superior En el camino de la esperanza 2005 Noviembre Editorial

Con frecuencia mi directora espiritual me recuerda: “El camino del cristiano que quiere ser perfecto es cuesta arriba, y si uno se detiene, tiene el riesgo de deslizarse para abajo”. ¡¿Y quien que en verdad quiera vivir –que no sobrevivir- el camino de la esperanza, no se encuentra en momentos que siente que va cuesta abajo a toda velocidad?! O bien ¿Cuantas veces vemos que la obra de Dios por la que tanto hemos trabajado esta en “riesgo” de venirse abajo?

Comparto contigo esta reflexión profunda de una de las muchas mujeres grandes del siglo XX, Chiara Lubich: “... Nosotros a menudo en las grandes pruebas nos imaginamos que aquel dolor no es verdadero, que quizá es algo imaginario. Mientras que deberíamos aceptar la muerte como Jesús la aceptó, total y dura, y así nos abismaríamos en la nueva vida [...] A veces el alma se encuentra en tales angustias espirituales que ve todo negro y le tortura. No llega ni un rayo de luz para levantarla. Para él no existe más que la justicia de Dios, el terror de ser condenado y la imposibilidad de salir de este anticipado infierno. Pero cuando menos se lo espera Dios se manifiesta a través de sus palabras o de su vida, que aparece, a los quemados por el llanto, como una novísima e inesperada esperanza. Y las palabras de El, que dice misericordia y paz –desde hace tiempo olvidadas-, hablan al corazón quemado y seco por un interminable dolor, y dicen verdaderamente misericordia y paz. Y Cristo reaparece como el dulce cordero degollado por su amor, Aquel que hasta tal extremo ha sabido amarla...”

En esos momentos no necesariamente nos sentimos abandonos “realmente” por Dios, pero si podemos experimentar que nos rebelamos por que las cosas no suceden según nuestros tiempos o nuestro parecer.

Pueden incluso ser menospreciadas o abolidas las obras de Dios, y nos preguntamos porqué lo permite El así. Cuando nuestro fundador, el Cardenal F. X. Nguyên Van Thuân fue hecho preso injustamente por el régimen comunista en Vietnam, tuvo que cerrarse el seminario con cientos de jóvenes, destruidos conventos, cerradas escuelas, sacerdotes y religiosas enviados a los arrozales... Y una noche, lamentándose, escuchó en su corazón: “¡Francisco, eres estúpido! Si Dios quiere tomar las riendas de estas obras, déjale actuar a El, que lo hará mejor que tú, y encontrará personas que lo hagan mejor que tú. No te preocupes; simplemente sigue a Dios y su voluntad”.

“Cuando la sombra de la cruz parece descentrar nuestra paz, concédenos, Señor, que podamos adherirnos con un amor inmediato a aquella prueba, de modo que el sol de tu presencia brille sin interrupción en nuestra alma y no tengamos que privar a aquellos que viven con nosotros, ni siquiera por un instante tan solo, de la plenitud de la alegría. Entonces nuestra vida será testimonio de la Vida, sobreabundante, divina y fascinante, que Tú has traído en medio, del vacío, del aburrimiento y del lento morir del mundo” [1]

Notas:
1. Cfr. Chiara Lubich, “Fermentos de unidad”, Editorial Ciudad Nueva, páginas 118-120

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