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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2004
Febrero
Articulos
¿Soy como soy por mi culpa o porque Dios me hizo as�
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Este es un teman en el que difÃcilmente llegaremos a un consenso. Ni los teólogos, ni los creyentes concientes y reflexivos, aliviaremos la tensión de este aparente dilema.
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La divina predestinación
Este es un teman en el que difÃcilmente llegaremos a un consenso. Ni los teólogos, ni los creyentes concientes y reflexivos, aliviaremos la tensión de este aparente dilema.
Empero existen elementos provistos por la doctrina, Magisterio y Tradición Católica que son suficientes para que lidiemos con esto a favor de nuestro crecimiento espiritual.
1. Dios quiere sinceramente que todas las personas se salven. Consta expresamente en la Sagrada escritura (1 Tim 2, 3-4)
2. En su consecuencia. Cristo murió por todos los hombres sin excepción. Consta también en la Sagrada Escritura (2 Cor 5,15) y ha sido expresamente definido por el Magisterio de la Iglesia (D 1906)
3. Dios ofrece a todos las gracias necesarias para la salvación de todos los hombres en virtud de su voluntad salvÃfica universal y en atención a los méritos de Cristo Redentor. Lo contrario equivaldrÃa a querer el fin sin querer los medios.
4. “Que algunos hayan sido predestinados al mal por el poder divino, no sólo no lo creemos, sino que, si hubiese algunos que quieran creer tanta maldad, con toda repulsión los anatematizamos” (Concilio II de Orange, D 900).
5. “Que algunos se salven es don del que salva; pero que algunos se pierdan, es merecimiento de los que se pierden” (Concilio de Quiersy, D 318).
6. “Ni los malos se perdieron porque no pudieron ser buenos, sino porque no quisieron ser buenos y por su culpa permanecieron en la masa de los condenados” (Concilio III de Valence, D 321).
7. “Porque Dios no manda a nadie cosas imposibles, sino que, al mandar algunas cosas, nos avisa que hagamos lo que podamos y pidamos lo que no podamos y nos ayuda para que podamos” (Concilio de Trento, D 804).
Nada te turbe, nada te espante. Dios es Amor y Misericordia, y lo único que no puede, es ser otra cosa. El P. José Tissot escribe en su precioso libro “El Arte de aprovechar nuestras faltas según San Francisco de Sales”: “Valgámonos de nuestro pecado para progresar en la humildad. El problema del pecado se resuelve en la misericordia de Dios pues Él goza perdonando al pecador arrepentido, asà nuestra miseria es el trono de la divina misericordia; a mayor miseria mayor misericordia”.
“Con la vida, el Señor te ha dado también la libertad. Es ésta la que dará a tu existencia santidad, belleza y utilidad. O, por el contrario, la destruirá, la hará estéril e infiel. También podrá hacerla dañina y vil” (cardenal Fco. X. Nguyen Van Thuan).
BibliografÃa
Pbro. Antonio Royo MarÃn, “Nada te turbe, nada te espante”, Editorial Minos, p. 76 y 77
Cardenal Fco. X. Nguyen Van Thuan, “Mil y un pasos en el camino de la esperanza”.
Pbro. Antonio Royo MarÃn, “TeologÃa de la perfección cristiana”, editorial la BAC, Madrid España.
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