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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2007
Agosto
ArtÃculos
Me Pongo Totalmente en Manos de Dios con Absoluta Esperanza y Confianza
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De una Carta de santo Tomás Moro, escrita en la cárcel a su hija Margarita.
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Autor: Tomás Moro
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Fecha de publicación: 31/07/2007 13:28
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Aunque estoy bien convencido, mi querida Margarita, de que la maldad de mi vida pasada es tal que merecerÃa que Dios me abandonase del todo, ni por un momento dejaré de confiar en su inmensa bondad. Hasta ahora, su gracia santÃsima me ha dado fuerzas para postergarlo todo: las riquezas, las ganancias y la misma vida, antes que prestar juramento en contra de mi conciencia; hasta ahora, ha inspirado al mismo rey la suficiente benignidad para que no pasara de privarme de la libertad ( y, por cierto, que con esto solo su majestad me ha hecho un favor más grande, por el provecho espiritual que de ello espero sacar para mi alma, que con todos aquello honores y bienes de que antes me habÃa colmado). Por esto, espero confiadamente que la misma gracia divina continuara favoreciéndome, no permitiendo que el rey vaya más allá, o bien dándome la fuerza necesaria para sufrir lo que sea con paciencia, con fortaleza y de buen grado.
Esta mi paciencia, unida a los méritos de la dolorosÃsima pasión del Señor (infinitamente superior en todos los aspectos a todo lo que yo pueda sufrir), mitigará la pena que tenga que sufrir en el purgatorio y, gracias a la divina bondad, me conseguirá más tarde un aumento de premio en el cielo.
No quiero, mi querida Margarita, desconfiar de la bondad de Dios, por más débil y frágil que me sienta. Más aún, si a causa del terror y el espanto viera que estoy ya a punto de ceder, me acordaré de san Pedro cuando, por su poca fe, empezaba a hundirse por un solo golpe de viento, y haré lo que él hizo. Gritaré a Cristo: Señor, sálvame. Espero que entonces él, tendiéndome la mano, me sujetará y no dejará que me hunda.
Y si permitiera que mi semejanza con Pedro fuera aún más allá, de tal modo que llegara a la caÃda total y a jurar y perjurar (lo que Dios, por su misericordia, aparte lejos de mÃ, y haga que una tal caÃda redunde más bien en prejuicio que en provecho mÃo), aun en este caso espero que el Señor me dirija, como a Pedro, una mirada llena de misericordia y me levante de nuevo, para que vuelva a salir en defensa de al verdad y descargue asà mi conciencia, y soporte con fortaleza el castigo y la vergüenza de mi anterior negación.
Finalmente, mi querida Margarita, de lo que estoy cierto es de que Dios no me abandonará sin culpa mÃa. Por esto me pongo totalmente en manos de Dios con absoluta esperanza y confianza. Si a causa de mis pecados permite mi perdición, por lo menos su justicia será alabada a causa de mi persona. Espero, sin embargo, y lo espero con toda certeza, que su bondad clementÃsima guardará fielmente mi alma y hará que sea su misericordia, más que su justicia, lo que se ponga en mà de relieve.
Ten, pues, buen ánimo, hija mÃa, y no te preocupes por mÃ, sea lo que sea que me pase en este mundo. Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor.
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