|
Conoce las actividades que llevamos acabo el año
pasado en nuestro INFORME DE ACTIVIDADES.
CONOCELO
AQUI
|
|
SUBCRIBETE
a nuestra lista de correo y recibe periodicamente los pensamientos del C.
Van Thuan, además se el primero en enterarte de los eventos y noticias
de Mater Unitatis.
|
|

|
 |
Nivel superior
En el camino de la esperanza
2007
Julio
ArtÃculos
¿Murió la Santisima Virgen MarÃa?
|
|
Juan Pablo II nos dice al respecto,“existe una tradición común que ve en la muerte de MarÃa su introducción en la gloria celeste”.
|
Es sabido que la muerte no es condición esencial para la Asunción. Y es sabido, también, que el Dogma de la Asunción no dejó definido si murió realmente la SantÃsima Virgen. HabÃa para entonces discusión sobre esto entre los Mariólogos y PÃo XII prefirió dejar definido lo que realmente era importante: que MarÃa subió a los Cielos gloriosa en cuerpo y alma, soslayando el problema de si fue asunta al Cielo después de morir y resucitar, o si fue trasladada en cuerpo y alma al Cielo sin pasar por el trance de la muerte, como todos los demás mortales (inclusive como su propio Hijo).
Juan Pablo II, en una de sus Catequesis sobre el tema, nos recordaba que PÃo XII y el Concilio Vaticano II no se pronuncian sobre la cuestión de la muerte de MarÃa. Pero aclara que “PÃo XII no pretendió negar el hecho de la muerte; solamente no juzgó oportuno afirmar solemnemente, como verdad que todos los creyentes debÃan admitir, la muerte de la Madre de Dios”. (JP II, 25-junio-97)
Sin embargo, algunos teólogos han sostenido la teorÃa de la inmortalidad de MarÃa, pero Juan Pablo II nos dice al respecto,“existe una tradición común que ve en la muerte de MarÃa su introducción en la gloria celeste”. (JP II, 25-junio-97)
Se refiere posiblemente a que, como afirma Antonio Royo MarÃn o.p., la Asunción gloriosa de MarÃa, después de su muerte y resurrección, reúne un apoyo inmensamente mayoritario entre los Mariólogos. (cfr. La Virgen MarÃa, A. Royo MarÃn, 1968).
Los argumentos en favor de la muerte de MarÃa los dividiremos: según la Tradición Cristiana (incluyendo el Arte Cristiano), según la Liturgia, según la razón teológica y por la utilidad de la muerte.
1. Según la Tradición Cristiana:
Royo MarÃn afirma que el testimonio de la Tradición -dice que sobretodo a partir del Siglo II- es abrumador a favor de la muerte de MarÃa. Es su afirmación, aunque no da citas al respecto. (cfr. La Virgen MarÃa, A. Royo MarÃn, 1968).
Inclusive la misma Bula Munificentissimus Deus de PÃo XII (sobre el Dogma de la Asunción), aunque no propone como dogma la muerte de MarÃa, nos presenta este dato interesantÃsimo sobre la muerte de MarÃa en la Tradición de la Iglesia: “Los fieles, siguiendo las enseñanzas y guÃa de sus pastores ... no encontraron dificultad en admitir que MarÃa hubiese muerto como murió su Unigénito. Pero eso no les impidió creer y profesar abiertamente que su sagrado cuerpo no estuvo sujeto a la corrupción del sepulcro y que no fue reducido a putrefacción y cenizas el augusto tabernáculo del Verbo Divino” (PÃo XII, Bula Munificentissimus Deus #7, cf. Doc. mar. #801).
El Padre JoaquÃn Cardoso, s.j. edita en México en el Año de la declaración del Dogma un librito “La Asunción de MarÃa SantÃsima”. Y nos refiere lo siguiete sobre la muerte de MarÃa en la Tradición:
“Hasta el Siglo IV no hay documento alguno escrito que hable de la creencia de la Iglesia, explÃcitamente, acerca de la Asunción de MarÃa. Sin embargo, cuando se comienza a escribir sobre ella, todos los autores siempre se refieren a una antigua tradición de los fieles sobre el asunto. Se hablaba ya en el Siglo II de la muerte de MarÃa, pero no se designaba con ese nombre de muerte, sino con el de tránsito, sueño o dormición, lo cual indica que la muerte de MarÃa no habÃa sido como la de todos los demás hombres, sino que habÃa tenido algo de particular. Porque aunque de todos los difuntos se decÃa que habÃan pasado a una vida mejor, no obstante para indicar ese paso se empleaba siempre la palabra murió, o por lo menos `se durmió en el Señor', pero nunca se le llamaba como a la de la Virgen asÃ, especialmente, y como por antonomasia, el Tránsito, el Sueño”.
Son muchÃsimos los Sumos PontÃfices que han enseñado expresamene sobre la muerte de MarÃa. Entre éstos, nuestro Papa Juan Pablo II, quien en su Catequesis del 25 de junio de 1997, titulada por el Osservatore Romano “La Dormición de la Madre de Dios”, nos da más datos sobre la muerte de MarÃa en la Tradición:
Santiago de Sarug (+521): “El coro de los doce Apóstoles” cuando a MarÃa le llegó “el tiempo de caminar por la senda de todas las generaciones”, es decir, la senda de la muerte, se reunió para enterrar “el cuerpo virginal de la Bienaventurada”.
San Modesto de Jerusalén (+634), despues de hablar largamente de la “santÃsima dormición de la gloriosÃsima Madre de Dios”, concluye su “encomio”, exaltando la intervención prodigiosa de Cristo que “la resucitó de la tumba” para tomarla consigo en la gloria .
San Juan Damasceno (+704), por su parte, se pregunta: “¿Cómo es posible que aquélla que en el parto superó todos los lÃmites de la naturaleza, se pliegue ahora a sus leyes y su cuerpo inmaculado se someta a la muerte?”. Y responde: “Ciertamente, era necesario que se despojara de la parte mortal para revestirse de inmortalidad, puesto que el Señor de la naturaleza tampoco evitó la experiencia de la muerte. En efecto, El muere según la carne y con su muerte destruye la muerte, transforma la corrupción en incorruptibilidad y la muerte en fuente de resurrección”.
No es posible, además, ignorar el Arte Cristiano, en el que encontramos gran número de mosaicos y pinturas que han representado la Asunción de MarÃa, tratando de hacernos ver gráficamente el paso inmediato de la “dormición” al gozo pleno de la gloria celestial, e inclusive algunos, del paso del sepulcro a la gloria, siendo asunta al Cielo.
2. Según la Liturgia:
De acuerdo a Royo MarÃn, el argumento litúrgico tiene gran valor en teologÃa, según el conocido aforismo orandi statuat legem credendi, puesto que en la aprobación oficial de los libros litúrgicos está empeñada la autoridad de la Iglesia, la cual iluminada por el EspÃritu Santo, no puede proponer a la oración de los fieles fórmulas falsas o erróneas.
Y desde la más remota antigüedad, la liturgia oficial de la Iglesia recogió la doctrina de la muerte de MarÃa. Royo MarÃn refiere dos oraciones “Veneranda nobis...” y “Subveniat, Domine ...” , las cuales estuvieron en vigor hasta la declaración del Dogma (1950) y recogen expresamente la muerte de MarÃa al celebrar al fiesta de su gloriosa Asunción a los Cielos. Las oraciones posteriores a la declaración del Dogma, por razones obvias, no aluden a la muerte.
Asà decÃa la oración “Veneranda nobis”: “Ayúdenos con su intercesión saludable, ¡oh, Señor!, la venerable festividad de este dÃa, en el cual, aunque la santa Madre de Dios pagó su tributo a la muerte, no pudo, sin embargo, ser humillada por su corrupción aquélla que en su seno encarnó a tu Hijo, Señor nuestro”.
El Padre JoaquÃn Cardoso, s.j. tiene esto que decirnos sobre la muerte de MarÃa en la Liturgia:
“La Iglesia, pues, tanto la Griega, como la Latina, creyeron siempre, no solamente como posible, sino como regla, en la muerte de MarÃa, y en las más antiguas Liturgias de ambas Iglesias se encuentra siempre la celebración y el recuerdo de la muerte de MarÃa, con el nombre de la Dormición, Sueño o Tránsito de Nuestra Señora. Porque eso sÃ: si creÃan que realmente la Virgen habÃa muerto, indicaban con esa denominación, no usada comúnmente para todas las muertes, que la de la Virgen habÃa tenido algún carácter especial y extraordinario, que es precisamente el de su resurrección inmediata y Asunción a los Cielos”.
“Y como dicen los crÃticos, aun protestantes ... ya en el Siglo VI era absolutamente general la creencia en la Asunción de MarÃa, tal cual lo demuestran las antiquÃsimas liturgias de todas las Iglesias que tienen, al menos desde el siglo IV, establecida la Fiesta de la Dormición de MarÃa”.
3. Según la razón teológica:
Iniciamos este aparte con Juan Pablo II: “¿Es posible que MarÃa de Nazaret haya experimentado en su carne el drama de la muerte? Reflexionando en el destino de Maria y en su relación con su Hijo Divino, parece legÃtimo responder afirmativamente: dado que Cristo murió, serÃa difÃcil sostener lo contrario por lo que se refiere a su Madre” (JP II, 25-junio-97).
Cristo, el Hijo de Dios e Hijo de MarÃa, murió. Y ¿puede ser la Madre superior al Hijo de Dios en cuanto a la muerte fÃsica? Es cierto que la SantÃsima Virgen MarÃa, habiendo sido concebida sin pecado original (Inmaculada Concepción) tenÃa derecho a no morir. Pero, nos decÃa Juan Pablo II: “El hecho de que la Iglesia proclame a MarÃa liberada del pecado original por singular privilegio divino, no lleva a concluir que recibió también la inmortalidad corporal. La Madre no es superior al Hijo, que aceptó la muerte, dándole nuevo significado y transformándola en instrumento de salvación. ” (JP II, 25-junio-97)
Y Royo MarÃn remata este argumento de la siguiente manera: “Sin duda alguna, MarÃa hubiera renunciado de hecho a ese privilegio para parecerse en todo -hasta en la muerte y resurrección- a su Divino Hijo Jesús.”
El Padre JoaquÃn Cardoso, s.j. dice al respecto: “MarÃa SantÃsima nunca tuvo pecado, por el privilegio de Dios de su Inmaculada Concepción; por consiguiente, no estaba sujeta a la muerte, como no lo estaba Jesucristo; pero también Ella tomó sobre sà nuestro castigo, nuestra muerte”.
Y Juan Pablo II: “MarÃa, implicada en la obra redentora y asociada a la ofrenda salvadora de Cristo, pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad”. (JP II, 25-junio-97)
4. Por la utilidad de la muerte:
Dice Royo MarÃn que la muerte de MarÃa nos sirve de ejemplo y consuelo. MarÃa debió morir para enseñarnos a bien morir y dulcificar con su ejemplo los supuestos terrores de la muerte. Los recibió con calma, con serenidad, aún más, con gozo, mostrándonos que no tiene nada de terrible la muerte para aquéllos que en la vida han cumplido la Voluntad de Dios.
Y Juan Pablo II: “MarÃa, implicada en la obra redentora y asociada a la ofrenda salvadora de Cristo, pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad”. (JP II, 25-junio-97) “La experiencia de la muerte enriqueció a la Virgen: habiendo pasado por el destino común a todos los hombres, es capaz de ejercer con más eficacia su maternidad espiritual con respecto a quienes llegan a la hora suprema de la vida”. (JP II, 25-junio-97)
Fuente:
http://www.homilia.org/virgen/index.htm
|
|
 |


|