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Tras la ejecución de McVeigh, movilización católica contra la pena de muerte


Declaración del presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Fiorenza

WASHINGTON, 12 junio 2001 (ZENIT.org).- La Iglesia católica en Estados Unidos ha manifestado públicamente su desacuerdo con la ejecución de Timothy McVeigh, que se convirtió este lunes en un acontecimiento mediático, con 1.300 periodistas enviados a la prisión de Terre Haute.

«En una época donde el respeto por la vida es amenazado en tantas maneras, creemos que es importante enfatizar que la vida humana es un don de Dios, y que ninguna persona o gobierno puede pretender aniquilar un don de Dios», afirma en una nota de prensa publicada tras la ejecución del terrorista del atentado de Oklahoma City, en 1995, el obispo Joseph A. Fiorenza, presidente de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos.

«Por el contrario --subraya monseñor Fiorenza, obispo de Galveston-Houston-- todos nosotros tenemos la responsabilidad de proteger la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural».

«Nuestro sistema de justicia criminal tiene vías alternativas para castigar crímenes atroces y proteger la sociedad de sus autores. Continuaremos apoyando la abolición de la pena capital y exhortando un castigo apropiado para crímenes capitales», afirma el obispo estadounidense.

Por último, mostrando su cercanía a los familiares de las víctimas del atentado de Oklahoma City, llaman a los católicos y a las personas de buena voluntad del país, en especial a los legisladores, a hacer todo lo posible a «reconsiderar el uso de la pena capital» t «revertir esta cultura de violencia y reemplazarla por un profundo respeto por el valor inherente que Dios confiere a cada vida humana».

McVeigh, de 33 años y veterano de la Guerra del Golfo, con evidentes trastornos mentales, aseguró que cometió el atentado para vengar la operación gubernamental de 1993 contra miembros de la llamada Rama Davidiana en Waco, Texas, en la que se calcula que murieron 90 personas.

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Entrevista


Pena de muerte: «Mi hija Julie no hubiera querido esta venganza»
Habla el padre de una de las víctimas del terrorista ejecutado

NUEVA YORK, 12 junio 2001 (ZENIT.org-AVVENIRE).- «¿Qué hemos ganado? Timothy McVeigh está muerto y los parientes de las víctimas han vuelto a casa con su dolor y su sentido de venganza insatisfecho». Este es el comentario de Bud Welch, padre de Julie, una joven de 24 años que perdió la vida en el edifico federal de Oklahoma City, donde trabajaba en los servicios sociales el 19 de abril de 1995.

«Sólo puedo esperar que cuando el sol se ponga sobre Terre Haute, estos pensamientos nos acercarán a la abolición de la pena de muerte», añade este padre, católico, deshecho por la pérdida de su hija, pero que se ha convertido en uno de los más convencidos activistas contra la pena de muerte en Estados Unidos.

--¿Qué sintió cuando fue ejecutado el terrorista que mató a su hija?


--Bud Welch: Tristeza. Ha sido sólo un acto de venganza, llevado a cabo por el Estado. No proporciona ningún beneficio a los familiares de las víctimas porque mañana se despertarán con el mismo vacío que teníamos antes. ¿Cómo podemos pensar en curar el dolor con una ejecución? Ya es hora de que nuestro país reflexione y comprenda qué es en verdad la pena de muerte: una venganza colectiva que alimenta sólo el ciclo de la violencia y de los sentimientos de rabia.

--Y sin embargo son sentimientos naturales, aunque negativos. ¿Cómo es posible que el padre de una joven asesinada de ese modo se oponga con tanta fuerza a la ejecución de su asesino?


--Bud Welch: Por convicción personal, experiencia y fe. Estoy seguro de que la vida pertenece a Dios y no nos corresponde a nosotros los hombres darla o quitarla. Podemos castigar a los criminales y evitar que vuelvan a actuar usando otros sistemas. Pero la muerte, ¿a dónde lleva? Los parientes de las víctimas seguirán teniendo un sentimiento de venganza pero ahora ya no tendrán a alguien contra el qué dirigirlo. ¿Es esta la solución que queremos para nuestras tragedias?

--El Papa pidió al presidente George Bush que perdonara a McVeigh. ¿Qué piensa de la postura de la Iglesia contra la pena de muerte?


--Bud Welch: Quiero dar las gracias a Juan Pablo II no sólo por la petición hecha en este caso sino por todo el empeño puesto contra las ejecuciones en general. Como fiel agradezco a la Iglesia la firmeza con la que defiende la dignidad de la vida. Y como católico practicante he visto en primera persona los frutos de las palabras del Papa, porque ahora ya todos los sacerdotes se expresan contra la pena de muerte en sus parroquias, y los obispos y los cardenales estadounidenses, comprometidos con fuerza en este campo, aumentan cada día.

--En los últimos meses, usted estuvo en contacto con Bil MacVeigh, el padre del terrorista ejecutado. Los medios de comunicación dicen que se han hecho amigos. ¿Cómo es posible establecer una relación así?


--Bud Welch: Somos dos padres que han perdido a sus hijos. Pero es justo subrayar que este destino no fue elegido por las víctimas.

--¿Cómo recuerda a Julie?


--Bud Welch: Me acuerdo de mi hija cada día y sé que hoy esta triste y contrariada como yo. Trabajaba para Amnistía Internacional, desde cuando tenía 16 años, e iba a misa todos los días. Creía en Dios, creía en el carácter sagrado de la vida y creía en la fuerza del perdón. Nunca habría querido esta venganza, realizada incluso en su nombre.

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