Muerte es la tajante separación del alma y del cuerpo, la ausencia total de vida.
El organismo humano está conectado, comunicado todo entre sÃ; no hay muerte por secciones; puede haber cese de funciones orgánicas, bloqueo de comunicaciones fÃsico-quÃmicas, pero no muerte.
Si, de forma mecánica, un aparato (respirador) ayuda a que el corazón siga latiendo, ¿hay vida? Claro que hay vida, y no es, en principio, por el aparato, es por la capacidad de respuesta del organismo al estÃmulo externo. Por lo tanto, el aparato no da vida; si fuera asÃ, conecten el mismo aparato a un cadáver y serÃa ridÃculo esperar una respuesta de vida.
Un corazón tiene respuesta por estar comunicado por las leyes de la fÃsica a su centro cerebral, aunque por sà solo seguirÃa latiendo fuera del cuerpo por su automatismo durante cierto tiempo (no es el caso a tratar).
Nadie tiene la capacidad ni el poder de prolongar la vida. Otro término mal aplicado o utilizado es el de prolongar la vida. Nadie puede añadir ni un solo segundo a su vida ni a otra vida. Nuestra obligación es trabajar, velar, servir, atender al enfermo hasta el fin de la vida.
¿Por qué decir: «el enfermo está en estado vegetativo (como si estuviera muerto)», «en coma profundo», «tiene muerte cerebral», etcétera? Lo dicen tanto que ya se la creyeron. Estamos para la vida, no para disculpar el matar (eutanasia, o como quieran llamarle). Disponer de la vida de un ser humano es asesinar.
Desconectar a un enfermo del aparato es asesinar. El argumento de los que matan es: por el aparato late el corazón. Entonces podrÃan, con toda tranquilidad, quitarle el marca-paso a un paciente cardiaco, quitarle el oxÃgeno a un enfermo de enfisema pulmonar, ya no más transfusiones de sangre o paquetes plaquetarios a enfermos de leucemia, porque si no fuera por estos elementos auxiliares estarÃan muertos quienes dependen de ellos. Que nos quede muy claro: no es por eso, es por la capacidad de respuesta del organismo a continuar con vida propia.
Se diagnostica a un paciente la «muerte cerebral» por presentar:
a) ausencia de reflejos.
b) trazo plano del electroencefalograma.
c) daño irreversible.
Pero continúan las comunicaciones cerebrales, y esto lo podemos demostrar obteniendo registros, mediciones que el electroencefalograma no registra por no ser sensible. Esto es posible en un nivel de 0.025 miliamperes, a través del sistema de sudor (piel) registrado en una escala de resistencias, confirmando todavÃa la actividad cerebral. Por lo tanto, no hay «muerte cerebral»: continúa la vida en el enfermo.
El alma y el espÃritu continúan en la persona. Esto es lógico, por sentido común. Hay percepción, le sirve recibir el sacramento de la Reconciliación, la asistencia del sacerdote. Se le debe seguir atendiendo, porque es un ser humano con vida.
Se concluye: no existe la llamada «muerte cerebral». Apoyar lo contrario convence y conviene a quienes, para obtener órganos en donación, los extirpan a inocentes indefensos enfermos, aunque haya que matarlos, porque siempre es mejor extraer órganos calientitos (con vida) que órganos frÃos (sin vida).
La ciencia nunca ha sido definitiva, sigue avanzando.
* El autor es médico. Se desempeña en el campo de la terapia de termorregulación cerebral y es parte del grupo ArmonÃa Humana «Promover la Salud es Promover la Paz», en Cuernavaca, Mor. raulgf@prodigy.net.mx
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