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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2007
Mayo
Actualidad

Semillas de Verdad Junio 2007 |
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...no se te dio la oportunidad de decidir si querías o no tener a Isaac, tu pequeño hijo.
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Estimada Paulina Ramírez J.:
Te sigues lamentando de que a ti, a diferencia de la madre de Chespirito, no se te dio la oportunidad de decidir si querías o no tener a Isaac, tu pequeño hijo. Ese reclamo que haces públicamente contra aquellos que te obligaron a dar a luz en contra de tu voluntad me hace pensar que, aun ahora, si se te presentara la oportunidad, si pudieras dar reversa al calendario y hacer que el niño volviera a tu seno, lo abortarías. No tendría sentido seguir reclamando si no es porque aún sigues dolida por esa intromisión ajena en tus derechos, ¿verdad? Y porque te sientes presionada día y noche por los millones de problemas que te crea tu hijo. Me pregunto: sus sonrisas infantiles, sus travesuras, y su vocecilla que te llama para presumirte sus pequeños triunfos, ¿nunca han podido lograr que te digas a ti misma que bendita la hora en que la autoridad te impidió abortar? ¿Sinceramente puedes decir, viendo los ojos de tu hijo, que ojalá que te hubieran dejado abortarlo? Cuando lo acaricias, y le revuelves el pelo jugueteando (porque me imagino que alguna vez lo has hecho), ¿sigues deseando haber podido eliminarlo antes de que naciera? ¿Siguen siendo tan profundos el dolor y la vergüenza de la violación de la que tú fuiste víctima que borran de tu corazón el cariño y la ternura que te puede provocar la cercanía de Isaac? Si es así, aún te queda una solución. Mátalo.
Se oye feo, ¿verdad? Pero, ¿no es eso exactamente lo querías hacer con él antes de que naciera? El niño que tienes ante tus ojos y que te da tantos dolores de cabeza, ¿no es el mismo que tenías en tu vientre? Hazle al niño de siete años, y que ahora te da más lata, lo que no te dejaron hacerle cuando estaba aún por nacer. Probablemente alguien te haya dicho, para animarte, que lo que sentías dentro de tu cuerpo entonces no era un niño, una persona humana, y que por eso no hacías nada malo con abortar. Pero, dime, Paulina, si «eso» no era Isaac, tu hijo, entonces, ¿cuándo empezó a serlo? ¿Cuando lo decidan algunos diputados? Por eso te digo: si sigues lamentando no haber abortado en aquel momento, basta con que elimines ahora a Isaac. Es lo mismo. Si no te animas tú, puedes pedirle a alguien del PRD, siempre solidarios con causas como la tuya, que lo mate él. Y que practique antes con alguno de sus hijos.
Nadie desea eso, obviamente, sino que el maravilloso don de la vida te ayude a vencer las insidias de los aliados de la muerte.
Tu amigo
Javier Algara
C.c.p. Todas las madres que no pudieron abortar a causa de las leyes contrarias al derecho de las mujeres a decidir.
EL OBSERVADOR 615-5
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