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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2006
Octubre
Secciones

Octubre - Noviembre 2006 |
Pensamiento Van Thuan - Dios y no las obras de Dios
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Durante mi larga tribulación de nueve años de aislamiento en una celda sin ventanas –contaba el propio Nguyên Van Thuân–, iluminado en ocasiones con luz eléctrica durante dÃas enteros, o a oscuras durante semanas, sentÃa que me sofocaba por efecto del calor, de la humedad. Estaba al borde de la locura. Yo era todavÃa un joven obispo con ocho años de experiencia pastoral. No podÃa dormir. Me atormentaba el pensamiento de tener que abandonar la diócesis, de dejar que se hundieran todas las obras que habÃa levantado para Dios. Experimentaba una especie de revuelta en todo mi ser.
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Sólo Dios
Una noche, en lo profundo de mi corazón, escuché una voz que me decÃa: "¿Por qué te atormentas asÃ? Tienes que distinguir entre Dios y las obras de Dios. Todo aquello que has hecho y querrÃas continuar haciendo: visitas pastorales, formación de seminaristas, religiosos, religiosas, laicos, jóvenes, construcción de escuelas, misiones para la evangelización de los no cristianos..., todo esto es una obra excelente, pero son obras de Dios, no son Dios. Si Dios quiere que tú dejes todas estas obras poniéndote en sus manos, hazlo inmediatamente y ten confianza en Él. Él confiará tus obras a otros, que son mucho más capaces que tú. Tú has escogido a Dios, y no sus obras".
Esta luz me dio una nueva fuerza, que ha cambiado totalmente mi manera de pensar y me ha ayudado a superar momentos que fÃsicamente parecÃan imposibles de soportar. Desde aquel momento, una nueva paz llenó mi corazón y me acompañó durante trece años de prisión. SentÃa la debilidad humana, pero renovaba esta decisión frente a las situaciones difÃciles, y nunca me faltó la paz. Escoger a Dios y no las obras de Dios. Este es el fundamento de la vida cristiana, en todo tiempo.
De este modo, comprendo que mi vida es una sucesión de decisiones, en todo momento, entre Dios y las obras de Dios. Una decisión siempre nueva que se convierte en conversión. La tentación del pueblo de Dios siempre consistió en no fiarse totalmente de Dios y tratar de buscar apoyos y seguridad en otro sitio. Esta es la experiencia que sufrieron personajes tan gloriosos como Moisés, David, Salomón...
Fuente:
Del libro de su autorÃa: “Cinco Panes y dos Peces”, Cardenal Fco. X. Nguyen Van Thuan,
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