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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2006
Agosto
ArÃiculos

Agosto 2006 - Paz en la Tierra |
Levantando la mirada… ¡todo se pasa!
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Uno de los argumentos fundamentales que solÃa emplear Santa Teresa para tranquilizar las almas atormentadas por el dolor, la enfermedad o cualquiera otra de las calamidades de que esta llena nuestra vida terrena es la brevedad increÃble de la misma y lo pronto que “todo se pasa” y todo se acaba:
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“Es corta la vida, y algunas cortÃsimas. ¿Y qué sabemos si seremos de tan corta, que desde una hora o momento que nos determinemos a servir del todo a Dios, se acabe?
Posible serÃa, que, en fin, todo lo que tiene fin no haya que hacer caso de ello, y pensando que cada hora es la postrera, ¿quién no la trabajará?”[1]
Vale la pena detenernos a examinar cuidadosamente la caducidad de las cosas temporales, en contraste y parangón con la vida interminable que nos espera más allá de este pobre mundo. Nada más estimulante y alentador para proseguir nuestro viaje con incansable intrepidez y el corazón abierto a la más firme esperanza.
¡Todo pasa! Todos lo seres situados en el tiempo y en el espacio participan forzosamente de esta fugacidad vertiginosa inherente a su propia condición.
a) En la naturaleza: se sucede sin cesar las estaciones. A la fresca y riente primavera suceden los ardores del verano, las hojas mustias y amarillas del otoño, el frÃo inclemente del invierno. ¡Todo se pasa!
b) En la vida del hombre: la infancia y la niñez se trasforman prontamente en la adolescencia; ésta cede el paso a la juventud que, a su vez, lo va cediendo a la edad madura para desembocar finalmente en la decrepitad y ancianidad. La vida del hombre sobre la tierra es como la flor de heno: fresca por la mañana, seca y mustia por la tarde. […] Es como un relámpago entre dos eternidades.
c) ¡La historia! ¿Dónde están las grandes figuras mencionadas en los fastos de la historia universal? […] Pasaron para nunca más volver.
d) Los hombres y grandezas son flor de un dÃa. Hasta hace poco, cuando el nuevo Papa, recién elegido, era llevado en procesión solemne por la BasÃlica de San Pedro, se acercaba tres veces el maestro de ceremonias al Santo Padre, y, mostrándole un poco de estopa en el extremo de una vara de plata, le prendÃa fuego mientras le dirigÃa estas palabras: “Santo Padre asà pasa la gloria del mundo: sic transit gloria mundi”.
“Trocar los placeres de una vida breve por el éxtasis de una vida eterna; dejar las minucias de lo finito para participar en o infinito; aceptar la miseria en la tierra para gozar en el cielo de una perpetua e inconmensurable riqueza: he ahà el negocio que el cristiano propone a las almas” (Papini)
BibliografÃa:
Antonio Royo MarÃn, O.P., “Nada te turbe, nada te espante”, editorial Minos, páginas 79, 81, 82, 89.
[1] Santa Teresa, Camino de perfección, 12,1.
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