INFORME ANUAL

Conoce las actividades que llevamos acabo el año pasado en nuestro INFORME DE ACTIVIDADES.
CONOCELO AQUI

 

LISTA DE CORREO

SUBCRIBETE a nuestra lista de correo y recibe periodicamente los pensamientos del C. Van Thuan, además se el primero en enterarte de los eventos y noticias de Mater Unitatis.

 
Iniciar sesión

¿Olvidó su clave?

Registrar un nuevo usuario.
Encuesta

Resultados de la encuesta

Encuestas
You must have Java enabled to see breaking news...




0

Nivel superior Información general


Peregrinación a la Basí­lica de Guadalupe con bendición del card. Norberto Rivera

Homilía pronunciada por el Cardenal Norberto Rivera, Arzobispo
Primado de México en la I.N. Basílica de Gudalupe

24 de Junio de 2006, Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús

En el contexto de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús han peregrinado queridos hermanos, hasta este Santuario de Guadalupe que es el corazón de México, para renovar con toda la Iglesia de nuestro país la consagración de nuestro pueblo a ese Corazón Santo que no es otra realidad sino el amor insondable de Dios manifestado en Jesucristo.

Detengámonos por un momento en esta expresión “Sagrado Corazón de Jesús”. Cuando hablamos del corazón humano no nos referimos sólo a los sentimientos, sino a toda la persona que ama, que quiere y trata a los demás. Así en el lenguaje de la Sagrada Escritura, el corazón es considerado como el resumen y la fuente, la expresión y el fondo último de los pensamientos, de las palabras, de las acciones. Por eso al tratar ahora al Corazón de Jesús, ponemos de manifiesto la certidumbre del amor de Dios y la verdad de su entrega a nosotros. “El Corazón de Jesús es el corazón de una Persona divina, es decir, del Verbo encarnado, por consiguiente, representa y pone ante los ojos todo el amor que Él nos ha tenido y no tiene aún (…). No se puede llegar al Corazón de Dios sino pasando por el Corazón de Cristo, como Él mismo afirmó: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí (Jn 14,6)” (Pío XII, Enc. “Haurietis aguas”, 15.V.1956, n. 29).

Hoy queremos acudir a ese divino amor –como nos ha invitado recientemente el Santo Padre Benedicto XVI en su encíclica “Deus caritas est”—para abrirnos al misterio de Dios, de su amor por nosotros y dejarnos transformar por él. Queremos recurrir al costado abierto del Redentor que es la fuente de nuestra salvación “para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y experimentar más a fondo su amor. Así podremos comprender mejor lo que significa conocer en Jesucristo el amor de Dios, experimentarlo teniendo puesta nuestra mirada en él, hasta vivir completamente de la expriencia de su amor, para poderlo testimoniar después a los demás” (Benedicto XVI, Carta al prepósito general de la Compañía de Jesús con motivo del 50 aniversario de la Encíclica “haurietis aguas”, 15.V.2006).

Un hermoso programa nos traza el Papa: conocer, experimentar, vivir y testimoniar el amor de Dios y estas lecciones sólo las aprendemos en el encuentro con una persona concreta que es precisamente Jesús. Este misterio del amor de Dios constituye el contenido del culto y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que es al mismo tiempo el contenido de toda espiritualidad cristiana: “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Jn 1).

Ahora bien, quien acepta el amor que Dios nos tiene queda modelado interiormente por este amor y vive este amor como una llamada a la que se debe responder y si somos capaces de responder es porque antes hemos experimentado este mismo amor, como dice el apóstol: “En esto hemos conocido qué es el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos” (1 Jn 3, 16).

“Él dio su vida por nosotros”. La representación de este amor se hace precisamente mostrando a nuestro Redentor con el corazón traspasado. Hay que hacerse conscientes de que vivimos y experimentamos esta entrega de Jesús por nosotros, en cada Eucaristía, porque en ella celebramos el sacrificio de Cristo en la Cruz. De ahí que la Eucaristía sea el corazón de la Iglesia, de donde fluye su vida divina, donde ella se construye y encuentra su identidad de pueblo de la alianza, amado de Dios y llamado a hacer partícipes de este amor a todos los hombres. Así, cada vez que nos reunimos, como hoy, para este banquete pascual, experimentamos este Amor que nos transforma y nos hace capaces de amar y entregarnos por los hermanos.

Al consagrarnos como Nación al misterio de este amor divino, queremos con palabras del querido Juan Pablo II: ponernos junto al Corazón de Cristo, para aprender a conocer el sentido verdadero y único de la vida y de su destino, a comprender el valor de una vida auténticamente cristiana, a evitar ciertas perversiones del corazón humano, a unir el amor filial hacia Dios con el amor al prójimo. Así –y esta es la verdadera reparación pedida por el Corazón del Salvador— sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia, se podrá construir la civilización del Corazón de Cristo, la civilización del amor (Cfr. Juan Pablo II, Carta al prepósito general de la Compañía de Jesús, 5.X.1986).

Cristo es nuestra paz. El en su cuerpo ha derribado los muros que separan a los hombres. El Reconcilió a todos los hombres, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz y dando muerte en él al odio. Por eso debemos luchar sin desmayo por obrar el bien, precisamente porque sabemos que es difícil que los hombres nos decidamos seriamente a ejercitar la justicia, y es mucho lo que falta para que la convivencia terrena esté inspirada por el amor, y no por el odio o la indiferencia. En esta hora solemne de nuestra historia como nación, vamos a luchar – lucha de paz – contra el mal, contra la injusticia, contra el odio, contra el pecado, para proclamar así que la actual condición humana no es la definitiva; que el amor de Dios manifestado en Cristo, alcanzará el glorioso triunfo espiritual de los hombres.

Del Corazón traspasado de Cristo brotó la Iglesia, a través del Espíritu Santo que nos dio y que hemos recibido cada uno como don. Este mismo Espíritu hace fructificar en cada cristiano la caridad, la alegría, la paz, la paciencia, la unión, la afabilidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y la templanza. Por tanto si vivimos en el Corazón de Cristo por el Espíritu, no oigamos las voces de quienes siembran discordia, violencia y odio entre nosotros. Sólo si miramos y contemplamos el Corazón de Cristo, conseguiremos que el nuestro se libre del odio y de la indiferencia, solamente así sabremos reaccionar de modo cristiano ante los sufrimientos ajenos, ante el dolor.

Un hombre y una sociedad que no reaccionan frente a las injusticias y frente al dolor de sus semejantes no están a la medida del Corazón de Jesús. Cada cristiano, conservando la más amplia libertad a la hora de estudiar y llevar a la práctica las diversas soluciones prácticas, dentro de un legítimo pluralismo, ha de coincidir, sin embargo, en el idéntico afán de servir a la humanidad, de otro modo su cristianismo no sería sino un disfraz, un engaño y un fraude de cara a Dios y de cara a los hombres.

En la escuela del Corazón de Jesús aprendemos a vivir el amor, no como una caridad oficial, fría, sin alma, sino pasando nuestro corazón con sus afectos, sentimientos y emociones por el Corazón del Redentor, donde somos liberados de sus perversiones. Ahí en efecto, conocemos la verdad del amor esponsal, destinado al don sincero de nosotros mismos. Esta donación libremente escogida por una persona de sexo contrario funda el matrimonio en orden a la fecundidad, ala donación de la vida que constituye la familia como verdadera comunidad de vida y amor.

Al celebrar este misterio de amor, en el corazón de Jesús, queremos pedir por las familias mexicanas para que sean preservadas de los ataques a que están siendo brutalmente expuestas por la perversión de los corazones; pues alejados de la razón humana y del conocimiento del amor de Dios, tampoco se comprende el sentido verdadero del amor humano y se es presa fácil de ciertas propuestas que esclavizan el corazón del hombre al egoísmo, a la búsqueda de placer sensible inmediato que convierten a la utilidad en criterio de verdad, impidiendo comprender el proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia hasta el extremos de pretender llamar matrimonio y reconocer civilmente otras formas de convivencia como es la relación entre personas del mismo sexo. Todo aquel que ha conocido el proyecto de Dios sobre el matrimonio, la vida humana y el amor no puede aceptar las caricaturas que la pseudo cultura nos ofrece sobre estas realidades humanas.

Solo el amor de Dios descubre al hombre su propio valor, sin esta experiencia fundamental, la propia vida y la de los demás carece de valor y significado llegándose a proponer su instrumentalización, su manipulación y destrucción, en las diversas formas de aborto, violencia física, de manipulación genética y de fabricación en el laboratorio, incluso pretendiendo suprimirla cuando se encuentra en situación de limitación física. No podemos aprobar ningún proyecto que vaya contra la dignidad y los derechos de la persona humana.

Que Santa María, Reina de la paz, nos conceda profundizar en el Amor, introduciéndonos en el Corazón abierto de Cristo, nuestro Redentor, para llevar este Amor a nuestros hermanos, a las estructura y a las instituciones de nuestra sociedad, sirviendo de modo especial a la familia, al desarrollo integral de los más pobres y tutelando la vida de cada ser humano.









Prisionero de guerra durante 13 años, hoy nos brinda un testimonio de gozo y amor. Conozca la biografía de nuestro fundador.

 


Conoce una pequeña reseña de la breve trayectoria que hemos recorrido.

 


Su testimonio de la prisión, su libro escrito en la misma y mucho más...
Conozca los libros escritos por C. Van Thuan.




 
Powered by eZ publish
 ©Mater Unitatis APF 2002 - 2004 D.R. Derechos Reservados, México.
Cualquier problema favor de reportarlo a webmaster@materunitatis.org
Fotografía de las nubes "beam" © www.freestockphotos.com