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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2006
Febrero
Articulos
La historia ha quedado partida en dos
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Cuando Jesús vino al mundo nadie lo estaba esperando, a pesar de que su nacimiento habÃa sido anunciado durante siglos por los profetas (Cf. Is. 7,14; 9,5-6; 61,1-2; Miq. 11,12-13; 12,10). Después de su muerte, los primeros cristianos no se preo¬cuparon en averiguar la fecha de su cumpleaños, sino en salir a predicar el Reino que Él acababa de fundar. A esta tarea se dedicó de lleno la Iglesia durante siglos, sin interesarse por los detalles históricos de su vida.
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Mientras tanto, ¿qué calendario empleaban los miles y mi¬les de cristianos que a lo largo de esos años habÃan abrazado la fe? Inmersos como estaban dentro del Imperio Romano y siendo éste quien imponÃa las estructuras y las normas de vida corrientes, seguÃan el cómputo empleado por Roma en toda el área de influencia de su gobierno. El sistema consistÃa en contar el tiempo a partir de la fun¬dación de la ciudad de Roma. Ese año era considerado el 1º y de ahà en adelante se sumaban los siguientes. Como difÃcil¬mente se recordaban en el Imperio acontecimientos anterio¬res a aquella lejana fundación, no habÃa mayores dificultades. Para hacer alusión a este calendario, se colocaban las iniciales U.C., que significaban "Urbis Conditae" (de la fundación de la Ciudad).
La idea de un nuevo calendario se impuso con más fuerza cuando 450 años después de Cristo el Imperio Romano se desmoronó ante los embates de los pueblos bárbaros. Ya no quedaba nada que ligara a los cristianos con él, ni razón al¬guna para seguir considerándolo como el centro histórico de sus vidas. HabÃa que crear un nuevo calendario, que tuviera como eje a la persona de Jesucristo. Entonces cayeron en la cuenta de que nadie sabÃa el dÃa, ni el mes, ni siquiera el año de su nacimiento, debido a que los autores de los evangelios habÃan omitido el detalle. Estos escritos más bien contaban episodios aislados de la vida del Salvador sobre la base de una catequesis oral previa, pero no habÃa en ellos la pretensión de una exacta cronologÃa de su vida.
Aparece en escena Dionisio el Exiguo. Además de monje, fue uno de los hombres más eruditos de su época, brillante teólogo y conocedor de la historia de la Iglesia y de las cronologÃas. Por aquel tiempo habÃa compuesto una célebre colección de decretos de los Papas y de decisio¬nes de los Concilios con valiosos comentarios propios.
Hacia el año 526, siendo Papa San Félix III, tratando de investigar el año en que nació Jesucristo, el monje tuvo un error de cálculo al creer que dicho nacimiento habÃa tenido lugar en el año 754 de la fundación de Roma; pero según los estudios posteriores, llegaron a la conclusión de que habÃa si¬do el 747 o 748 de Roma, es decir en el año 6 o 7 antes de Cristo según el cálculo de Dionisio. Confrontando largas tablas de fechas y cronologÃas, Dioni¬sio dedujo que el año 15 de Tiberio, en que Jesús salió a pre¬dicar, correspondÃa al 783 U.C. Ahora bien, restando los 30 años de vida de Jesús, obtuvo que hubiera nacido en el 753 U.C. Para ubicar a Jesucristo en el comienzo de una nueva era, el 754 U.C. tenÃa que pasar a ser el año 1, el 755 U.C. el año 2, y asà sucesivamente.
Después de cada número Dionisio añadió las siglas "d.C.", es decir "después de Cristo". A los años anteriores al naci¬miento de Cristo, en cambio les etiquetó "a.C.", es decir, "an¬tes de Cristo". En este nuevo calendario, la fundación de Roma ya no fi¬guraba más en el año 1, sino en el 753 a.C. y Dionisio, que se encontraba viviendo por entonces en el año 1275 del calenda¬rio romano (U.C.), se dio cuenta de que vivÃa en el 526 de la nueva era cristiana.
La idea del nuevo Calendario tuvo un éxito extraordinario e inmediatamente comenzó a ser aplicado en Roma. Poco después llegó a las Galias (la actual Francia) y a Inglaterra. Tardó un poco en ser aceptada en España (en Cataluña, a partir de 1180; en Aragón, desde 1350; en 1358 se admite en Valencia; en Castilla desde 1383, y a Portugal llega en 1422). Poco a poco, y no sin vencer grandes dificultades, se gene¬ralizó en todas partes a finales de la Edad Media. La gloria de Dionisio destelló en cada rincón del mundo antiguo y cuando falleció, catorce años más tarde, se podrÃa anotar con orgullo en su diario que murió en el 540 de la era inventada por él.
Sin embargo, por los historiadores modernos sabemos que aquella alegrÃa esparcida se ve ahora empañada: Dionisio se habÃa equivocado. En efecto, el Evangelio de Mateo aporta el dato, no considerado por Dionisio, de que Jesús vino al mun¬do "en tiempos del rey Herodes" (Mt. 2,1). Y por el escritor roma¬no Flavio Josefo, contemporáneo de Cristo, sabemos que este rey murió en el año 4 a.C., pocos dÃas después de un eclipse de luna ocurrido el 12 de marzo, que habÃa iluminado con su luz siniestra la horrible enfermedad infecciosa del monarca. Por lo tanto, Jesús debió haber nacido por lo menos 4 años antes de lo fijado por Dionisio.
Pero ¿cuánto antes de la muerte de Herodes habÃa naci¬do? Si el acontecimiento de los magos de Oriente, relatado en Mateo 2, es sustancialmente histórico, podemos deducir que cuando éstos llegaron encontraron a Herodes sano y todavÃa en Jerusalén. Los recibió, realizó sus investigaciones y gozaba de buena salud pues les prometió ir a Belén después de que ellos volvieran y trajeran noticias del Niño. En cambio se sabe que el viejo monarca cuando sintió que su salud se agravaba, atormentado por la enfermedad, se hizo trasladar a Jericó, y luego a las termas de Calliroe para apli¬carse unos baños curativos. En vista de que no mejoraba, se volvió a Jericó en donde murió poco después. Este viaje ocu¬rrió en noviembre del año. 5, a comienzos del invierno. Hay que hacer, pues, una segunda adición de medio año más y re¬montarnos a mediados del 5 a.C. para el nacimiento del Me¬sÃas.
¿Cuantos años tenÃa Jesús cuando ocurrió la masacre de niños inocentes ordenado por Herodes, ante el temor de que alguno de los recién nacidos le quitara el trono? Esta es la tercera adición que debemos hacer. Después de calcular la fecha del nacimiento de Jesús. Herodes ordenó matar a todos los niños "de dos años para abajo" (Mt 2.16). Aunque el rey haya alargado el tiempo a fin de que no se le escapara la presa, se puede razonablemente pensar que en ese entonces Jesús ya tenÃa entre un año y año y medio. Muchos autores antiguos incluso le dan los dos años. Algu¬nos evangelios apócrifos también cuentan que tenÃa esa edad al momento de la muerte de los inocentes, y no faltan pinturas en las catacumbas que lo representaban ya crecido. El mismo evangelio de Mateo dice que al momento de llegar, los magos hallaron al niño "en la casa" (2, 11) y no en la gruta del naci¬miento, como solemos representarlo.
Pero ¿cuánto tiempo pasó entre la venida de los Magos y la enfermedad de Herodes? Sólo este dato nos falta. Pero no parece que haya sido mucho tiempo, ya que si retrocedemos unos años más, nos alejarÃamos bastante de la edad que le asigna el evangelista Lucas cuando dice que al comenzar Jesús "tenÃa 30 años". Por lo tanto, la fecha probable de su nacimiento es el año 7 a.C., y al comenzar su vida pública tenÃa unos 34 años. Algunos estudiosos quieren llegar por otro camino para fi¬jar la fecha del nacimiento de Jesús, es decir, mediante el cen¬so mencionado por Lucas, que realizó Quirino y que motivó el viaje de José y MarÃa a Belén (2, 1). Pero esa vÃa está ya des¬cartada, debido al carácter fragmentario de las informaciones históricas acerca de Quirino, y especialmente por el hecho de que ninguna fuente histórica menciona censo alguno realizado en tiempos del rey Herodes.
En conclusión, por los datos de los evangelios y de las de¬más fuentes históricas, debemos afirmar que Cristo nació, probablemente ¡en el año 7 antes de Cristo! (Es decir, antes del año civil actual).
Esto ha despertado en muchos la idea de reformar nuestro actual calendario y ajustarlo con mayor precisión al nacimiento del salvador. Para ello proponen agregar los 7 años que olvidó Dionisio en los cálculos de sus papeles. De esta manera, en vez de hallamos en el año 2006 estarÃamos actualmente en el 2013 d. C. Es im¬practicable. En efecto, a todos los acontecimientos históricos los tenemos ya fechados con esos 7 años de desfase. Cambiar¬los uno por uno serÃa, además de un trabajo colosal, un verda¬dero quebradero de cabeza. ¿Cómo volver a proponerle a los estudiosos de historia que Julio César no murió en el 44 sino en el 37 a.C., y que la Primera Guerra Mundial no comenzó en 1914 sino en 1921? ¿Cómo hacer cambiar a millones de estudiantes, que tienen mentalmente fijadas tantas fechas, que Cristóbal Colón no arribó a América en 1492 sino en 1499, y que la Inde¬pendencia Mexicana no fue en 1821 sino en 1828?
Pero sobre todo es una iniciativa sin sentido, porque asà como está el calendario, con la diferencia de 7 años, igual¬mente cumple la intención de Dionisio: recordar perpetuamente que con la venida de Cristo al mundo la historia ha quedado partida en dos; que no es lo mismo el mundo antes de Él que después de Él; que Cristo es el eje del tiempo en torno al cual gira todo acontecimiento humano. Con semejan¬te proyecto pedagógico, los años discordantes no afectan en absoluto su objetivo histórico. Concluyendo, Cristo es el centro de nuestra historia. De¬bemos, en consecuencia, vivir de tal manera que también en nuestro obrar cotidiano sea Él el centro de nuestra vida. Este es el objetivo primordial que para este año que comienza hemos de tener.
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