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En el camino de la esperanza
2005
Diciembre
Artículos

Navidad 2005 |
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Leí en una publicación reciente un artículo en primera plana donde a la Navidad se le define como una celebración pagana y una excusa para hacer fiestas, dar y recibir regalos, o dar rienda suelta al desenfreno y las pasiones desordenadas. El autor propone luego que el creyente no debería celebrar la Navidad. Artículos como éste son representativos de la posición que ciertos sectores cristianos y algunos grupos sectarios.
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Los argumentos más manejados para sostener que la Navidad no se debe celebrar son los siguientes:
1) No se sabe realmente la fecha en que nació Cristo.
2) La fecha es usada para hacer fiestas donde Cristo ni siquiera es recordado, y en muchos casos reina la inmoralidad y el desenfreno de las pasiones.
3) El 25 de diciembre era la fecha en que los romanos celebraban “Saturnalia” (celebración al dios Sol), junto con las festividades de Mitra, deidad que los romanos importaron de la tradición persa, por lo tanto es una celebración pagana.
Ante estas afirmaciones corresponde que analicemos con claridad lo que se nos dice. El cristiano debe de “examinarlo todo y retener lo bueno” (1Tes. 5,21). Además, las leyes de la lógica nos deben indicar dónde hay errores de razonamiento. Examinemos los argumentos para ver si son válidos.
¿Nació Jesucristo un 25 de diciembre? Lo más probable es que no, ya que durante el tiempo en el que Jesús nació, Lucas señala la presencia de pastores guardando los rebaños al descubierto (Lc. 2,8). Esto es indicio de que el nacimiento del Señor ocurrió probablemente en tiempo de clima templado. En el mes de diciembre es invierno en Palestina y la inclemencia del tiempo obliga a los pastores y sus rebaños a buscar abrigo.
El que no conozcamos el día exacto en que Jesús nació, ¿será razón suficiente para no celebrar la Navidad? ¡Claro que no! Los cristianos no celebramos el día por el día, sino por el hecho de que Cristo nació y vino a la tierra para traer Salvación a una humanidad perdida (1Jn. 1,14). Ante la magnitud de este hecho, la fecha exacta pasa a ser insignificante. Nosotros tenemos la impresión de que si en realidad se supiera con exactitud o aún con aproximación la fecha del nacimiento de Jesús, los que sostienen que la Navidad no se debe celebrar porque Jesús no nació un 25 de diciembre, se opondrían a la celebración de todas maneras. Para ellos el punto no es la fecha, sino el no celebrarla.
Los que se oponen a que los cristianos celebremos la Navidad hacen mucho hincapié en que la fecha se ha comercializado, en la hipocresía de la gente durante la época, en los regalos, en fin, en la frivolidad de la gente. También se menciona el consumo de licor, los bailes, y la inmoralidad aparejada con esas cosas. Es cierto que durante las Navidades las tiendas reportan ventas récords de alcohol, el uso de drogas aumenta desmesuradamente y la gente parece solamente estar concentrada en la diversión. Pero esto no sucede solo con las navidades, sino con todas las festividades. Por eso el tomar esto como argumento en contra de esta celebración, insinúa que la conducta inapropiada de la celebración anula la validez de la Navidad. Concluir esto es cometer la falacia conocida como culpabilidad por asociación. Simplemente porque malas cosas ocurren en un día en particular, no significa que el día en sí sea malo. La Navidad no tiene connotaciones pecaminosas, es la gente la que se conduce pecaminosamente. Sin embargo, esto no invalida la legitimidad de la celebración, al igual que al recordar fiestas patrias (con sus inevitables excesos de alcohol) no dejamos de celebrarla por la conducta de algunos, sino por lo que representan. Y si esto es válido para las fiestas civiles, no hay razón para que no lo sea con las religiosas… Este tipo de razonamiento erróneo nos llevaría a la absurdidad de no festejar nuestros cumpleaños porque algunos se emborrachan en esas fiestas, ni tampoco usaríamos la Biblia, debido a que las sectas la usan inapropiadamente para sus propios fines.
Es cierto que el 25 de diciembre los romanos rendían culto a falsos dioses. Es cierto también que la Iglesia estableció el 25 de diciembre para celebrar el nacimiento de Jesús. La estrategia detrás de la elección de esta fecha no fue el combinar lo pagano con lo cristiano, sino enfatizar la victoria que el nacimiento del Señor significó sobre las tradiciones paganas. La Iglesia, al contrario de lo que muchos enseñan, no estaba promoviendo un festival pagano, sino que en un esfuerzo evangelizador sin precedentes, estableció y afirmó una celebración rival con el paganismo. Podemos decir que lo hizo con éxito, ya que hoy, 1500 años más tarde, nadie recuerda a los dioses romanos (con excepción de aquellos que se oponen a celebrar la Navidad). El 25 de diciembre está sólidamente identificado en todo el mundo con el nacimiento de Jesús. En realidad, el calendario romano estaba plagado de celebraciones paganas; cualquier otra fecha que la Iglesia hubiera escogido, probablemente hubiera coincidido con algún festival pagano.
Celebrar el nacimiento de Cristo, aún cuando no sabemos a ciencia cierta cuándo ocurrió en realidad, no es malo en lo absoluto. Ese es el día escogido para recordar su nacimiento. Eso es lo importante. En realidad, las razones para celebrar la Navidad abundan. Curiosamente, los que escriben en contra de celebrar la Navidad siempre omiten pasajes como Lucas 2:8-14, donde un ángel del Señor se presenta frente a los pastores y les anuncia que trae nuevas de gran gozo para todo el pueblo. Estas nuevas eran que había nacido en la ciudad de David, un Salvador, que era Cristo el Señor. El mismo pasaje describe una multitud de ángeles que apareció alabando a Dios, en clara actitud de celebración. Si alguien le critica por celebrar la Navidad, señálele con amor que la Biblia dice que nadie debe juzgarnos por días de fiesta (Col. 2,16; Rom. 14,5). No hay un solo argumento sólido que impida al cristiano rendir homenaje en espíritu y en verdad, ni de celebrar el hecho de que en el plan eterno de salvación, Dios mismo hizo su entrada personal y física en la arena de la historia (Jn. 1,14; 1Tim. 3,16) para “justificarnos gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Rom. 3:24).
Pero lo principal es el testimonio que en nuestra vida debemos dar sobre el nacimiento de Cristo Jesús: un nacimiento real en nuestro corazón, en nuestras actitudes, en nuestra vida. Si, como dice el Apóstol, “el que es de Cristo es una criatura nueva”, al nacer el mismo Salvador en nuestro corazón hemos de revestirnos de Jesucristo y practicar el único mandamiento que Él nos dejó: “Ámense los unos a los otros… en esto conocerán que son mis discípulos”.
FELIZ NAVIDAD
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