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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2005
Agosto
ArtÃculos

Agosto 2005, Caminos de Unidad |
El Ecumenismo y sus Principios Pastorales
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Siguiendo la espiritualidad del Cardenal Van Thuân, Mater Unitatis es impulsora del Ecumenismo. El amor que hemos de tener a la búsqueda de la unidad es el cumplimiento de la oración que por nosotros elevó Cristo al Padre: “Que sean uno (…) para que el mundo crea” (Jn. 7, 21 ss).
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El ecumenismo afecta a todos. El problema es que siempre hay recelos entre los que creemos en Cristo, por lo que tenemos que enumerar varias actitudes ecuménicas:
En primer lugar, eliminar palabras, juicios y obras que no corresponden con verdad y equidad a la situación de los hermanos separados, y que por ello hacen más difÃciles las relaciones mutuas con ellos.
En segundo lugar, el diálogo establecido a nivel de especialistas, que lleva al mutuo conocimiento, a una más amplia colaboración y, en la medida posible, a la oración común.
El llamado “apostolado de las conversiones” designa la obra de preparación y reconciliación personal de quienes desean la plena comunión católica. Aunque diferente de la empresa ecuménica, no encierra oposición alguna (ambas proceden del admirable designio de Dios), por lo que no se deben despreciar ni evitar las conversiones individuales al catolicismo.
Es por esto por lo que tenemos que comprender los principios espirituales y pastorales del ecumenismo, según nos ilumina el Documento Unitatis Redintegratio
Principio de renovación institucional. El ecumenismo no se define sólo por una preocupación por los demás, sino, ante todo, por nosotros mismos: los fieles católicos deben examinar con sinceridad lo que hay que renovar y hacer en la misma Familia Católica para que su vida de un testimonio más fiel y patente de la doctrina e instituciones recibidas de Cristo a través de los Apóstoles .
Principio de santidad personal. Junto a esta renovación institucional se impone la renovación personal .
Principio de unidad y diversidad. La catolicidad significa asumir e integrar la legÃtima diversidad en la expresión de la fe; en los ritos, la piedad y espiritualidad; en las lenguas y formas de expresión; en las categorÃas de pensamiento y sistemas culturales; en el régimen canónico, en las formas de vida en la Iglesia.
Principio de admiración y edificación. Es necesario que los católicos reconozcan y aprecien con alegrÃa los bienes au¬tén¬ticamente cristianos, procedentes del patrimonio común, que se encuentran en poder de los hermanos separados (...): debemos admirar a Dios en sus obras
Principio de honor a la verdad completa. Es decir, la captación clara de la condición herida y deficiente de los valores eclesiales dispersos
Estos últimos dos principios «espirituales» se nutren de la doctrina dogmática católica acerca de la unidad de la Iglesia, que debe ser aceptada con fe (sin fidelidad a la propia confesión de fe no hay ecumenismo sincero), y expuesta con toda claridad.
La armónica doctrina contenida en los documentos del Vaticano II ha sido puesta en entredicho por ciertas presentaciones falsas del ecumenismo y de la doctrina católica acerca de la unidad de la Iglesia. La Declaración Mysterium Ecclesiae sale al paso de dos errores:
La concepción «federalista». Imaginarse la Iglesia de Cristo como si no fuera más que una suma de iglesias y comunidades eclesiales.
La concepción «escatológica». Afirmar que la Iglesia de Cristo hoy no existe ya verdaderamente en ninguna parte, de tal manera que se la debe considerar como una meta a la cual han de tender todas las iglesias y comunidades.
Por ello hemos de recordar siempre que «...única es la Iglesia fundada por Cristo Señor, aun cuando son muchas las comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la herencia de Jesucristo (...) como si Cristo mismo estuviera dividido. División que abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo para el mundo y obstáculo para la causa de la difusión del Evangelio por todo el mundo» .
El ecumenismo es fidelidad a Cristo porque las divisiones son contrarias a su voluntad. «Cristo, antes de ofrecerse a sà mismo en el ara de la cruz, como vÃctima inmaculada, oró al Padre por los creyentes, diciendo: “Que todos sean uno, como Tú, Padre, estás en mi y yo en ti, para que también ellos sean en nosotros, y el mundo crea que Tú me has enviado”...» .
Cristo mismo ora al Padre en la Última Cena pidiendo la unidad de todos sus discÃpulos, unidad que será signo ante el mundo de que su misión proviene del Padre. El esfuerzo ecuménico encamina hacia el cumplimiento de la plegaria de Jesús por la unidad de los cristianos.
Notas:
1. Unitatis Redintegratio, n. 4
2. Ib., n. 6
3. Ib., n. 7
4. Ib., n. 4
5. Ib. n. 11
6. Ib., n. 1
7. Ib., n. 2
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