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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2005
Agosto
Editorial

Agosto 2005, Caminos de Unidad |
Editorial - Caminos de Unidad
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La auténtica unidad se relaciona tanto con el “ser” que con el “hacer”. Son más comunes los gestos vinculatorios (modo de hacer) que aquellos que suponen una muerte a sà mismo, una conversión perseverante (modo de ser).
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Es como el amor efectivo y afectivo. El primero es fácil de satisfacer dando, siendo generoso, pero sin cambios interiores efectivos. El segundo, ordenado a satisfacer la necesidad de saberse y sentirse amado, requiere la donación de uno mismo.
Lo que no podemos dejar de ser: testigos de la esperanza que se orienta a la vida eterna, spei quae est in te (1 P3, 15), siempre con el impulso del Santo EspÃritu, seguros de que en este esfuerzo no caminamos solos, pues Jesús esta con nosotros. De esta manera actúa Dios en la historia, y se construye e instaura el Reino con “las dos manos con las que Dios creó el mundo” (san Ireneo): el Hijo y el EspÃritu Santo. Asà se entrelazan Pascua y Pentecostés (la primera es condición para exista la segunda; y la segunda es continuación de la primera), desterrando todo ánimo de reducirse a la disyuntiva cristológica – neumatológica -que tan frecuentemente divide a los fieles de carismas “diferentes”-.
Al respecto nos ilustra el P. Cantalamessa: “una imagen muy familiar para los orientales es la del aliento: del mismo modo que “palabra” y “soplo” están indisolublemente unidos, asà también para los padres de la tradición griega el EspÃritu Santo y Jesús están unidos por una idéntica relación vital. Simeón, el Nuevo Teólogo subraya que la boca de Dios es el EspÃritu Santo, y su Palabra y el Verbo es su Hijo, y también es Dios [...]. San AgustÃn ve al EspÃritu Santo como el don de amor del Padre: El Padre es el que ama, el Hijo es el amado, y el EspÃritu Santo es el amor que los une.”
Para comprender mejor estos encuentros y reencuentros entre los seres humanos: “... es indispensable trabajar con responsabilidad en la construcción del Reino de Dios, en fidelidad a la Palabra Sagrada que se nos ha confiado. Recordamos lo que nos dice el Apóstol: Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo como buen arquitecto, puse el cimiento, y otro construye encima. ¡Mire cada cual cómo construye! Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo (1Cor 3, 10.11). ¿Cómo vivimos la unidad? ¿Cómo la construimos, para responder más eficazmente a los desafÃos actuales? ¡La caridad de Cristo nos apremia! (2Cor 5, 14). Rostro de esta caridad es la solidaridad con las diócesis más cercanas, compartiendo los esfuerzos de la Misión, para que la luz del Evangelio alcance a quienes todavÃa no ha iluminado y el amor de Cristo fortalezca nuestra unión.” (CEM, 79ª Asamblea Plenaria, 12 Julio 2005, México).
Para logra la unidad, escribe nuestro fundador, el Cardenal Francisco X. Nguyên Van Thuân, es vital “la unión constante de acción y contemplación, el testimonio, y las palabras que han de trasmitir la experiencia del don recibido y la gracia de la conversión del corazón, que se irradia a través de gestos de caridad y de justicia comprensibles para todos”
Deseamos que en este nuevo número encuentres contenidos que se conviertan en fermentos de unidad. ¡Gracias querido hermano lector!
Unidos en la oración. ¡Dios te bendiga!
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