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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2005
Julio
Editorial

Julio 2005, El Consuelo de la Esperanza |
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El consuelo de la esperanza.
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Que difÃcil resulta no darse de lleno y desgastarse hasta el último aliento en la tarea de anunciar la Buena Nueva. Que difÃcil aceptar que no somos Dios... Que difÃcil dejar de hacer lo que sabemos serÃa de gran ayuda para tanta gente... Y con pena nos damos cuenta que ya no tenemos tiempo para hacer más, y que, por lo mismo, ya no nos queda para la oración!
Con frecuencia también escuchamos que: “...no hay vocaciones... la gente no se compromete... hay mucha persecución... no hay recursos... ¡y el mal avanza a pasos agigantados!”. Ya san Pablo comunicaba “...peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en despoblados, peligros por el mar” (2 Co 11,26)
No perdamos la paz, no perdamos la esperanza. “Siervos inútiles somos“, dijo el profeta.
“No nos sentimos comprendidos, a veces nos defraudan, nos traicionan. Sentimos la insuficiencia de nuestras fuerzas y la soledad ante misiones que son más grandes que nosotros. Son noches que asumen a veces una dimensión de época y colectiva, como en nuestro”[1] y entonces el hombre, como observó Juan Pablo II “a pesar de sus conquistas, roza [...] el abismo del abandono, la tentación, el nihilismo, el absurdo de tantos sufrimientos fÃsicos, morales y espirituales”[2] .
“Los cristianos son lo que aguardan, en esperanza, que venga el Señor. En la cruz el Señor es completamente pobre. A Jesús crucificado le pedirás sólo una cosa: el amor con sufrimiento y una esperanza que no desfallezca. Un hombre que espera es un hombre que ora.”[3]
“Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia nos hizo nacer a una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.” (1 P 1,3). Nuestra elección es para con Dios, antes que con sus obras. Aunque claro está que, una espiritualidad que no se encarna no es auténtica, y que el amor y servicio al próximo es prueba segura del amor a Dios. Y mucho menos olvidar que Dios no ha confiado la tarea de rescatar al mundo. Al respecto nos advierte cardenal Van Thuan, nuestro fundador: “existen cristianos aguardistas que se cruzan de brazos esperando a que se realice su esperanza. Hay también cristianos pasivos que rehuyen sus responsabilidades”
Es tiempo para vivir la esperanza, y “es esperando cada minuto como nuestra esperanza se hace vida [...] Que no te desanimen tus escasos recursos. Un cardenal decÃa: utilicemos los medios de los apóstoles: ellos predicaban y escribÃan cartas, y asà convirtieron al mundo. No tenÃan máquinas.” [4]
La historia “no está en manos de potencias oscuras sino en manos de Dios [...] Dios no es indiferente ante las vicisitudes humanas, sino que penetra en ellas realizando sus caminos, es decir, sus proyectos y sus obras eficaces [...] Esta intervención divina tiene un fin preciso: ser un signo que invita a todos los pueblos de la tierra a la conversión. Las naciones deben aprender a leer en la historia un mensaje de Dios”, Benedicto XVI.
Notas:
1. Card. Fco. Xavier Nguyen Van Thuan, “Testigos de Esperanza”, página 103.
2. Insegnamenti di Giovanni Paolo II, v/3, 1982, pp. 1141-1142
3. Card. Fco. Xavier Nguyen Van Thuan, “Mil y un pasos en el camino de la esperanza”, num. 952 y 956.
4. Card. Fco. Xavier Nguyen Van Thuan, “Mil y un pasos en el camino de la esperanza”, num. 978 y 977.
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