|
Conoce las actividades que llevamos acabo el año
pasado en nuestro INFORME DE ACTIVIDADES.
CONOCELO
AQUI
|
|
SUBCRIBETE
a nuestra lista de correo y recibe periodicamente los pensamientos del C.
Van Thuan, además se el primero en enterarte de los eventos y noticias
de Mater Unitatis.
|
|

|
 |
Nivel superior
En el camino de la esperanza
2005
Julio
Actualidad

Julio 2005, El Consuelo de la Esperanza |
El predicador del Papa comenta que la jerarquÃa eclesial es servicio y no dominio
|
|
En el Evangelio de este domingo Jesús «llama» a sà a los doce y les constituye «apóstoles». Por lo tanto les «manda» hacer lo que hacÃa él: predicar el reino, cuidar a los enfermos, librar a la gente del miedo y de los poderes demonÃacos. Les dice: «Gratis lo recibisteis. Dadlo gratis».
|
Fuente: «Famiglia Cristiana», texto del P. Raniero Cantalamessa --predicador de la Casa Pontificia-- a las lecturas (Ex 19,2-6a; Sal 99,2-5; Rm 5,6-11; Mt 9,36-10,8).
Eligió a los doce y los envió
En el Evangelio de este domingo Jesús «llama» a sà a los doce y les constituye «apóstoles». Por lo tanto les «manda» hacer lo que hacÃa él: predicar el reino, cuidar a los enfermos, librar a la gente del miedo y de los poderes demonÃacos. Les dice: «Gratis lo recibisteis. Dadlo gratis».
Aquel dÃa Jesús decidió e inauguró la futura estructura de su Iglesia. Ella tendrÃa una jerarquÃa, un gobierno, o sea, de los hombres por él «llamados» y «enviados» para continuar su obra. Es por esto que la Iglesia es definida «una, santa, católica y apostólica»: porque está fundada en los apóstoles.
Pero todo este asunto de mies y obreros, de rebaño y pastores, de gobernantes y gobernados hoy no goza de buena prensa. Vivimos en un clima de democracia y de igualdad entre los hombres. Si alguien debe ejercer una autoridad deben hacerlo, pensamos, en nuestro nombre, en cuanto que nosotros mismos, con las elecciones, le hayamos conferido el mandato. De aquà un difundido rechazo, o desestimación, ante la jerarquÃa de la Iglesia: Papa, obispos, sacerdotes.
Se encuentran continuamente personas, especialmente jóvenes de bachillerato y universitarios, que se han construido un cristianismo del todo ellos. Tienen, a veces, un marcado sentido religioso, sentimientos bellÃsimos. Dicen que, si quieren, se dirigen directamente a Dios, pero que no se les hable de la Iglesia, de los sacerdotes, de ir a Misa, y cosas asÃ. «Cristo sÃ, la Iglesia no», es su lema.
No hay duda de que también la Iglesia pueda y deba ser más democrática, esto es, que los laicos deban tener más voz en la elección de los pastores y en el modo en que ejercen su función. Pero no podemos reducir, en todo, la Iglesia a una sociedad regida democráticamente. Ella no es decidida desde abajo, no es algo que los hombres ponen en pié por iniciativa propia, para su bien. ¡Si sólo fuera eso, ya no habrÃa necesidad de la Iglesia, bastarÃa el Estado o una sociedad filantrópica! La Iglesia es institución de Cristo. Su autoridad no viene del consenso de los hombres; es don de lo alto. Por ello, incluso en la forma más democrática que podamos desear para la Iglesia, permanecerá siempre la autoridad y el servicio apostólico, que no es, o no deberÃa ser jamás, superioridad, dominio, sino servicio «gratuito», dar la vida por el rebaño, como dice Jesús hablando del buen pastor.
Lo que tiene lejos a ciertas personas de la Iglesia institucional son, en la mayorÃa de las ocasiones, los defectos, las incoherencias, los errores de los lÃderes: inquisición, procesos, mal uso del poder y del dinero, escándalos. Todas cosas, lamentablemente, ciertas, si bien frecuentemente exageradas y contempladas fuera de todo contexto histórico. Los sacerdotes somos los primeros en darnos cuenta de nuestra miseria e incoherencia y en sufrirla.
Los ministros de la Iglesia son «elegidos entre los hombres» y están sujetos a las tentaciones y a las debilidades de todos. Jesús no intentó fundar una sociedad de perfectos. ¡El Hijo de Dios –decÃa el escritor escocés Bruce Marshall-- vino a este mundo y, como buen carpintero que se habÃa hecho en la escuela de José, recogió los pedacitos de tablas más descoyuntados y nudosos que encontró y con ellos construyó una barca –la Iglesia-- que, a pesar de todo, resiste el mar desde hace dos mil años!
Hay una ventaja en los sacerdotes «revestidos de debilidad»: están más preparados para compadecer a los demás, para no sorprenderse de ningún pecado ni miseria, para ser, en resumen, misericordiosos, que es tal vez la cualidad más bella en un sacerdote. A lo mejor precisamente por esto Jesús puso al frente de los apóstoles a Simón Pedro, quien le habÃa negado tres veces: para que aprendiera a perdonar «setenta veces siete».
|
|
 |


|