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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2005
Mayo
Articulos

Mayo 2005, ¡Habemus Papam! |
Los Dones y los Frutos del EspÃritu Santo
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Un don es algo inmerecido que se nos da. En justicia, somos indignos de los dones, como lo somos de todo aquello que recibimos sin mérito propio.
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Pero la gracia de Dios, esa gracia que sobrepasa todo juicio y que, mueve nuestros corazones para que amemos a Dios por la actuación del EspÃritu Santo, es generosa y abundante, y nos da aun aquello que no merecemos, con tal de que nuestro amor se acreciente y le busquemos en y sobre todas las cosas.
Los siete dones del EspÃritu Santo pertenecen en plenitud a Cristo. Lo que hacen es completar y llevar a su perfección las virtudes de quienes los reciben, nos hacen dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas. Se basan, como todos los dones que por gracia recibimos, en las tres virtudes sobrenaturales; fe, esperanza y amor. Podemos perder esas virtudes (por medio del pecado matamos la gracia sobrenatural en nosotros, al amor; la esperanza sólo se pierde por dudar de la bondad de Dios y de su salvación, o cuando se pierde la fe), lo mismo que estos Dones. Brevemente expuestos, serÃan:
• Don de sabidurÃa: Nos hace comprender la maravilla insondable de Dios y nos impulsa a buscarle sobre todas las cosas y en medio de nuestro trabajo y de nuestras obligaciones.
• Don de inteligencia: Nos descubre con mayor claridad las riquezas de la fe.
• Don de consejo: Nos señala los caminos de la santidad, el querer de Dios en nuestra vida diaria, nos anima a seguir la solución que más concuerda con la gloria de Dios y el bien de los demás.
• Don de fortaleza: Nos alienta continuamente y nos ayuda a superar las dificultades que sin duda siempre encontramos en nuestro caminar hacia Dios.
• Don de ciencia: Nos lleva a juzgar con rectitud las cosas creadas y a mantener nuestro corazón en Dios y en lo creado en la medida en que nos lleve a Él.
• Don de piedad: Nos mueve a tratar a Dios con la confianza con la que un hijo trata a su Padre, nada que ver con las pÃas representaciones de ojos bajos y manos juntitas.
• Don de temor de Dios: Nos induce a huir de las ocasiones de pecar, a no ceder a la tentación, a evitar todo mal que pueda entristecer al EspÃritu Santo, nos lleva a temer radicalmente separarnos de Aquel a quien amamos y constituye nuestra razón de ser y de vivir.
Los Frutos del EspÃritu son perfecciones que forma en nosotros el EspÃritu Santo como anticipos de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia, siguiendo la doctrina paulina, enumera doce: Caridad, Benignidad, Gozo, Mansedumbre, Paz, Fidelidad, Paciencia, Modestia, Longanimidad, Continencia, Bondad, Castidad. Estos frutos son considerados también, dentro de la teologÃa moral, como virtudes derivadas, secundarias, pero no por ello menos importantes, ya que suelen ser el cimiento fuerte de las virtudes cardinales (Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza). De lo que se trata es de que afinan los sentidos espirituales del alma para buscar siempre el detalle de agradar más a Dios nuestro Señor en todo nuestro ser y obrar. Por eso, aun cuando parezcan pequeñas cosas, recordemos el Evangelio, que nos manda ser fieles en lo poco, en lo pequeño, para poder después ser fieles en lo mucho, en lo grande.
Desde luego, estos frutos hay que recibirlos desde la fe, y no desde la mera psicologÃa, al igual que los Dones. Muchas personas piensan que son simplemente manifestaciones del carácter que lucha naturalmente por moldear el temperamento, En cierto modo, esa es la base; pero siempre hemos de tener en cuenta que la gracia y su obrar nunca anulan la naturaleza humana, sino que la elevan y enaltecen hasta llegar a Dios. Los frutos del EspÃritu Santo son, por asà decirlo, como los signos ortográficos en un texto: le dan precisión, sentido, forma, detalle, buen gusto… al alma que los quiere recibir y que pone a Dios por encima de todas las cosas.
Por eso, Veni, Sancte Spiritus, reple tuorum corda fidelium!, Ven, EspÃritu Santo, llena los corazones de tus fieles.
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