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Nivel superior En el camino de la esperanza 2005 Mayo Actualidad


Mayo 2005, ¡Habemus Papam!
 

Benedicto XVI, un Papa del Evangelio y no de la Moda

Algunos medios han olvidado su papel, son “medios”, más no jueces. Estos acusan, condenan y difaman al nuevo Papa bávaro de inquisidor, intolerante y medieval, omitiendo un ineludible componente sobrenatural: el Cardenal Joseph Ratzinger es ahora el Vicario (representante) de Cristo en la tierra.



Aquellos que le acusan de “inquisidor” se están convirtiendo en eso mismo que condenan, en una moderna inquisición mediática que se compromete con la causa de moda (con tal de mantener su rating) y se sumen en el océano del subjetivismo.

Contrario a dichas opiniones se manifiesta la realidad en la propia voz del nuevo Papa Benedicto XVI. Según ha dicho él mismo, dará continuidad a S.S. Juan Pablo II el Grande, y lo expresa: “Prometo esfuerzos y dedicación para proseguir el prometedor diálogo con las varias civilizaciones [...] estoy plenamente determinado a cultivar cualquier iniciativa que pueda parecer oportuna para promover los contactos y la unión con los representantes de varias iglesias y comunidades eclesiásticas” para ello no basan “las manifestaciones de buenos sentimientos” sino “los gestos concretos” que requieren no sólo un diálogo teológico [...] El actual sucesor de Pedro está dispuesto a hacer todo lo posible para promover la causa fundamental del ecumenismo”. Usted juzgue. Usted hable. O usted calle.

No faltan los apóstatas que vaticinan mayores deserciones en la Iglesia por el nombramiento de un Papa intransigente. Ellos olvidan que una fe madura es aquella que sigue a Cristo, no a los hombres. Sepan, queridos hermanos, que los verdaderos cristianos han sido siempre una minoría, y que este cuerpo místico (espiritual) esta desprovisto de la necesidad de competir en encuestas de popularidad. “¿Qué templo puedes construirme si el cielo es mi trono y la tierra estrado de mis pies?” (2Sam. 7, 5).

Algunos fieles de la Iglesia Católica ha tenido desaciertos en sus actos a lo largo de la historia, y S.S. Juan Pablo II ha solicitado perdón por ello, y aún así el número de fieles sigue creciendo, hoy 1,100 millones de bautizados, hecho objetivo histórico y contundente.

Algunos hermanos no menos queridos han sucumbido a una cándido y exacerbado sociologismo. Exigen encarnar el espíritu de Concilio Vaticano II. Estamos de acuerdo, aunque habría que aclarar el cómo. En muchos de estos casos el secularismo les amaga, y la pérdida de lo sobrenatural les limita a una visión muy horizontal de la Iglesia. “El movimiento centrífugo (hacía los pobres, el compromiso político, el tercer mundo, etc.), que ha caracterizado a tantas comunidades cristianas después del Concilio, necesita ser reequilibrado por un movimiento centrípeto que evoque el corazón de la comunidad, es decir su centro, donde se encuentra la eucaristía” (P. Raniero Cantalamessa). “De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma” (Mt. 16, 26).

Este servidor suyo conoce las realidades Latinoamericanas, viví en el Perú, y he servido a diversas etnias indígenas en México. Hoy vivo en Chiapas, felizmente casado, somos un matrimonio misionero, tengo la gracia de servir a los pobres a través de una evangelización integral (profética, litúrgica y social) sólidamente cimentada en la doctrina social de la Iglesia, de ser aceptado y amado por estos consentidos del Señor. Tú que los conoces ya sabes que ellos son así de tolerantes y generosos. No hay que negarles el pan para la vida, pero es imprescindible el Pan de Vida.

Algunos, aún más queridos, han empeñado sus conciencias al relativismo. El Papa Ratzinger comenta al respecto: “Quien nos es relativista parecería que es alguien intolerante. Pensar que se puede comprender la verdad esencial es visto ya como algo intolerante. Pero en realidad esta exclusión de la verdad es un tipo de intolerancia muy grave y reduce las cosas esenciales de la vida humana al subjetivismo. De este modo, en las cosas esenciales ya no tendremos una visión común. Cada uno podría y debería decidir como puede. Perdemos así los fundamentos éticos de nuestra vida común [...] A la luz de Cristo, podemos instaurar un diálogo fecundo con un punto de referencia en el que podemos ver cómo todos estos fragmentos de verdad [existentes en otras religiones] contribuyen a una profundización de nuestra propia fe y a una auténtica comunión espiritual de la humanidad.”

Para los amantes del eufemismo, que llaman “muerte digna” al suicidio, vale la pena recordar que ya está claro que no se puede privar de la dignidad a la persona enferma (Cfr. Evangelium Vitae, n. 64-65). A ellos también, nuestro cariño fraterno. Pero en verdad creo que para ser “progresista” no debe uno escudarse en el “derecho” de matar. Hermano y hermana mía, todos los humanos, y por ello los católicos, tienen libertad de decidir (no necesitas ordenarte y subyugarte a ningún organismo diletante, sentimentalista, y tautológico para ello). Pero nadie tiene el derecho de impedir la vida a otros, ya que ese otro tiene un cuerpo –y vida- independiente, no es ni el cuerpo ni la vida de la madre, ellos también tienen el derecho de decidir, pero para ello antes deben nacer. Si clamas libertad, ¿por qué entonces quitas la libertad –de vivir-? Tú puedes expresarse libremente hoy porque tus padres te dieron el “derecho de nacer”, no lo arrebates a otro.

Es curioso –indignante-, hoy en día es bien visto que alguien se exprese sobre el “derecho” al aborto (a favor de matar bebes que llaman “productos”), pero la descalificación llega inequívoca, inmediata y lapidante cuando alguien se expresa a favor de la vida de ese ser indefenso, a este último lo llaman: fanático, retrograda, oscurantista (¿sabrán lo que ese término significa?), ultra-conservador, ultraderechista, etc.

Algunos claman su libertad a opinar. ¿Acaso no la tienen? Pues hasta dónde percibo, ya están opinando en el momento mismo de quejarse de no poder hacerlo. Pero eso no obliga al interlocutor a aceptar lo que diga como verdad absoluta. Además ya han ejercido también su libertad al decidir, algunos incluso mediante el sacramento de la Confirmación. La misma libertad tienen los cardenales que votaron. Parecería que los demás sólo tienen libertad de elegir cuando su opción corresponde a la nuestra, o ¿me equivoco?

Algunos piden más democracia en la Iglesia. Pues sepan que piden lo que ya existe: Vox populi, vox Dei. Basta conocer un poquito la historia de la Iglesia para identificar con gozo como laicos y religiosos, han fomentado y concretado evoluciones importantes en la normatividad eclesial, en el esclarecimiento de cómo encarnar el Evangelio de Cristo, y de influir campos como en procesos de canonización, o incluso en la elaboración de Constituciones Dogmáticas, encíclicas, etc. Si no ejerces esta libertad, es quizá porque estas muy ocupado reclamando el derecho que ya tienes.

Gandhi decía que la democracia es la menos mala de las formas de gobierno. Otro ilustre mencionó que se trataba de “la tiranía del consenso”. Hay quienes con la tendencia de la moda democrática, perdiendo la dimensión y memoria histórica, se rasgan las vestiduras. Aún así, un Papa se vota, como a un presidente en una democracia, con la diferencia que en todos los casos los votos son calificados -y representativos-, en cambio países con un nivel académico bajo pueden ser presas de la manipulación. Lee cualquier currículo de algún miembro del colegio cardenalicio, y dime si está calificado.

La Iglesia tiene dos mil años de experiencia de gobierno, sigue viva y seguirá por los siglos de los siglos “y los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella” (Mt. 16, 18). ¿A caso tu experiencia en sistemas de gobierno supera este tiempo? ¿Conoces alguna otra “institución”, o partido político alguno, que haya subsistido por tanto tiempo?

Pero si aún así, prefieres hacer un plebiscito – tan de moda – ahórrate el gasto, acabas de atestiguar el poder de convocatoria durante las exequias del gran Papa polaco: dirigentes de los mas diversos credos, jefes de estado representantes de tendencias políticas incluso antagónicas, fieles (laicos y religiosos), jóvenes, y mujeres, muchas mujeres (¿las marginadas por la Iglesia?). ¿Qué partido político, que país, que organización puede movilizar (externa e internamente) algo tan monumental como lo que acabamos de presenciar – y sin acarreos (pagados, tu sabes...) como los de algunos pseudo-líderes sociales.

¿Cómo es entonces que tantos bautizados europeos y americanos que se han acercado al budismo, condenen la elección de Joseph Ratzinger si su líder espiritual, dando ejemplo de sabiduría, luz y bondad, se ha congratulado? S.S. Dalai Lama, ha enviado una gentil y fraterna carta de felicitación a S.S. Benedicto XVI, “con un sentido exquisito de la cortesía y bondad”, como diría mi hermano Alejandro Martín. ¿Es acaso el discípulo más que su maestro? Si entienden esto y lo ponen en práctica serán dichosos (Cfr. Jn 13, 17-18).

Parafraseando a Juan XXIII debo recordarme que “la Iglesia no tiene enemigos”, ya que algunas conciencias, ahogando la voz del Espíritu en ellas, se erigen con sus actos violentos como enemigos de la Iglesia (cfr. 1Cor. 12, 3). Los Papas no inventan la Iglesia, ni tampoco los teólogos, sino a la inversa. El Papa se debe al Evangelio, a la revelación que Jesucristo hace del Padre, de su voluntad (Cfr. Lumen Gentium n. 3 y n. 8)

Por ello será imposible que, fiel al Evangelio, algún Papa decida a favor del aborto, eutanasia o eugenesia, pena de muerte, matrimonios homosexuales, etc. Esto no depende de un Papa “ortodoxo” o “liberal” sino será una cuestión de fidelidad a la revelación divina en el Evangelio. El ministerio petrino esta adherido a la Tradición de la Iglesia, a la guía del Espíritu de Dios, no a la moda, ni a la nostalgia, mucho menos a la sensiblería. Dos mil años de Magisterio (enseñanza) no pueden ser empeñados a sistemas de pensamiento de unos cuantos que, heridos, desdeñados, o bien con cierto déficit cultural y/o formativo, están a merced del cambio del viento en lo reaccionario o efímero, buscando desde ahí una seguridad que no encontrarán (cfr. Gaudium et Spes n. 86). No podemos perder la realidad sobrenatural de la Iglesia - que no esta desvinculada de su misión en el mundo- y en este caso concreto en la nominación de un sucesor de Pedro. Esto tiene que ser visto tomando en cuenta la Historia de Salvación, atestiguando como cada momento histórico ha sido llenado con un pontífice que obedece a las necesidades de su tiempo en material pastoral y doctrinal. Incluso los antipapas son parte de la economía divina que, en su sabia providencia ordena y convierte en bueno lo que acontece porque como dice él Apóstol, “todo sucede para bien de aquellos que aman al Señor”.

Tampoco se vale que algunos seres de sacristía, de “espiritualidad” desencarnada, que defiendan la figura del sumo pontífice mientras aplastan a cualquiera con opiniones contrarias a la suya, justifiquen su proceder impropio bajo la excusa de la fidelidad (cfr. Cardenal F.X. Nguyên Van Thuân, Mil y un pasos en el camino de la esperanza, nn. 267 y 620).

Tampoco las copiosas lágrimas ante la presencia de una persona tan carismática (en su más profunda acepción) con lo fue S.S. Juan Pablo II, son prueba de una vida de fe coherente y comprometida con el Evangelio. Tampoco la fidelidad a ciertos preceptos, en ocasiones más por tradición que por convicción (cfr. Cardenal F.X. Nguyên Van Thuân, op. cit, nn. 256 y 261).

Este artículo es una minúscula y escasa muestra es la naturaleza humana, del resultado del uso de nuestra la libertad, y el abuso de que este Dios bueno no se ha cansado de buscarnos a través de la historia. “Jerusalén, Jerusalén, mira que quisiera tenerte bajo mis alas, como la gallina tiene a sus pollitos” (Mt. 23, 37), pues “Yo soy el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas” (Jn. 10, 11), “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

Aún así, todos los que nos decimos Iglesia esta obligados a buscar, amar y atraer, mediante el testimonio, a propuesta honesta. Te pido perdón, mi hermano lector, en nombre de mi amadísima Madre Iglesia, si en algo se te ha ofendido.

“Señor, ayuda al mundo abrumado por las discordias, sana los corazones destrozados, arraiga en nosotros la esperanza de tu manifestación gloriosa, ya que tú sólo tienes el poder de salvar y reconciliar” (Liturgia de la Horas).



Amar hasta hacer la unidad.









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