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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2005
Abril
Editorial

Abril 2005 - Número.dedicado a la Pascua. |
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“Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia nos hizo nacer a una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos” (1 P 1,3).
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La resurrección es un acontecimiento "que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas, como lo atestigua el Nuevo Testamento" (CIC 639). Pero va mucho más allá, abre a la humanidad la vida de una relación vivificante con Dios, que nos constituye como "una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo" (2 Co 5,17-18). Es asà porque la esencia de la resurrección es el paso de Cristo a una vida nueva y la manifestación de una nueva creación.
“Sin la resurrección de Cristo, los cristianos serÃamos los seres más infelices de la tierra”[1] . Él es la luz y la vida, como proclama san Juan en el prólogo de su Evangelio: "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres". Esta luz que recibimos debemos a su vez reflejarla, “el cristiano es la luz que brilla en las tinieblas, la sal de la vida en medio de la descomposición del mundo, la esperanza en el seno de una humanidad desesperada [...] Muchos cristianos dejan al Señor el cuidado de rescatar el mundo. Olvidan que Él les ha confiado esta tarea” [2].
La profundización en el misterio maravilloso de la búsqueda que de los suyos hace Cristo resucitado implica un fortalecimiento de la acción para el servicio misionero. Las apariciones de Jesús nunca acontecen sin motivo, manifiestan la salvación al acrecentar la fe, promueven la adhesión a él en una relación personal con el salvador, y constituyen la Iglesia como comunidad de creyentes y envÃan a los discÃpulos con la misión de difundir la buena nueva de Jesucristo a los demás. Las apariciones nos aseguran que esta nueva vida puede hacerse visible a los sentidos de este mundo, pero los relatos nos recuerdan que se trata de una vida arraigada en el reino de Dios, que trasciende este mundo [3].
La resurrección constituye también una manifestación del sacramento de la salvación vivida en las acciones de aquellos a quienes Jesús encuentra. Es ésta la definición de lo que la Iglesia está llamada a ser3. Sin la presencia del Señor resucitado en medio de sus discÃpulos no es en absoluto posible la fundación de la Iglesia que "Cristo constituye mÃsticamente en su cuerpo" (LG 7; cfr. 1 Co 12). Los apóstoles se transformaron en "las piedras de fundación de su Iglesia" (CIC 642). "En la resurrección, toda la historia eclesial tiene su punto de partida, el único que atribuye a la existencia anterior de Jesús y a su cruz consecuencias de importancia enorme" (Urs von Balthasar 1990: 191).
La resurrección de Cristo constituye la verdadera esperanza del cristiano en la vida eterna. Él es la "irradiación de la gloria" del Padre, el Hijo en el sentido pleno y, por tanto, la perfecta presencia de Dios en medio de la humanidad [4] en la EucaristÃa, pan de esperanza. “Toda tu vida debe ser el anuncio de la muerte y a resurrección de Cristo” (Cardenal Van Thuan).
Notas:
1. Cardenal Fco. X. Nguyen Van Thuan.
2. Cardenal Fco. X. Nguyen Van Thuan, “Mil y un pasos en el camino de la esperanza”, num.950 y 953.
3. Prof. Stuart C. Bate OMI, "Resurrectio tamquam eventus historicus et transcendens”, Johannesburg. Congregación para el Clero, Santa Sede
4. S.S. Juan Pablo II, Mensaje de Pascua marzo 2004, Vaticano
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