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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2005
Febrero
Articulos

Número dedicado al ecumenismo. |
La práctica del ecumenismo a la luz de los principios
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Celebramos el Octavario por la Unión de los Cristianos, que culmina el 25 de Enero, Fiesta de la Conversión de San Pablo. El Ecumenismo es una obligación de todos los cristianos, ya que estamos llamados a ser un solo rebaño bajo un solo Pastor, Jesús.
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Celebramos el Octavario por la Unión de los Cristianos, que culmina el 25 de Enero, Fiesta de la Conversión de San Pablo. El Ecumenismo es una obligación de todos los cristianos, ya que estamos llamados a ser un solo rebaño bajo un solo Pastor, Jesús. Para esto, tras las divisiones históricas que se han sufrido en la Iglesia, hemos de tener en cuenta algunos principios fundamentales de ser y actuar. El Papa Juan Pablo II los recoge en su Decreto Unitatis Redintegratio (UR)
Hemos de comenzar por resaltar que el ecumenismo es una dimensión de la vida cristiana de todos los fieles. Asà nos lo dice el Decreto de Juan Pablo II Unitatis Redintegratio: «El empeño por el restablecimiento de la unión corresponde a la Iglesia entera». «Este interés manifiesta la unión fra¬terna existente ya de alguna manera entre todos los cristianos, y conduce a la plena y perfecta unidad según la be¬ne¬vo¬lencia de Dios». La actividad ecuménica no parte de cero, sino que se basa en la unidad parcial ya existente, la fe que compartimos desde nuestro Bautismo.
Desde luego, la renovación de la Iglesia a la luz del Evangelio es el signo de credibilidad de toda acción ecuménica. La misma EncÃclica nos lo dice: «La Iglesia, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad de reforma. La renovación de la Iglesia consiste esencialmente en un «aumento de la fidelidad de la Iglesia a su propia vocación». Este criterio de fidelidad es el que debe presidir la reforma de costumbres, de disciplina eclesiástica y de la manera de proponer la doctrina («que debe ser cuidadosamente distinguida del mismo depósito de la fe»). Todos los cristianos tenemos que buscar esta auténtica renovación, no con meras palabras, sino con una actuación coherente y práctica.
Por ello, junto con el Decreto, hemos de convencernos que la conversión del corazón y la santidad de vida son raÃces del verdadero ecumenismo (UR 7). Con el nombre de ecumenismo espiritual designa el Concilio el aspecto de la obra ecuménica que incide más profundamente en la realidad personal del cristiano. Viene descrita en los números 7 y 8 del Decreto. «No se da verdadero ecumenismo sin conversión interior». Es precisamente este fundamental aspecto del ecumenismo el que se ofrece a todos los cristianos en su vida ordinaria, aunque su preparación teológica no les permita participar en llamativas Asambleas, cuya trascendencia real —es decir, a los ojos de Dios— es, tantas veces, menor que la sencilla puesta en práctica de estas palabras del Concilio: «Recuerden todos los fieles católicos que contribuirán —más aún, realizarán— tanto más la unión de los cristianos cuanto más se esfuercen en llevar una vida más pura con arreglo al Evangelio. Cuanto mayor sea su unión con el Padre, el Hijo y el EspÃritu Santo, más limpia y fácilmente podrán acrecentar la mutua fraternidad». Para ello, tenemos que fomentar sobre todo el espÃritu de oración. El Decreto habla de la importancia ecuménica de la oración común por la unidad de los católicos con los hermanos se¬parados, y es lo que hemos estado haciendo en este Octavario. Por ello nos insiste la Iglesia que «la conversión interior y la santidad de vida junto con la oración privada y pública por la unión de los cristianos deben considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico».
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