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Nivel superior En el camino de la esperanza 2004 Diciembre Secciones


¡Feliz Navidad! - Diciembre 2004
 

Bioética: El aborto, daño irreparable

Aquí relato una experiencia reciente con una mujer que se practicó un aborto y sufre del síndrome consecuente.




Al conocerla me dio la impresión de ser una mujer ecuánime y agradable, poco a poco la conversación se torno acalorada, sobre todo cuando se tocó el tema del aborto. La chica comenzó a defender el aborto a capa y espada, argumentaba que todo hijo debe ser deseado y que de lo contrario es preferible impedir su nacimiento pues seguro que sufrirá terriblemente. Argumentaba además que para tener hijos es necesario tener estudios terminados para que así se le pueda dar una vida digna, de lo contrario “mejor ni traerlos al mundo”, decía.
A estos se sumó otra larga serie de argumentos, que más parecían pretextos que otra cosa.

Le hablé del síndrome post-aborto, y de cómo las mujeres son también víctimas de este terrible acto, porque en lo profundo de su ser saben, aunque quieran convencerse de lo contrario, que están matando a sus hijos indefensos. Le comenté de los testimonios que conozco de mujeres con este síndrome.

Después de un tiempo de estar conversando la chica confesó que se había practicado un aborto y que mis comentarios le estaban removiendo momentos que prefería olvidar. De ser una chica agradable se torno agresiva y prácticamente enmudeció. Trate de continuar la conversación con ella, pero fue imposible, sus respuestas eran monosílabos y sus actitudes muy rudas.

Esta experiencia me dejó consternada, podía ver en la cara de esta chica el terrible sufrimiento por el que pasaba, sus argumentaciones eran como una manera de tratar de convencerse de que ella había hecho lo correcto. No se atrevía a decir la palabra “bebé” o “hijo”, utilizaba el adjetivo de “producto”. Mis sentimientos fueron encontrados pues por un lado me sentía culpable de haber abierto una llaga supurante y por otro sabía que había hecho lo correcto pues de alguna manera liberé la manifestación de aquel dolor que suplicaba salida. No he vuelto a ver a la chica, la última vez que la contacté por teléfono me dijo que estaba muy bien y no fue posible reunirnos de nuevo, ella no quería. Cuando la recuerdo me vienen a la mente dos personas, la mujer joven ecuánime y agradable y, la chica agresiva y hermética que apareció después de nuestra conversación. Me admira la manera en que el aborto puede marcar a una persona, el daño que hace, las dolorosas huellas que deja, pero más me admira que haya personas que a pesar de conocer estas realidades apoyen acto tan horrible.

“Estudios profundos han demostrado resultados consistentes de las formas que adquieren las consecuencias psicológicas: culpabilidad, ansiedad, depresión, sentimiento de pérdida, hostilidad, suicidio y psicosis. [1] Este tipo de traumas son reconocidos como desórdenes psicológicos por la Asociación Americana de Psiquiatría y se mencionan en el Manual de Estadísticas y Diagnosis de Desórdenes Mentales (DSM III-R: 309.89, Washington, D.C., American Psychiatric Press, 1987, p.250) [2]

Testimonios de numerosas mujeres que he presenciado me han convencido de que la mujer que aborta no lo hace porque esté convencida de ello. Estas mujeres se encuentran atrapadas en una carrera contra el tiempo en donde no se detienen a reflexionar porque nadie les da el espacio para hacerlo, no tienen a quien acudir, no saben con quien hablar, tienen miedo y creen que la solución a su problema es deshacerse del hijo que llevan dentro. Después de haberse practicado el aborto “la mujer cree haber terminado con su problema, pero un poco después es cuando comienzan sus dudas, temores y su culpa” [3]. Los síntomas del síndrome post-aborto pueden aparecer semanas, meses y hasta años después de haberse realizado el aborto.

En estas fechas tan significativas para los cristianos debemos reflexionar sobre la esperanza que nos llega con este Niño que nace en un pesebre, pobre, desnudo, carente de tanto; para tener el valor de levar la voz por aquellos que no tienen voz, los seres humanos en el vientre de su madre y, también por las mujeres que al encontrase en la desesperación, abandonadas a su suerte, rechazadas por su estado optan por el aborto.
Si somos cristianos tenemos que comprometernos con la vida por duro que esto resulte, de lo contrario tendríamos que revisar nuestra vida de fe. Si somos cristianos no podemos ser espectadores cuando de defender la vida se trata, es nuestro deber hacer lo que nos corresponde o tendremos que conformarnos con la complicidad.

“El enemigo más grande de la paz en nuestros días es el aborto, porque es una guerra en contra de los niños... y si aceptamos que una madre mate a su propio hijo, ¿cómo se le podrá decir al resto de las personas que no se maten entre sí?”. Dr. Willke [4]

Fuentes

1. Mall, D., and Watts, W.F., The psychological aspects of abortion, University publications of America, Washington, D.C., 1979.
2. El aborto, preguntas y respuestas. p.43
3. Idem
4. Idem

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