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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2004
Diciembre
Editorial

¡Feliz Navidad! - Diciembre 2004 |
Tiempo de contemplación.
“El Niño del pesebre es la señal de paz y liberación para quien sufre a causa de la guerra, la opresión, la pobreza o el pecado. Jesús nace para la humanidad que va en busca de libertad y de paz; nace para todo hombre oprimido por el pecado, necesitado de salvación y sediento de esperanza” (S.S. Juan Pablo II)
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Navidad no sólo es conmemorar un histórico acontecimiento que tuvo lugar en algún remoto lugar hace más de dos mil años. Durante el Adviento debemos prepararnos a comprender mejor que toda nuestra vida debe ser eso mismo un "adviento", “una espera vigilante de la venida definitiva de Cristo”.
Contemplar en silencio un Belén (nacimiento) y sus figuras es un ejercicio espiritual que nos revela y trascribe un raudal de esperanza. El escenario un pesebre en una gruta, un portal reservado para el reposo y alimentación destinado a los animalitos de los viandantes. De pie, o de rodillas, una joven pareja vestida de pobreza y dignidad. Ella es serena belleza, él silencio expresivo. Ella cautivada, él anonadado...
Ambos parecieran estar materialmente desposeÃdos. Vistos sin la luz de la fe, es una pareja de menesterosos que debÃan estar muy preocupados, angustiados por todo lo que les falta para proveer a su nuevo bebé; o bien resentidos por haber sido rechazados por sus propios paisanos y familiares, que sin más les han dejado en la calle... Pero analizándolo con la mirada de la fe, ambos han sido espiritualmente colmados y son la imagen de la esperanza que arrebata al mal toda posibilidad de triunfo. Y no me refiero a la esperanza que se confunde con el optimismo humano y que supone o desea un mejor futuro, es con certeza la esperanza en su más alta expresión y plena acepción, es la esperanza que no es algo sino alguien: Él. Es la esperanza que nace de la cruz y resucita por virtud del EspÃritu Santo en el sepulcro del Huerto de José de Arimatea. La esperanza es Jesús resucitado que ha venido por cada uno de nosotros. Por ello nuestra pareja de Nazaret no queda envuelta por la noche de la tristeza, la angustia o el desaliento, pues contemplan a Jesús, al Cristo, al Hijo de Dios hecho carne, al Verbo de Dios envuelto en pañales. Están en compañÃa de Jesucristo, ¿qué podrán entonces temer?
Ese mismo Jesucristo está presente real y verdaderamente en todos los sagrarios de la tierra, preso del amor en el santa EucaristÃa: su cuerpo, sangre, alma y divinidad. Es Él, que nos espera, que ha venido a estar contigo y conmigo.
Adviento, Navidad, y EpifanÃa son tiempos para la contemplación. Esta contemplación debe derivar y complementarse mediante la comunión y la misión.
Millones de familias viven el drama del abandono e inanición, de la guerra, de la injusticia y marginación. Llevemos a ellos la esperanza que hemos recibido, pues cuando a ellos nos damos al mismo Cristo servimos y aliviamos. Y como sentenció nuestro querido Santo Padre: “No habrá paz si no salimos al encuentro de los pobres”
“Contemplaremos con MarÃa y José la gloria del Verbo que se ha hecho carne por nuestra redención. El Verbo ha entrado en el tiempo: ha nacido el Emmanuel, el Dios-con-nosotros Rezaremos para que todos los hombres acojan la vida nueva que el Hijo de Dios ha traÃdo al mundo al asumir nuestra naturaleza humana. También para nosotros, hombres del tercer milenio, es posible encontrar a Cristo y contemplarlo con los ojos de MarÃa. La noche de Navidad se convierte asà en escuela de fe y vida”, S.S. Juan Pablo II.
Unidos en la oración. Dios te bendiga.
¡Feliz Navidad!
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