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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2004
Septiembre
Artículos

Sept. 2004, No. Conmemorativo 2do. Aniversario Luctoso Cardenal Van Thuan |
Notas sobre el texto de Mons. Van Thuan CINCO PANES Y DOS PECES
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Glosa del libro para una espiritualidad laical
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1º Pan.
VIVIR EL MOMENTO PRESENTE
La historia humana se caracteriza por cambios profundos y acelerados. Exitos y fracasos pueden marcar la trayectoria de una vida, pero también oscurecer la mente de la persona si pone su corazón en las cosas, aunque sean apostólicas. Se olvida que el hombre vive en el tiempo y no puede vivir de un solo golpe toda su existencia sino que está entretejida por momentos que son como «las puntadas» con las que se va formando la red de su historia, que para el hombre es historia de salvación. La fe de los cristianos no tiene otro fundamento que Cristo, encarnado, muerto y resucitado y no depende de los vaivenes de las circunstancias. Nuestro deber de hombres cristianos es ser testigos de la novedad de Cristo en cada momento, en cada instante, como si fuera el último. El momento presente es nuestra preocupación, el próximo es preocupación de Dios. La fe debe construir la historia única de salvación, formada de momentos únicos, como ejercicio continuo de libertad.
2º Pan
DISCERNIR ENTRE DIOS Y LAS OBRAS DE DIOS
El hombre nuevo, el cristiano, tiene una misión dada por el Resucitado: ser su testigo en medio de los hombres y orientar sus acciones para que las cosas sean instauradas en Cristo, conforme la Providencia divina. El cristiano se deja conducir por el Espíritu Santo en su actuar. Entonces, como dice Gaudium et spes 4 y 11, debe aprender a discernir los acontecimientos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios, que no siempre coinciden con los del hombre. Estos signos manifiestan el plan de Dios sobre la entera vocación del hombre. Desde luego debemos obrar, y lograr resultados positivos; pero el discernimiento nos ayudará a no atribuir el resultado a nuestra sola capacidad, o, por el contrario, que los fracasos se deban simplemente a una falta de planeación o algo parecido; como si todo dependiera de uno sólo. El discernimiento nos descubrirá que sólo Dios es importante, y que primero hay que buscarle a El y su Justicia, aún en los tiempos de desánimo, y Dios se encargará de su obra con mayor éxito que lo que podamos soñar.
3º Pan
LA ORACIÓN
No pensemos que la oración es una manera de ocupar un tiempo ocioso, se ora cuando no hay otra cosa qué hacer. Si, como hemos dicho, la red de la historia de la salvación se hila con momentos únicos donde Jesús está siempre presente, entonces la oración no es otra cosa que el anticipo en el tiempo de lo que será la eternidad: vivir en comunión con El.
Volver a la Escritura, por ser la Palabra de Dios que se ha ido dando a conocer en el curso de los tiempos y que hoy en Jesucristo ha encontrado la plenitud de los tiempos, es lo que nos ha mandado el Concilio Vaticano II, como el mejor modo de hacer el encuentro con el Señor de la historia. La oración no se teje con largos discursos subjetivos, sino en la escucha de la Palabra que es Jesucristo. En la oración nos confiamos a El quien nos conducirá a la realización de nuestra entera vocación. Así entendemos quién es él y quienes somos nosotros y nos ponemos a su disposición, al grado de abandonar la obra de Dios si El así lo pide. La oración invade cada momento de acción. Por eso la oración causa alegría contagiosa. Se vive en una comunión de encuentro personal con Jesucristo, que nos llena de plena alegría.
La oración nos ayuda a vivir cada momento, siempre vigilantes, en espera del Señor que viene. Nos ayuda a evitar el desánimo y a iluminar la obscuridad del fracaso, así como evitar el tedio en el obrar, sabiendo que hemos de rendir cuentas al Señor en el momento menos pensado.
4º Pan
EUCARISTÍA
La Eucaristía es el signo eclesial por excelencia. Dios ha elegido a los hombres, no solamente en cuanto individuos, sino también en cuanto miembros de una determinada comunidad. La eucaristía es el Pacto nuevo y eterno de la Alianza entre Dios y los hombres, mediante la sangre de Cristo, La eucaristía es memoria – actualización – de su manifestación de salvar al hombre con el servicio de la Iglesia. La eucaristía es Signo de la perpetua fidelidad de Dios a pesar de las infidelidades humanas. La eucaristía es el signo perpetuo de la Redención humana, y por consiguiente de donde se ha de partir para toda acción transformadora de la sociedad y de la persona humana, porque solamente Cristo es el vencedor del demonio y de la muerte.
La eucaristía, presencia real de Jesucristo vivo en medio de nosotros, es una continua invitación a vivir en forma celebrativa la fe: la vida del hombre nuevo es la fiesta del Reino. Visitar al Santísimo nos recuerda que hay muchos que«carecen de pan y de vino», y debe ser causa de fuerza para trabajar en los proyectos de Jesús; muchedumbres sufren hambre y el Magisterio de la Iglesia nos ha ido señalando que es tiempo de acción para revertir las situaciones injustas.
La celebración eucarística o la visita a Jesús Sacramentado, debe ser fuente de la fuerza de todo hombre nuevo. Nos hará entender la importancia de Dios en cada momento; que las obras a hacer dependen más de El que de nosotros. La Eucaristía es donde Jesús nos habla de sus proyectos, como discípulos que somos. Seguir a Jesús es nuestra identidad, ayudar a realizar sus proyectos será nuestra fidelidad. Vivir celebrativamente será nuestro testimonio.
¡El Reino de Dios está en medio de ustedes!
5º Pan
UNIDAD
El proyecto de Jesús es que todos seamos uno. La Iglesia se ha definido como sacramento de la unión de los hombres entre sí y con Dios. Es lo que la define como Iglesia de Jesucristo: buscar la unidad entre los hombres y con Dios. En la Iglesia nadie es enemigo, pues Cristo nos amó a todos y se entregó por todos para la salvación universal. Nada humano puede estar fuera del corazón de la Iglesia. ¿Qué hacer para superar las barreras que nos dividen? Hay que ponerse en acción pero discerniendo entre Dios y su obra que depende fundamentalmente de Dios. La Iglesia al servir al mundo, como la definió el Concilio Vaticano II, quiere expresar su amor por Cristo y ofrecerlo a cada hombre y mujer de la tierra, precisamente porque Cristo, de algún modo, por su Encarnación se ha identificado con cada uno de los hombres y mujeres, especialmente de los más pobres. No se excluyen de la acción de la Iglesia utilizar los medios científicos de comunicación humana, pero ninguno superará el procedimiento del amor, para hacer de los hombres hermanos, como fue designio original desde la Creación.
La misión del cristiano es hacerse amigo aún de los enemigos con la fuerza del testimonio y amar a todos. Hoy, dice el papa Juan Pablo II, se necesita testigos del amor.
1º Pez
MARÍA INMACULADA
La centralidad de Cristo en la fe no mengua la importancia esencial de María Inmaculada. No es posible amar a Jesucristo y olvidarse de María, por medio de la cual puso su tienda entre nosotros el Verbo eterno de Dios. El amor a María hará nacer en nosotros a Cristo.
Además su Persona inmaculada nos recuerda siempre el drama del hombre desde el inicio y que sólo en Cristo podemos tener la liberación, para dedicarnos libremente a servir a Cristo en la sociedad. La virgen Eva desobedeció y produjo la muerte, la virgen María se hizo esclava del Señor y nos dio al Hijo del Padre para que tengamos vida.
La Inmaculada nos recuerda todo el proyecto de salvación, hecho realidad en ella de manera excelente. Cristo vino para hacernos libres. El prototipo es María que, en su libertad, no puede dejar de estar atenta a las vicisitudes de sus hijos a ella encomendados por Cristo, su Hijo, en la Cruz.
Pero como buenos hijos no debemos simplemente esperar que ella haga algo por nosotros, lo que ciertamente hará, sino que es necesario acercarnos a ella para preguntarle qué quiere que nosotros hagamos por ella: su única preocupación es la instauración del Reino de su Hijo en el mundo, en un ya pero todavía no, atendiendo las necesidades de los demás hijos que tal vez ni sepan de su filiación pero que necesitan del «vino para celebrar su boda». Y esto es nuestro deber de hijos de María y hermanos de Cristo, estar atentos como Ella, de las necesidades de los demás y acudir en su ayuda.
2º Pez
HE ELEGIDO A JESÚS
La historia de la salvación se hace por momentos únicos e irrepetibles que deben ser signos de nuestra elección a Jesús, que al final de la vigilia nos pedirá cuentas de cuántas veces lo hemos tenido en cuenta en nuestras acciones. La elección a Jesús exige que nos revistamos con los mismos sentimientos de Cristo a fin de ganar a todos para Cristo, acercándonos al necesitado y a todo hombre para mostrarle el amor humano de Cristo, reflejo de su Amor divino. Optar por Jesús es abandonar la seguridad propia y dejarse llevar por el dinamismo de Amor que es el Espíritu Santo, para que nos penetre hasta lo más intimo de nosotros construyendo los proyectos de Jesús en cada momento, en cada hora, en un proceso de peregrinación hacia la Casa del Padre.
Elegir a Jesús es permanecer en su presencia todo instante y todo lo demás será su consecuencia. Así los éxitos o fracasos de las obras apostólicas no obnubilarán el horizonte que es sólo Jesús.
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