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Nivel superior En el camino de la esperanza 2004 Julio Artículos


San Cristobal de las Casas, Chiapas. México No.21 Julio,2004.
 

Jornada “Juntos por Europa” - El Significado de la Jornada

Hoy deseamos presentar a los hermanos europeos, cristianos de iglesias diferentes y de movimientos diversos, juntos, los dones del Espíritu Santo que El confió a nuestros movimientos para el bien de todos.



Eminencias, Señor Presidente, Excelencias, Señoras y Señores, queridos hermanos y hermanas:

Saludamos con todo el corazón a los que están presentes en esta Jornada “Juntos por Europa”.

El 8 de mayo es una fecha histórica, de gran significado, digna de ser recordada. No hubiera podido existir un día más adecuado para nuestro encuentro, que desea contribuir a dar un espíritu a Europa.

El 8 de mayo nos recuerda el final de la terrible Segunda Guerra Mundial, que por seis largos años atormentó a Europa, costó la vida a millones de personas y quitó a muchos su patria. Al mismo tiempo el 8 de mayo fue la fecha de la liberación, también de la liberación de Alemania de una dictadura de monstruosos criminales que despreciaban al hombre. Mientras que gran parte del este europeo terminó bajo la dictadura del régimen comunista, durante décadas. Aquí en Stuttgart, recordamos el 8 de mayo por otro motivo. Fue aquí que, en octubre del 1945, después de la guerra, que por primera vez obispos evangélicos y responsables de la Iglesia evangélica han reconocido oficialmente su parte de culpa. Para nosotros alemanes, era el inicio de la revisión de nuestras culpas: ellos reconocieron que no habían creído, ni rezado, ni resistido lo suficiente.

Y luego, casi como un milagro, después de la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial fue estipulado un tratado de paz en el cual, finalmente, se ponía en evidencia la unificación de Europa. Afortunadamente existían entonces, en el momento justo y en el lugar justo, políticos y jefes de estado cristianos como Robert Schuman en Francia, Alcide de Gasperi en Italia y Konrad Adenauer en Alemania, que comenzaron a emprender el camino de la reconciliación. Gracias a la generosa ayuda de América con el plan Marshall, fue posible iniciar, en una Europa destruída, también la reconstrucción económica. Las personas hambrientas recibieron pan y trabajo y, con ello esperanza y un futuro.

Pero además un ulterior acontecimiento debe ser recordado. En las duras jornadas de la guerra, Dios hizo nacer algo nuevo en Europa. Absolutamente inesparadas, en el 1943-44 nacieron comunidades cristianas como el Movimiento de los Focolares en la Iglesia católica en Italia, las Marienschwestern en Darmstadt y la Christusbruderschaft en Selbitz en la Iglesia evangélica, los Hermanos de Taizé en la Iglesia reformada en Francia y muchos otros más. Estamos felices, de tenerte hoy presente entre nosotros, querida Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares.

Mediante estos movimientos, el Espíritu Santo donó al mundo impulsos totalmente nuevos para el futuro de la iglesia y de la fe cristiana. En el vigésimo siglo el Espíritu Santo superó barreras que dividieron a los cristianos por un largo tiempo.

Con el surgimiento del ecumenismo, la primera en empezar a derrumbarse fue la de las confesiones. En siglo XX, con el nacimiento del Movimiento pentecostal y del Movimiento carismático fue superada también, en cierto modo, la barrera cultural. Cristianos de todas las culturas se encuentran y se entienden cuando Dios deja vía libre a sus dones, los carismas, para reunir al pueblo de Dios y para la renovación de la sociedad. En todas las confesiones y en todos los países se nota la acción del Espíritu Santo que reúne a los cristianos para adorar a Dios. La tercera barrera que el Espíritu Santo hizo caer es la que existe entre los responsables de las iglesias y el pueblo de Dios, los laicos. En los movimientos espirituales surgidos en el último siglo el pueblo de Dios, los laicos (laos=pueblo), adquirieron una especial dignidad. Dotados de dones espirituales, de carismas, pueden ir, con eficacia, hacia el encuentro de las especiales necesidades de la iglesia.

Cuando el Papa Juan Pablo II el sábado de Pentecostés 1998 invitó a movimientos y comunidades eclesiales de la Iglesia Católica a ir a Roma para un gran encuentro, comenzó una vez más algo nuevo. Después de haber expresado su satisfacción por el nacimiento de los movimientos, los animó a servir a la iglesia entera con los dones recibidos.

Tu, queridísima Chiara, nos invitaste a hacerlo expresamente.

La primera etapa de este camino tuvo lugar en Augsburg, el día de la fiesta de la Reforma, en el 1999, después de la firma de la “Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación”. Por primera vez después de casi 500 años, la Iglesia católica y las Iglesias luteranas han firmado un documento de fé común. Y en la misma tarde se desarrolló en Ottmaring, Augsburg, un encuentro de responsables de movimientos espirituales de diferentes confesiones. Se enlazó una red de relaciones cada vez más estrechas con un número siempre creciente de movimientos y comunidades.

Después el 8 de diciembre del 2001, tuvo lugar por primera vez en Munich un amplio encuentro oficial de movimientos evangélicos y católicos con el lema: “Juntos, ¿sino cómo?”. En aquella ocasión formulamos una alianza de nuestros corazones, de amor mutuo y de respeto recíproco, que ya está dando buenos frutos. En esa ocasión el obispo evangélico Ulrich Wilckens dijo que la secularización y la pérdida de valores son fruto de la división de las iglesias. Nos preguntamos: si esto es verdad, ¿no podría ser verdadero también lo contrario, es decir, que mediante la unidad en el amor entre los cristianos pueda consolidarse de nuevo también la fe? Ayer y antes de ayer tuvimos aquí en Stuttgart un congreso de responsables, durante el cual hemos tenido un valioso intercambio. Nosotros mismos nos hemos quedado maravillados al
descubrir cuántos regalos hemos recibido de Dios, para el bien de unos y de otros.

Hoy deseamos presentar a los hermanos europeos, cristianos de iglesias diferentes y de movimientos diversos, juntos, los dones del Espíritu Santo que El confió a nuestros movimientos para el bien de todos. Varios movimientos y comunidades eclesiales están presentes en muchas

Jornada “Juntos por Europa” – Stuttgart, 8 de mayo de 2004









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