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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2004
Julio
ArtÃculos

San Cristobal de las Casas, Chiapas. México No.21 Julio,2004. |
Europa tiene necesidad de Cristo
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Esta época pos moderna nos desafÃa a conquistar a las personas a Cristo: “Los hombres han abandonado masivamente la Iglesia, pero es posible reconquistarlos sólo individualmente” (manifestación del sÃnodo de la Iglesia evangélica en Alemania, Leipzig 1999).
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Lo primero que quiero señalar es que:
1. Dios nos ha abierto las puertas de Europa.
Los sistemas totalitarios se han derrumbado. HabÃan prohibido e impedido el anuncio del Evangelio de Jesucristo, pero ahora no tienen nada más que decir. No han sido solamente las tiranÃas ateas las que han dificultado el libre anuncio del Evangelio. Durante siglos los jefes de estado han establecido lo que sus súbditos debÃan creer o no. Pero los tiempos han cambiado, y la ley “cuius regio, eis religio” ya no es válida.
Aunque en algunas partes de Europa se sienta todavÃa con mucha fuerza la presión que ejercitan los ambientes sociales, sin embargo la mayor apertura de la sociedad europea con respecto al pasado ofrece una mayor libertad de decisión. A pesar de que la afirmación del individualismo y la desintegración de las relaciones sociales tradicionales provocan en los individuos graves problemas, sin embargo no podemos ignorar la gran oportunidad que nos ofrecen. Su alcance es enorme.
Esta época pos moderna nos desafÃa a conquistar a las personas a Cristo: “Los hombres han abandonado masivamente la Iglesia, pero es posible reconquistarlos sólo individualmente” (manifestación del sÃnodo de la Iglesia evangélica en Alemania, Leipzig 1999). Esto no es válido únicamente para los paÃses socialistas del pasado.
Podemos decir con el apóstol Pablo: “… se ha abierto una gran puerta para mi predicación, aunque los adversarios son numerosos” (1 Cor.16,9).
¿Qué importancia tiene Cristo para Europa? Nosotros lo hacemos conocer para que todos puedan aprovechar la ocasión de reconciliarse con Dios por medio de Cristo, y para que, mediante la confianza en Jesús, puedan desarrollar con plenitud su vida en la tierra y en la eternidad. Pero existen motivos importantes por los cuales Europa, incluso como comunidad, tiene urgente necesidad de Jesucristo.
2. Jesús garantiza la dignidad de cada hombre como un derecho inviolable.
La dignidad del hombre es inviolable porque ha sido creado, amado, salvado, colmado de dones y llamado por Dios. Ya que cada hombre está en relación con Dios, no se puede disponer de su vida. Dios ha creado al hombre a su imagen, concediéndole una dignidad intocable: enfermo o sano, productivo o incapacitado, en el seno de la madre o frente a la muerte, hombre o mujer, pobre o rico, independientemente del color de su piel o de su cultura.
El hombre que se emancipa de Dios termina poniéndose en su lugar, y con esta arrogancia piensa que puede disponer de la vida humana. Comportándose como si fuera Dios, se convierte en un lobo rapaz para los otros hombres.
Si quiere tener un futuro como humanidad, Europa necesita a Jesucristo crucificado y resucitado. Delante de la cruz de Jesucristo, resulta evidente el valor que tiene cada hombre delante de Dios. “Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él no muera, sino que tenga la Vida eterna” (Jn. 3,16).
Al mismo tiempo, delante de la cruz de Jesucristo el hombre sin Dios es desenmascarado y condenado. Dios no pacta jamás con el mal, pero “A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado a favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él” (2 Cor.5,21).
Si queremos darle un futuro a Europa, es absolutamente necesario que estimemos a cada hombre. Debemos evitar que las comunidades europeas se vuelvan cada vez más una jungla con una moral de animales feroces, y que un régimen que desprecia al hombre vuelva a abusar de él usándolo como simple materia.
Pero yo veo todavÃa otro motivo por el cual Europa tienen necesidad de Jesús:
3. Jesús crea la comunión y supera las laceraciones
Nosotros queremos y proclamamos la libertad del individuo. Pero cuando el individualismo se transforma en egoÃsmo despiadado, destruye ese vÃnculo social indispensable que hace humanamente soportable cada tipo de sociedad. Hoy nos damos cuenta del cinismo que encierra la frase: “Cuando he pensado en satisfacerme a mi mismo, ya he pensado en todos”.
Necesitamos un nuevo vÃnculo entre los hombres si queremos construir Europa. Necesitamos estimar a todas las culturas en su diversidad. Debemos superar el temor a los extranjeros y la agresividad hacia ellos. Hace falta la pasión por lo que es justo y recto, porque el derecho defiende a los débiles.
Estamos agradecidos por tener comunidades democráticas en Europa. Pero la democracia se basa en presupuestos que ella misma no es capaz de crear. No es posible obligar a los hombres a hacer el bien. Hay que conquistarlos desde adentro, y convencerlos de que la validez del derecho es la base indispensable para una sociedad humana. Los hombres deben estar convencidos desde lo más Ãntimo de su corazón de que derecho y justicia no son solamente lindas palabras para imponer los propios intereses a costa de los demás.
Los hombres en Europa, para poder amar, necesitan hacer una nueva experiencia del amor y de la justicia de Dios. Por eso tienen necesidad de oir el mensaje de Jesucristo, en quien se encuentra a un Dios viviente.
Deploro el hecho que Dios no haya encontrado lugar ni siquiera en el preámbulo de la constitución europea, y que en su lugar se haya puesto como unidad de medida el “valor de la razón”. Si la razón humana no escucha la voz de su creador, el Dios santo y misericordioso, terminará siendo, con su sistema de medida autocrático y con su arrogancia, un instrumento de destrucción del hombre y de la misma sociedad humana.
Ya sea que la constitución sea aprobada asà o como si no, es necesario que nosotros, como pueblo de Dios, demos testimonio libre y claramente de Jesucristo, con las palabras y con las obras.
Este crecimiento en conjunto de Europa me parece una gran oportunidad y un desafÃo para el pueblo de Dios. En un futuro no serán tanto las instituciones las que hablen a los corazones de los hombres. El pueblo de Dios en todas las Iglesias y en las comunidades cristianas será como un movimiento de base que podrá fermentar la humanidad de un modo vital, creÃble y variado.
Mi sueño es que suceda un milagro, como en Pentecostés. Los apóstoles hablaban de Jesús. Y los hombres de distintas naciones, idiomas y culturas que habÃan llegado a Jerusalén, maravillados exclamaban: “todos los oÃmos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios” (hec.2,11). Ellos acogen el mensaje de Jesús en la lengua de sus corazones. Se convierten y siguen a Jesús. Es él quien hace de personas de las más diversas culturas, su pueblo.
El EspÃritu Santo seguirá realizando este milagro como sólo Él sabe, si nosotros dejamos que El nos envÃe. Para Europa - y también más allá – podemos ser testigos del Señor Jesucristo crucificado, resucitado, presente otra vez entre nosotros.
En nombre de Dios, ¡vayan y que asà sea. Amén!
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