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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2004
Julio
ArtÃculos

San Cristobal de las Casas, Chiapas. México No.21 Julio,2004. |
Europa Unida para un Mundo Unido
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Europa es una familia de pueblos hermanos, pero abierta a una misión universal. Europa quiere la propia unidad también para contribuir a la unidad de la familia humana.
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Señoras, señores, amigos, hermanas y hermanos:
Durante esta jornada hemos hablado de Europa, en particular de Europa del espÃritu. Hemos visto cuál puede ser nuestra contribución, a través de los Movimientos y de las Comunidades espirituales y carismáticas, para que ese proyecto pueda hacerse realidad. Ahora cabe una pregunta: con todo lo que ha surgido hasta ahora, ¿hemos agotado las propuestas que pensábamos que debÃan surgir de la jornada de Stuttgart?
Para los fundadores y padres de la Europa unida, Europa no era el fin último de su esfuerzo de unión. De hecho, la “ Declaración Schuman” afirma: “Europa podrá, con mayores medios, proseguir la realización de una de sus tareas esenciales: el desarrollo del continente africano”. Según su visión, Europa es una familia de pueblos hermanos, pero abierta a una misión universal. Europa quiere la propia unidad también para contribuir a la unidad de la familia humana.
La unidad de la familia humana…
Proponerse la unidad de la familia humana: ¿no podrÃamos pensar que es una utopÃa? Yo dirÃa que no, porque los signos de los tiempos piden que nos orientemos al mundo unido. En efecto, la unión de los Estados en varias partes del mundo ya es una realidad, es la confirmación de una exigencia impostergable. Las relaciones entre los estados se están consolidando en todos los continentes, por ejemplo con la reciente “Unión africana”, o las “Conferencias ibero-americanas”, u otras. Por eso, querer una Europa unida para llegar al mundo unido puede ser la contribución final de nuestras consideraciones aquÃ, en Stuttgart.
A este punto se impone una pregunta: para estar al paso de los tiempos y de Dios y sus planes con respecto a Europa y al mundo, ¿cómo debemos comportarnos?
Ya lo hemos anunciado pero es útil repetÃrnoslo: traducir inmediatamente en vida la idea-fuerza de la fraternidad universal, poniendo en práctica el “Arte de amar”, del que hemos hablado.
Este arte se puede, se debe vivir incluso en la polÃtica, como una contribución indispensable para alcanzar el mundo unido.
Debemos tener presente que los Movimientos carismáticos, no obstante ser primariamente religiosos, en general prestan una atención especial al mundo polÃtico, e involucran en este estilo nuevo de vida a ciudadanos, a polÃticos de diferentes partidos, a funcionarios, diplomáticos, que son todos sujetos de la polÃtica.
La finalidad de estos polÃticos que adhieren a los Movimientos es vivir siempre en la fraternidad, y poniéndola como base, abrirse a los valores profundos, eternos del hombre; y sólo después llevar adelante la acción polÃtica, Robert Schuman, Ministro del Exterior de Francia, Declaración en la Sala del Reloj de ParÃs, 9 de mayo de 1950
Para ellos, la elección de trabajar en polÃtica es un acto de amor, con el cual responden a un llamado personal. Quieren ir al encuentro de una necesidad social, de un problema de su ciudad, de los sufrimientos de su pueblo, de las exigencias de su época. Quien es creyente advierte que es Dios quien lo llama; el no creyente responde a una necesidad humana que encuentra eco en su conciencia. Estos polÃticos, además, no se contentan con amar individualmente, sino que tratan de que el otro, sea aliado o adversario, también ame, porque la polÃtica es relación, es proyecto común.
Una ulterior expresión de la fraternidad en polÃtica es amar la patria de los demás como la propia; la dignidad más alta para la humanidad serÃa la de no sentirse un conjunto de pueblos a menudo en lucha entre ellos, sino, por el amor mutuo, un único pueblo enriquecido por la diversidad de cada uno, y por eso mismo, en la unidad, garante de las diferentes identidades. Sin duda todos estos aspectos del amor que realizan la fraternidad requieren sacrificio. Por eso, saber llevar la propia cruz es la condición indispensable. Porque el polÃtico, entre otras cosas, es quien debe abrazar las divisiones, las rupturas, las heridas de su propia gente.
Entonces será una buena y útil conclusión para la Jornada de Stuttgart “Juntos por Europa”, que todos nosotros, ciudadanos y polÃticos, nos propongamos seriamente empezar a poner en práctica, con la fe de niños evangélicos, la fraternidad universal en Europa con vistas al mundo unido. SÃ: con vistas al mundo unido.
Para llevar a cabo esta misión, nuestro espÃritu y nuestros actos se inspiran en el Testamento de Jesús, esa extensa oración al Padre antes de morir. De ella surge claramente que la unidad de la familia humana, como parte del designio de Dios ya desde la creación, es capaz de superar las evidentes divisiones, no sólo territoriales, sino también ésas que nacen de las elecciones polÃticas, de las condiciones étnicas, religiosas, linguÃsticas… (cf.1 Cor.12).
Partiendo de este presupuesto se comprende que el Testamento de Jesús contenga el germen de toda forma de integración y de vÃnculo entre los pueblos: la unidad, y el método para obtenerla, el amor mutuo. Su consecuencia es el rechazo de las discriminaciones, de las guerras, de las controversias, de los nacionalismos, de las reivindicaciones de los intereses nacionales y la exigencia de poner a disposición de todos los pueblos los bienes de la creación como dones de Dios; es la idea de la comunión, de la fraternidad universal puesta en acto.
Juan Pablo II en el Mensaje con ocasión del 50º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial (1995) dirigiéndose a los jóvenes escribió: ” A ustedes se les confÃa la misión de abrir nuevos caminos de fraternidad entre los pueblos, para construir una única familia humana (…) Que resuene en la conciencia de todos esta invitación:¡Ama a los otros pueblos como al tuyo!”.
Señoras y señores, hermanos y hermanas, miembros de los distintos Movimientos y grupos:
Un polÃtico, que a lo mejor está aquà presente, hizo recientemente una consideración sobre esta Jornada, y nos gustarÃa que sus palabras fueran un signo de esperanza. Dijo: “La realidad vital de los Movimientos, que como un magma incandescente y subterráneo recorre la vida del continente, debe perforar la costra y hacer que su orificio sea bien visible, para que la sociedad, especialmente en su aspecto polÃtico, sea sacudida y modificada. Debe generarse una especie de corto circuito que los ponga en contacto, para que la vida verdadera pueda condicionar la sociedad hasta tal punto que ya no se pueda más prescindir de ella. Stuttgart podrÃa ser esta ocasión”.
¡ Que el Señor permita que asà sea!
Gracias por vuestra atención.
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