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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2004
Junio
Secciones

San Cristobal de las Casas, Chiapas. México No.20 Junio,2004. |
Un teólogo desvela la dimensión eucarÃstica de MarÃa en la «Pasión» de Gibson
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Para profundizar en los aspectos más relevantes de la pelÃcula «La Pasión de Cristo», ZENIT ha entrevistado al padre Jesús Castellano Cervera, carmelita descalzo, presidente de la Pontificia Facultad Teológica Teresianum, especialista en estudios marianos y consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
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Autor: zenit.org
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Fecha de publicación: 28/05/2004 18:36
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--La pelÃcula «La Pasión de Cristo» representa la EucaristÃa, uno de los misterios centrales del cristianismo. Lo hace en el momento culminante del sacrificio de Jesús con un «flashback» que remite a la ceremonia del pan y del vino. ¿Cuál es su valoración de esta representación cinematográfica de la EucaristÃa?
--P. Castellano Cervera: Considero esta intervención muy oportuna. Los Evangelios sinópticos y Pablo relatan la Cena antes de la Pasión, como es sabido, y en ella la institución de la EucaristÃa, mientras Juan, que no narra la institución eucarÃstica, envuelve de sentido eucarÃstico toda la Cena, desde el lavatorio de los pies (Jn 13) a la oración sacerdotal (Jn 17).
La Cena forma parte de la Pasión de Cristo. Entregando su cuerpo que debe ser crucificado y la sangre que debe ser derramada para la remisión de los pecados, Jesús instituye el memorial de su Pasión y muerte redentora, realiza una acción profética, indica el conocimiento de lo que está a punto de ocurrir en el tramo final de su vida.
En la pelÃcula, esta vuelta atrás une la Pasión con cuanto Jesús llevó a cabo en la Cena. Por una parte indica que en la Pasión se realiza cuanto Cristo habÃa anticipado. La Cena mira hacia la Cruz.
Y a la vez nos recuerda que de aquel hecho histórico, que sucedió una vez para siempre en la Cruz, la celebración eucarÃstica --«Haced esto en memoria mÃa»-- es una «re-presentación», en el sentido fuerte de una «presencia sacramental».
Pero la llamada a la Cena y a la institución de la EucaristÃa en el momento de la muerte en la cruz confiere un gran realismo tanto a las palabras de Jesús en la última Cena –cuando anticipa ya sacramentalmente su sacrificio y su ofrecimiento— como también al realismo del sacrificio eucarÃstico como don total, doloroso y a la vez lleno de amor obediente al Padre y de donación sacrificial a nosotros.
No hay duda: el realismo de la Pasión pone de relieve el «precio» del don del sacrificio eucarÃstico, aun diciendo con el Concilio de Trento que en la EucaristÃa se hacen presentes «la victoria y el triunfo de su muerte» (sess. XIII, cap. 5).
--Un sacerdote ha reconocido que la pelÃcula de Gibson le ha permitido comprender más a fondo el sacramento de la EucaristÃa, en cuanto al significado del sacrificio y de la sangre derramada para lavar el pecado de los hombres. ¿Qué opina?
--P. Castellano Cervera: Me parece justo. Existe siempre el peligro de trivializar la EucaristÃa cuando no se mide con el amor con que Cristo la instituyó por nosotros, cuando no se pone en relación con el sacrificio de su muerte y cuando no se celebra como memorial del amor de Cristo por su Iglesia y por toda la humanidad.
El sacerdote que actúa en la persona de Cristo no puede no vivir la celebración buscando identificarse con sus sentimientos, como indican también las palabras del Misal.
Un modo justo de celebrar la Misa, de bendecir al Padre, pedir el EspÃritu, ofrecer el sacrificio de Cristo y ofrecerse uno mismo y la Iglesia, junto con la vÃctima santa e inmaculada, es capaz de crear también en la asamblea un sentido del misterio, y llevarla en el ofrecimiento vivo del sacrificio eucarÃstico, en comunión con Cristo que se ha ofrecido y sigue ofreciéndose por nosotros. Para después vivir la existencia como un ofrecimiento de amor que busca pagar el amor recibido, si es necesario, como han hecho los mártires, hasta la entrega de la vida.
--Al margen de polémicas, los crÃticos comparten el hecho de que ninguna otra pelÃcula habÃa presentado nunca de forma tan precisa la figura de MarÃa. La Madre de Jesús vive el drama y el dolor de la Pasión, aún sabiendo que se está realizando el proyecto de salvación. ¿Qué le gustarÃa comentar a propósito de esta interpretación?
--P. Castellano Cervera: Es justa esta observación. La presencia histórica de MarÃa a los pies de la Cruz, según el Evangelio de Juan, es la clave para entender que la suya fue una constante, viva y participada cercanÃa al Hijo en su hora, la del Hijo y la suya, desde la Cena hasta la Cruz.
MarÃa no estaba allà por casualidad, sino porque habÃa seguido los pasos de su Hijo, como fiel discÃpula y Madre. La pelÃcula tiene plena razón al dejarla ver en diversos momentos del itinerario de la Pasión. No es una Madre que se echó atrás ante la condena de su Hijo.
Ella está totalmente del lado de Jesús. Pero su presencia humana, el dejarse ver por Jesús, como muestra la pelÃcula, lleva un mensaje. MarÃa quiso hacer presente al Hijo su participación, la conciencia de vivir en profunda comunión con Él, lo que tantas veces tal vez reveló a la Madre, más o menos explÃcitamente: su pasión, muerte y resurrección
Es una presencia partÃcipe de comunión, de compasión, de materna asociación, en el realismo de estar cercana, de dejarse ver, de presentarse también sin miedo como la Madre de aquel Hijo condenado.
Cuanto sucede a los pies de la Cruz, según Juan, es expresión verdadera de lo que ha ocurrido en el camino de la cruz. MarÃa ha acompañado al Hijo en su agonÃa. Y ha esperado su resurrección hasta el tercer dÃa.
--Una de las escenas más impactantes de la pelÃcula está en el momento en que, a los pies de la Cruz, MarÃa dice a Jesús: «Es cuerpo de mi cuerpo, sangre de mi sangre». Y en estas palabras se esconde el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. ¿Qué dice al respecto?
--P. Castellano Cervera: No sólo es una referencia al misterio de la Encarnación de la que MarÃa es testigo desde el principio hasta el final, desde la concepción hasta la Ascensión. En el drama de la Pasión, MarÃa indica que aquella carne que sufre y aquella sangre derramada en la flagelación, a lo largo del camino del Calvario y en la Cruz, es carde de su carne y sangre de su sangre.
En el fondo afirma que existe una «compasión» de la Madre, que siente en su carne y en su sangre cuanto sufre su Hijo, como si cada dolor fuera vivido y sufrido por Ella, con una exquisita sensibilidad materna. Lo sabÃa. Lo habÃa oÃdo de Simeón como profecÃa. Pero ahora lo vivÃa con un realismo tal vez inimaginable.
También en el enlace carne/sangre de la Pasión y de la EucaristÃa, propia de la pelÃcula, existe una referencia a la dimensión eucarÃstica de MarÃa, «mujer eucarÃstica». Es de AgustÃn la frase: «Caro Chirsti, Caro Mariae» [«la carne de Cristo es la carne de MarÃa», ndr], referida en primer término a la Encarnación y como consecuencia a la EucaristÃa.
--Hay quien la ha calificado de antisemita, anticristiana o demasiado violenta. ¿Cuál es su valoración de la pelÃcula de Gibson?
--P. Castellano Cervera: No se la puede acusar de antisemitismo. Quien hace un bochornoso papel en la pelÃcula son los romanos, especialmente los soldados, verdugos terribles y despiadados.
Los Evangelios me parecen, sumado todo, más sobrios respecto a los dolores fÃsicos. Para Lucas es más fuerte el dolor y la angustia en GetsemanÃ, que es un dolor espiritual, pero que se vuelca también en el cuerpo con un sudor de sangre.
Echo de menos en la Pasión el énfasis de la oración sacerdotal de Jesús (Jn 17), verdadero ofrecimiento eucarÃstico de Cristo de su pasión y muerte por la unidad de todos. No encuentro en forma adecuada la traducción, en lenguaje apropiado, del gran dolor existencial expresado por las palabras «agudas», como las define H. Urs Von Balthasar: «Dios mÃo, Dios mÃo, ¿por qué me has abandonado?».
La resurrección merecÃa algo más. Es la respuesta del Padre a Jesús y a nosotros del enigma de la Pasión. La fuerza salvÃfica de la Resurrección hace entender el sentido de la efusión de sangre y de la entrega de la vida. Sangre y agua brotaron del corazón de Cristo. Sangre de la redención, pero también EspÃritu Santo de la salvación y de la vida del Resucitado comunicada a nosotros.
Tenemos necesidad, como testimonia el Evangelio, de un Cristo que vuelve de la muerte con las llagas gloriosas para decir: «La paz sea contigo». Y de oÃr que exhala sobre los apóstoles, como dice Juan, para comunicar su EspÃritu vivificante. Es asà que se cumple y se manifiesta «el triunfo de su muerte».
ZS04050501
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