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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2003
Abril
Editorial
He pensado mucho la temática para este número... que si nos pronunciamos en contra de la guerra, que si hacemos un llamado a la paz, que si... bueno. Pero si por ventura hemos tenido la gracia de contar contigo como lector, sabrás que nos esforzamos por ser siempre portadores de esperanza, viviendo en el mundo sin ser del mundo.
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Gracias a Dios hemos cumplido ya un año de vida, y hemos incluido mes con mes temas relacionados con la justicia y la paz. Los periódicos y la televisión están llenos de noticias trágicas sobre el desempeño de la guerra, ellos serán sin duda una mejor fuente relatora. Empero, sus elementos causales y formas de contrarrestarla, sà serán motivo de esta “edición” que se enmarca en este tiempo litúrgico de Cuaresma, tiempo" fuerte" de oración, ayuno y fraternidad.
En cuanto a pronunciamiento oficiales de MATER UNITATIS, baste decir que cualquier acto de guerra es ajeno y contrario al Evangelio de Cristo; y que cualquier pronunciamiento bélico en nombre de Dios es una incongruencia, una penosa y atroz aberración. Asà mismo, la “guerra preventiva” es tan ineficaz y destructivo como dos “lÃderes” fundamentalistas ignorantes de la historia y prófugos de la razón. Y si bien existen los conceptos de “guerra justa” y la “legÃtima defensa”, es mejor trascender y vivir el Evangelio del Amor que anuncia el perdón total.
No basta conocer las escrituras, que Satanás y sus huestes –momentáneamente desatadas- las conocen mejor que muchos, ¡hay que vivirlo! ¡Si nuestras Parroquias, Instituciones y Movimientos no viven y generan procesos internos de conversión entre sus miembros, simplemente no viven! No nos quejemos después de lo que sucede a nuestro alrededor. Comencemos está revolución de la paz renovándonos primero nosotros; “un ciego no puede guiar a otro ciego”.
La Cuaresma es la preparación de la Pascua. “Si Cristo no hubiera resucitado, los cristianos serÃamos los seres mas tristes del planeta”, solÃa decir nuestro fundador el Cardenal Van Thuan. En Jesús, el Cristo, radica nuestra esperanza, en que ha vencido a la muerte, y que a través del bautismo nos hace participes de ese poder. La muerte –la guerra- no tiene potestad sobre el bautizado; la muerte será pues, como dice San Pablo: “una ganancia”.
Conviene en este especialÃsimo tiempo profundizar nuestra vida de oración, encuentro privilegiado con aquel que nos ama. En la oración dialogamos Ãntimamente con nuestro Padre de dulzura, el Señor, dejando que la gracia divina bañe inefablemente todo nuestro ser. MarÃa es modelo de oración, se abre al EspÃritu, cooperando ella con su fiat libre, generoso y renovado (ver Lc 1,38). Si hay guerras es porque el hombre se ha alejado de Dios, le ha dicho: “no te necesito”.
Nuestro episcopado, a través de www.aciprensa.com nos recomienda: “... debemos intensificar la escucha y la meditación atenta a la Palabra de Dios, la asistencia frecuente al Sacramento de la Reconciliación y la EucaristÃa, lo mismo la práctica del ayuno, según las posibilidades de cada uno”. No menospreciemos el poder de la oración y el ayuno, nadie es mas poderoso que aquel que ora. «No es la oración la que ha fallado –para evitar la guerra-, sino la razón» , enuncio recientemente el cardenal Tucci.
«Nuestra época está influenciada, lamentablemente, por una mentalidad particularmente sensible a las tentaciones del egoÃsmo, siempre dispuesto a resurgir en el ánimo humano. Tanto en el ámbito social, como en el de los medios de comunicación, la persona está a menudo acosada por mensajes que insistente, abierta o solapadamente, exaltan la cultura de lo efÃmero y lo hedonÃstico», advierte S.S. Juan Pablo II; y la vez, nos ofrece una frase de reflexión para esta Cuaresma: "Hay mayor felicidad en dar que en recibir" (20,35). Aclara que «no se trata de un simple llamamiento moral, ni de un mandato que llega al hombre desde fuera. La inclinación a dar está radicada en lo más hondo del corazón humano: toda persona siente el deseo de ponerse en contacto con los otros, y se realiza plenamente cuando se da libremente a los demás.», nos recuerda paternal el sabio pontÃfice.
«Al hombre de hoy, a menudo insatisfecho por una existencia vacÃa y fugaz, y en búsqueda de la alegrÃa y el amor auténticos, Cristo le propone su propio ejemplo, invitándolo a seguirlo. Pide a quién le escucha que desgaste su vida por los hermanos. De tal dedicación surge la realización plena de sà mismo y el gozo, como lo demuestra el ejemplo elocuente de aquellos hombres y mujeres que, dejando sus seguridades, no han titubeado en poner en juego la propia vida como misioneros en muchas partes del mundo... Lo verifica el creciente número de voluntarios, que con inmediata disponibilidad se dedican a los pobres, a los ancianos, a los enfermos y a cuantos viven en situación de necesidad... Para los "alejados", el servicio a los pobres puede ser un camino providencial para encontrarse con Cristo, porque el Señor recompensa con creces cada don hecho al prójimo (cf. Mt 25,40).» S.S. Juan Pablo II.
Deseamos de todo corazón que la Cuaresma sea para todos un perÃodo para difundir y testimoniar el Evangelio de la Esperanza, el siempre actual Evangelio del Amor. Asà construiremos la paz.
¡MarÃa Madre de la Unidad, llévanos dóciles y fieles al Buen Pastor.!
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