Dedicado a un hermano, a un hombre que busca y encuentra.
Antecedentes y Supuestos
“Inteligencia” y “felicidad” son conceptos muy amplios, imposibles de agotar y acotar en este espacio. La intención de estas lÃneas es pues una pronta pero no menos profunda aproximación.
Dios le dio a la persona humana cuatro cualidades que, lo hacen semejante a Él y superior al resto de las criaturas, para alcanzar la felicidad: inteligencia (descubre un bien.), voluntad (quiere conseguir ese bien), libertad (decide alcanzar ese bien), capacidad de amar (es la capacidad inteligente, voluntaria y libre de darse uno mismo al prójimo, de entregarse totalmente a los demás sin poner condiciones).
Frente a lo racional tendrÃa la primacÃa la experiencia, concreta, sensible; el conocimiento que se manifiesta en los sentimientos Ãntimos; el conocimiento mÃstico, o aquel que va más allá de lo racional que se llega por el amor humano o por la experiencia religiosa. De estos niveles de conocimiento, lo racional quedarÃa excluido.
Fe y Razón, una lectura a la luz del Magisterio de la Iglesia.
Examinando en una perspectiva histórica tanto el racionalismo como el fideÃsmo, es claro que se necesita “una fuerte alianza entre la razón y la fe, las dos alas con las que el espÃritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad” (Cardenal Poupard). Y al respecto escribió S.S. Juan Pablo II que la fe y la razón se enriquecen mutuamente en el descubrimiento de las múltiples dimensiones de la verdad.
Esta vida de fe es un acontecimiento divino que nos transforma y se opone incluso a nuestras pretensiones y a nuestros valores. El Señor cambia siempre nuestras pretensiones y abre nuestros corazones.
Pero la razón esta distorsionada en los casos patológicos, por ello, es humanamente difÃcil para ellos, la búsqueda de la verdad.
Sólo hemos descubierto el Amor, y asà la felicidad, si hemos descubierto el rostro de Dios. Esto debe motivarnos a una constante conversión basada en una convicción interior, de lo contrario no serÃa una verdadera conversión.
El destino del hombre según el cristianismo, es aprehender la verdad aquà abajo, por medio de la inteligencia, aunque sea de modo oscuro y parcial, mientras espera verla en su completo esplendor. Verdaderamente, lejos de despreciar el conocimiento, lo acaricia: intellectum valde ama.
Lo aquà escuetamente descrito, sólo introduce a nuestro tema que es por demás extenso. Lo que aquà se pone en cuestión es el alcance de la inteligencia humana, la capacidad de la inteligencia humana de llegar a Dios. Y para ello se apela al hombre de hoy, un hombre que quizás no ve siquiera el sentido de trascender su existencia concreta para elevarse hasta el conocimiento del Creador, y por tanto, a su felicidad.
La inteligencia es entonces, capacidad necesaria pero no suficiente para alcanzar la felicidad.
AsÃ, hay que dar la razón a Étienne Gilson cuando dice con santo Tomás que el intelecto es la creación más maravillosa de Dios; pero eso no significa en absoluto ceder a un racionalismo ni a un fedeÃdismo unilateral.
Termino con una frase de santa Teresa: “los momento de felicidad [en esta vida] son pocos, y se riega con lágrimas”.