Encontrado en: http://materunitatis.org/article/articleprint/678/-1/287/ |
Editorial - Semillas de Verdad |
Parece que no es raro encontrar quienes aún sostienen que razón y fe son mutuamente excluyentes.
Es común que, con ánimo de descrédito, se acuse a la Iglesia y a sus fieles de “dogmáticos” (como si quién acusa y reprueba desde una posición diferente no lo fuera) al exponer o defender la vida o la Verdad. O qué tal del célebre estrambótico “hablemos sin ideologÃas”; como si el ethos o el universo de lo que influye en la formación –o deformación- de nuestras conciencias quedare en el dominio del realismo fantástico. O las muchas veces históricamente infundada acusación de la censura que se asegura la Iglesia Católica impuso a tantos grandes pensadores.
Recordemos que los apologistas tempranos (que pasaban por cristianos ignorantes) carecÃan de un respaldo filosófico que les permitiera blandir los embates del paganismo ufanado de su acerbo literario. ¡Qué difÃcil para ellos conciliar revelación con filosofÃa, teologÃa o ciencia! Aún amparados bajo el argumento de que Platón y los otros griegos era por inspiración del Logos.
San Bacilio, OrÃgenes, San AgustÃn, trabajaron en un hipótesis calculada no sólo para acallar a un oponente pagano, sino también para trabajar constructivamente la creencia de que los dos órdenes de la verdad, el natural y el sobrenatural, deben armonizar. Es la inspiración de la actividad intelectual en la época patrÃstica. Pero esa época hizo poco por definir los lÃmites de los dos campos de la verdad .
Juan Escoto Eriugena en el siglo IX, propuso que “toda verdad es teofanÃa”. Abelardo, en el siglo XII, trató de bajar la teologÃa al nivel de la filosofÃa, e identificar a ambos en un sistema racionalista . Pero no fue sino hasta Santo Tomas de Aquino y los escolásticos del siglo XIII que resolvieron el problema para siempre concerniente a la especulación cristiana, mostrando que las dos son distintas ciencias y sin embargo concuerdan.
El largo camino recorrido de nuestra Iglesia en éste orden, ha generado a los largo de varios siglos numerosos texto de su Magisterio.
“El Padre apostólico, Clemente de AlejandrÃa, en sus obras ofrece al cristiano un camino para su madurez espiritual: es el mismo Cristo quien acompaña, educa y propone las enseñanzas más profundas. AsÃ, el bautizado, con actitud de búsqueda y guiado por la divina gracia, puede llegar a conocer las verdades de nuestra fe. Este conocimiento es una forma de comunión, una unión de amor con el Logos, con el Verbo encarnado.
El hombre, según Clemente, creado a imagen y semejanza de Dios, no puede alcanzarlo sólo por medio de la razón, sino que son necesarias también las virtudes, especialmente dos: la libertad frente a las pasiones y el amor, que asegura la unión Ãntima con Dios y su contemplación. De este modo se conjuga el ideal ético de la filosofÃa griega con el mensaje cristiano, considerándola como ámbito de revelación del Logos, lo cual permite al hombre alcanzar las “semillas” de la verdad. Viendo, además, la relación Ãntima que hay entre la sabidurÃa teológica y el saber filosófico, puede servir de ejemplo a los cristianos que hoy quieren también “dar razón” de su propia fe en Jesucristo.” S.S. Benedicto XVI.
Dicen que: “sólo se ama lo que se conoce”. Si es asÃ, un católico que dice amar verdaderamente a Jesucristo tiene la grave obligación de formarse. Biblia, Tradición, y Magisterio, ¡qué riqueza extraordinaria!
“Si quieres progresar rápidamente y con seguridad en el camino de la esperanza, tendrás que adquirir conocimientos […] Para revolucionar el mundo necesitas la gracia de Dios; pero tendrás también que ser un instrumento eficaz” .
“¿Por qué está la Iglesia en crisis? Porque se desprecia la oración” . “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4, 4). “El cuerpo de Dios, la Palabra de Dios, la oración de Dios. Sin esto no hay vida en el EspÃritu” .
"Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón estará insatisfecho hasta que descanse en ti". "Señor, que todo mi corazón se inflame con amor por ti; haz que nada en mi me pertenezca y que no piense en mi; que yo queme y sea totalmente consumido en Ti; que te ame con todo mi ser, como incendiado por ti" (San AgustÃn, Comentario al salmo 138).
Unidos en la oración. ¡Dios te bendiga!
Ricardo Fco. Padilla Castillo