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El Espíritu Santo nos lleva al Padre


Nivel superior En el camino de la esperanza 2007 Mayo Artículos

No solamente nos lleva al Verbo el Espíritu Santo, sino también al conocimiento, al amor, al reposo del Padre. En esta devoción al Padre se consuma la devoción al Espíritu Santo

El amor no se comprende sin la unidad: el amor eterno es la unidad inefable, que enlaza al Padre y al Verbo, que los funde, diríamos en nuestro lenguaje, en un ósculo infinito de amor. El amor creado es inmensa aspiración de unidad que se consuma cuando se pierde en el océano infinito de la unidad de Dios.

Por eso la caridad se consuma cuando el alma entra en la unidad de Dios, en el gozo del Señor; por eso la primera y la última aspiración del alma enamorada se expresa en el primer versículo del Cantar de los Cantares: “Osculetur me osculo ori sui” (Béseme con el beso de su boca). La boca del Padre es el Verbo; el beso de su boca es el Espíritu Santo. Por ese ósculo misterioso toda la Trinidad se comunica al alma y el alma se comunica a toda la Trinidad. La consumación de la unidad, que es la consumación del amor, consiste en que el alma transformada en Jesús repose en el seno del Padre, en la unidad del Espíritu Santo.
He aquí tres etapas divinas del divino amor: el alma es poseída por el Espíritu Santo; el alma es transformada en el Verbo hecho carne; el alma descansa en el seno del Padre celestial. Son tres aspectos de un mismo amor, son tres formas de una misma devoción, son tres profundidades de un mismo abismo de vida y de felicidad.

No se puede poseer al Espíritu Santo sin llevar en el fondo del alma esa aspiración al Padre tan natural en lo sobrenatural, tan lógica en la vida de la gracia, como es lógica y natural la elevación de la llama hacia lo alto, la tendencia del agua hacia el océano, y en una palabra, la intima inclinación de todo lo que existe a buscar en su principio su consumación y su descanso.

El Padre es Principio. “Totius divinatis, vel, si melius dicitur deitatis principium Pater est, dice san Agustín. El Padre es el principio de toda la divinidad, o si mejor se expresa, de toda la deidad”. Y aunque el ser principio del universo es algo común a las tres divinas Personas, por apropiación se atribuye al Padre.
Y porque el Padre es principio, es también término, en quien todo encuentra su consumación y su descanso.

La caridad que el divino Espíritu derrama en nuestros corazones lleva en su seno una inmensa aspiración al Padre.

Ni puede tampoco transformarse en Jesús sin aspirar inefablemente al Padre. Ser Jesús, es llevar en su corazón los íntimos sentimientos de Jesús, y ¿no es el Corazón de Jesús una divina aspiración al Padre?
Todo el Evangelio lo atestigua: el ideal de Jesús es glorificar al Padre; su pasión es amarlo; su alimento es hacer la voluntad del Padre. Y el alma transformada en Jesús tiene el mismo ideal, la misma divina pasión y el mismo alimento celestial de Jesús.
La devoción al Padre es pues, lógica consumación de la devoción al Espíritu Santo.


Bibliografía
Monseñor Luis M. Martínez, “El Espíritu Santo”, Editorial La Cruz 1944, página 122-124.

 

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