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Editorial Pascua 2007 |
La resurrección de Cristo constituye el fundamento de la esperanza del cristiano en la vida eterna. «Él es la "irradiación de la gloria" del Padre. Es el Hijo en el sentido pleno y, por tanto, la perfecta presencia de Dios en medio de la humanidad […] Él es la luz y la vida, como proclama san Juan en el prólogo de su Evangelio: "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres"», S.S. Juan Pablo II.
La resurrección es acontecimiento histórico y trascendente. El acontecimiento histórico es el que transforma la naturaleza de la historia misma, al abrir a la humanidad a la vida de una relación vivificante con Dios, que nos constituye como "una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo" (2 Co 5,17-18). El mismo san Pablo, recordando la dicha de la salvación restaurada, exclama: “Del mismo modo que por Adán la muerte entró en el mundo, así también por Cristo ha sido restablecida la salvación en el mundo”; y también: “El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo es del cielo”. Y aun añade: “Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, esto es, del hombre viejo, pecador, seremos también imagen del hombre celestial, esto es, del reconocido por Dios, del redimido, del restaurado”. Esforcémonos, por tanto, en conservar la salvación que nos viene de Cristo,
Pero el Espíritu de vida no puede venir mientras el hombre esta bajo el dominio del pecado. Todo bautizado está llamado a ser testigo de esperanza, a defender la vida. Con golpes bajos y críticas, no avanzamos. “Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta”. Tenemos la gracia, pongamos nuestra voluntad cambiar lo que es contrario al Evangelio de Vida. La cruzada contra la vida y la familia, es una obra maligna que encuentra adeptos entre las conciencias y almas divorciadas de Dios. Nuestra respuesta, particularmente de los mexicanos, que luchamos contra la despenalización del aborto, debe ser en este momento, consistente, inteligente y contundente. No podemos dar concesiones al mal.
La resurrección es posible, es la presencia perfecta de Dios entre nosotros. Cristo nos necesita para derrotar el pecado, la muerte, la injusticia, la mentira, la envidia, la corrupción, la enfermedad, las divisiones y la soledad. No estamos solos. Y como escribe san Juan: “¡Ánimo! Cristo ha derrotado la muerte.”
¡Felices Pascuas de Resurrección!