¿En verdad alentamos la posibilidad de ordenar como sacerdotes a diáconos permanentes casados?
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Algunos medios informativos han difundido una carta que, desde septiembre pasado, me escribió el Cardenal Francis Arinze, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, y que acaba de publicar su revista oficial, Notitiae. En ella me transmite la palabra de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre el No. 58 de nuestro Plan Diocesano de Pastoral y sobre el Directorio para el Diaconado Permanente, que deben ser corregidos, pues contienen “graves ambigüedades doctrinales y pastorales“.
¿En verdad alentamos la posibilidad de ordenar como sacerdotes a diáconos permanentes casados?
JUZGAR
El 1 de octubre de 2005, en la Reunión Interdicasterial que tuvimos en Roma, en presencia de varios cardenales y obispos, me preguntaron sobre el No. 58 de nuestro Plan, que decÃa en su versión original: “Iluminados por el EspÃritu y guiados por el Magisterio de la Iglesia universal, escuchar con atención y discernir la solicitud de algunas comunidades para que diáconos indÃgenas casados puedan ser admitidos a la ordenación sacerdotal, previa formación conveniente, dispuestos a asumir en la fe la decisión de la Santa Sede”.
Segundo: Nuestro No. 58 pedÃa discernir tal solicitud, guiados por el Magisterio de la Iglesia universal. Este discernimiento implica analizar las razones de su petición y, al mismo tiempo, confrontarla con el Evangelio y con la doctrina de la Iglesia. Al hacerlo, somos conscientes de que nuestra Iglesia, avalada por la experiencia de siglos y guiada por el EspÃritu, está por el celibato como condición para el sacerdocio, aunque no se pueden negar excepciones que los mismos Papas han hecho en casos particulares. Yo estoy convencido de la bondad del celibato sacerdotal y nunca abogarÃa por su no obligatoriedad. Al discernir, pues, la solicitud, estábamos seguros de la negativa.
Tercero: Afirmábamos estar dispuestos a asumir en la fe la decisión de la Santa Sede, porque nada harÃamos fuera de esta comunión eclesial con Pedro y bajo Pedro. Era, por tanto, otro “candado” que nosotros mismos nos ponÃamos. Se nos dijo en Roma que, pues su respuesta serÃa negativa, esta expresión hace aparecer a la Santa Sede como intransigente e incomprensiva. Para nosotros sólo querÃa indicar nuestra disposición a acatar siempre lo que Roma decidiera.
Desde hace más de un año hicimos el cambio y lo enviamos a Roma; lo reenviamos en otros escritos; lo remitimos nuevamente en septiembre pasado, y esperamos el juicio que se emita al respecto. No cambiamos la primera parte del texto, porque debemos seguir escuchando a nuestro pueblo, pero insistimos en la necesidad del celibato sacerdotal.
ACTUAR
Debe quedar muy claro, y lo repito con insistencia: No alentamos la expectativa “de un diaconado permanente orientado hacia el sacerdocio uxorado (casado)”. No promovemos el sacerdocio de diáconos casados. Escuchamos peticiones de algunos fieles en ese sentido, pero no alentamos tal esperanza. Los diáconos permanentes son permanentemente diáconos, y no los encaminamos al presbiterado.
Agradecemos a la Santa Sede su preocupación por nuestra diócesis y valoramos su servicio por que se conserve la ortodoxia; pedimos sinceramente nos disculpen por los dolores de cabeza que les damos. Pero tenemos la obligación pastoral de hacerles llegar las inquietudes de nuestro pueblo, de dialogar y aclarar lo que consideramos que no corresponde a la realidad, y de proponer soluciones a las necesidades concretas de nuestras Iglesias locales.
Desde hace tiempo estamos haciendo la revisión de algunos contenidos del Directorio Diocesano para el Diaconado Permanente, elaborado por mis antecesores, para que concuerde con los respectivos Directorios Nacional y Universal.
Reitero mi plena comunión con la Santa Sede y mi obediencia al Sucesor de Pedro, con la decisión sostenida de servir al Señor y a su Iglesia, en orden al Reino de Dios.