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EDITORIAL - Dios con nosotros… conmigo. |
“Por la entrañable misericordia de nuestro Dios”, se me adelantó la Navidad. Se trataba de “Dios con nosotros”, Dios conmigo, el Emmanuel.
En dÃas recientes fue diagnosticado con bronconeumonÃa. La prescripción médica fue clara: “reposo total, al menos por tres semanas”. Mi estado era delicado, me dieron la opción de hospitalizarme o encontrar un alma generosa que se encargara de cuidarme. La Providencia me concedió la segunda, un alma caritativa, mi amiga y hermana Martha Sophia Sosa me recibió generosamente en su hogar. Martha, además de tener la virtud de inyectar con apreciable suavidad, es ministro extraordinario de la EucaristÃa. Lo que mi Padre Bueno tenÃa preparado para este siervo maltrecho, es una prueba más de su infinita misericordia.
Reconozco que he sucumbido a la tentación de la actividad febril, y que durante el perÃodo de sosiego obligado, revaloré muchas cosas. Confieso también que venÃa tomando decisiones inadecuadas (inconcientemente) para el rumbo de nuestro Movimiento. Y que decir de mis infidelidades e indiferencias…
A la mañana siguiente a mi arribo, asomó Martha con los brazos cruzados a la altura de pecho, con una sonrisa contenida, con aires de complicidad. Susurrando me pidió que dispusiera de un espacio para un altar temporal. Asà lo hice con toda diligencia. Entonces Martha descubrió al visitante, lo deposito en primer plano del altarcito sobre un blanco corporal, era… ¡Jesús eucarÃstico! Llegó silenciosos y humilde hasta mi habitación, pero no menos grandioso y omnipotente. ¡Que momento glorioso! ¡Qué gracia inmerecida! Me sentÃa revivir el Misterio de la Visitación, guardando toda proporción…
“Por la entrañable misericordia de nuestro Dios”, se me adelantó la Navidad. Se trataba de “Dios con nosotros”, Dios conmigo, el Emmanuel.
Pase dos semanas como en retiro, siempre acompañado de mi Señor. ¡Qué paz! ¡Qué profundos sus designios! ¡Qué misericordia la suya! “El permanece fiel, a pesar de nuestras infidelidades.”
A la entrada de nuestro oratorio de Mater Unitatis en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, tenemos un letrero con una leyenda de nuestro Santo Padre que desparrama con sabidurÃa una verdad frecuentemente olvidada: “La adoración no es un privilegio, sino una prioridad”.
Quiero terminar compartiendo este luminoso texto, neta de netas, que S.S. Benedicto XVI difunde como auténtico testigo de esperanza, y que se manifiesta con toda su fuerza reveladora durante el tiempo de Navidad:
“¿Cuál es la «verdad» que Cristo vino a testimoniar al mundo? Toda su existencia revela que Dios es amor: esta es, por tanto, la verdad de la que dio pleno testimonio con el sacrificio de su misma vida en el Calvario. La Cruz es el «trono» desde el que manifestó la sublime realeza de Dios Amor: entregándose en expiación por el pecado del mundo, derrotó al dominio del «prÃncipe de este mundo» (Juan 12, 31) e instauró definitivamente el Reino de Dios. Reino que se manifiesta en plenitud al final de los tiempos, después de que todos los enemigos, y por último la muerte, hayan sido sometidos (Cf. 1 Corintios 15, 25-26). Entonces, el Hijo entregará el Reino al Padre y finalmente Dios será «todo en todos» (1 Corintios 15, 28). El camino para llegar a esta meta es largo y no es posible tomar atajos: es necesario que toda persona acoja libremente la verdad del amor de Dios. Él es Amor y Verdad, y tanto el amor como la verdad no se imponen nunca: tocan a la puerta del corazón y de la mente y, allà donde pueden entrar, ofrecen paz y alegrÃa. Esta es la manera de reinar de Dios; este es su proyecto de salvación, un «misterio», en el sentido bÃblico del término, es decir, un designio que se revela poco a poco en la historia.”
Es nuestro mayor deseo que ese encuentro con el Dios-hombre sea una diaria realidad.
Muchas gracias por la gentileza de leernos un año más, y vale, que sean otro más, al menos, eso si Él nos lo permite.
¡Feliz Navidad!
Unidos en la oración. ¡Dios les bendiga!