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El Gozo del Don del Momento Presente
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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2006
Septiembre
Articulos
En estos momentos tenemos siempre mucho trabajo y poco tiempo para reflexionar y meditar, la televisión, el fax y el teléfono nos molestan continuamente.
Creo que hay buscar algo sencillo para nuestra santidad. En nuestra vida de bautizados tenemos un tesoro muy rico e importante, pero que no apreciamos: El momento presente.
Todo lo poseemos, y cuanto más avanzamos en la vida y profundizamos en nuestra vida espiritual, más vemos lo importante que es el momento presente. Es un elemento clave de la vida espiritual, no sólo para los católicos, sino también para las demás religiones, tanto para los budistas como para los musulmanes.
Los budistas dicen que la gente le pregunta a Buda por qué sus discÃpulos comen una sola vez al dÃa y están contentos. Buda responde que ellos no piensan en el pasado porque ya pasó; no piensan en el futuro porque aún está por llegar; piensan solo en el presente, y por eso se contentan con una sola comida.
En el libro de oración de los musulmanes está escrito: cuando es de noche no esperes a la mañana y cuando es de dÃa no esperes a la noche.
Cuento mi experiencia. Cuando era joven me impresionó mucho lo que habÃa dicho Santa Teresa del Niño Jesús sobre el momento presente, pero aún no le habÃa practicado en profundidad.
La noche de la Asunción de 1975, como ya he contado, me detuvieron en el palacio de la presidencia y me llevaron a una parroquia cerca de las montañas, a quince kilómetros del obispado. Iba en coche con dos policÃas. Nos precedÃa un tanque y nos seguÃa un coche con soldados. Solo llevaba conmigo el hábito de talar, algunos papeles, un pañuelo y el rosario. Me di cuenta de que no tenÃa ninguna posibilidad de decisión, y me acordé de un obispo americano que estuvo prisionero en China y que, cuando lo soltaron, no podÃa caminar. Cuando llegó a América lo entrevistaron, y lo primero que dijo fue que se habÃa pasado el tiempo esperando.
En la cárcel, todos esperan ser liberados en cualquier momento, pero yo me dije mientras me llevaban que era una ilusión esperar volver a Roma y tener un trabajo importante, porque lo más probable en las condiciones en que me encontraba era que me llegase la muerte.
DecidÃ, pues vivir el momento llenándolo de amor, pero no era fácil poner en práctica esta decisión.
Cuando llegué a la diócesis, vi a la policÃa por todas las partes, todo lo habÃan quemado y confiscado, ya no habÃa Biblias ni textos espirituales, y las religiosas, expulsadas de sus conventos, trabajaban en los campos. Esta situación me atormentaba, pero una noche me surgieron que escribiera cartas, como hizo San pablo cuando estaba prisionero.
Al dÃa siguiente llamé a un niño y le pedà que le dijera a su madre que me diera papeletas de calendarios viejos y me los trajera por la noche. Asà empecé a escribir esa noche con la lámpara de petróleo y el tormento de los mosquitos. A la mañana siguiente le entregaba las hojas al niño diciéndole que se las diese a sus hermanas para que la copiaran y las guardaran.
El 18 de marzo, vÃspera de San José, me detuvieron de nuevo y me aislaron, pero lo que habÃa escrito se publicó mientras estaba preso sin que yo lo supiera. El tÃtulo de aquel libro es: “El camino de la Esperanza”.
Dos años después dado que estaba en pésimas condiciones de salud, me sometieron a arresto domiciliario en el norte de Vietnam, donde no habÃa párroco desde hace diez años y la gente era poco practicante. Siempre me vigilaba una persona que al comienzo era dura conmigo, pero luego poco a poco, me tomó cariño y me ayudó.
VolvÃ, pues a escribir en la clandestinidad, y mis escritos se publicaron con el tÃtulo “El Camino de la Esperanza a la Luz de la Palabra de Dios y del Concilio”.
Luego escribà otro libro que salió en francés y español: “Peregrinos por el Camino de la Esperanza”.
El policÃa que me vigilaba, al final se volvió muy solidario conmigo, incluso compró papel para que escribiera, y cuando veÃa gente del sur, la traÃa a casa por la noche. Asà pude encomendarles el borrador de mi libro, que llevaron oculto bajo la ropa, a Vietnam del Sur, donde se publicó clandestinamente y sirvió de ayuda durante los años de persecución, sobre todo a los consagrados. El gobierno se enteró de la existencia de estos libros y ordenó a los obispos que lo quemaran, lo que constituyó la mayor publicidad para mis escritos e hizo que aumentaran mucho las ventas.
Cuando leà la vida de San Ignacio, le pedà al Señor una gracia a imitación del santo, a quien herido en el hospital le ayudó mucho la lectura de la “Imitación de Cristo”. Este libro está dividido en cuatro partes, que tratan del seguimiento de Jesús, la resistencia a la tentación, los sacramentos para fortalecer la vida, y la EucaristÃa.
El segundo libro que ayudó a Ignacio fue la vida de Jesús, y se puede hacer un paralelo con “La Esperanza No Defraudada”, porque en él está contenida la Palabra de Dios.
El tercer libro que ayudó a Ignacio fue la vida de los santos, que se puede comparar con “Peregrinos por el Camino de la Esperanza”, que contiene el testimonio de más de trescientas historias que se pueden utilizar en las homilÃas y en catequesis.
Los tres libros que he citado ayudaron mucho a Ignacio en su conversión, después de la cual fue a Montserrat a hacer un largo retiro y escribir los Ejercicios Espirituales.
Yo no habÃa pensado escribir ejercicios espirituales mientras estaba en la cárcel, pero el Papa después hizo que yo le escribiera. También yo, como Ignacio cuando estaba de retiro en Montserrat, tuvo momentos de desesperación, de rebelión y de alegrÃa.
Preguntémonos si es posible ser sacerdotes santos en el momento presente. Viviendo el presente es como se pueden cumplir bien los deberes de cada dÃa. Si todos lo hicieran en sus diferentes funciones, todo el mundo se verÃa transfigurado. Viviendo el presente es como las cruces se vuelven soportables, viviendo el presente se pueden comprender las inspiraciones de Dios, los impulsos de su gracia, viviendo el presente podemos construir con provecho nuestra santidad. DecÃa san Francisco de Sales que cada momento viene cargado de una orden y va a abismarse a la eternidad para fijar lo que hemos hecho con él.
Jesús nos ha pedido que vivamos bien cada minuto porque es santo quien es fiel en las cosas pequeñas. In modico Fidelis. Jesús dice: “Yo hago siempre lo que le agrada a mi padre”. Esto es el presente. Jesús también nos ha pedido que recemos siempre: Orate Semper.
Hay que llenar de amor el momento presente, con Dios y con todos. Se pueden hacer grandes cosas, predicar bien, enseñar bien, construir bien, pero es difÃcil hacerlo todo bien. Sólo en la santidad se puede hacer. Hacer la voluntad de Dios es el acto más inteligente y que más fruto da. El hombre se realiza a sà mismo en la comunión con Dios diciéndole sà a Él en cada momento de su vida.
El hombre se encuentra a sà mismo y toda su felicidad en su relación con Dios. Vivir el presente y trabajar mano a mano entre los dos. Es muy sabio transcurrir el tiempo que tenemos siguiendo perfectamente la voluntad de Dios y para hacer esto se requiere voluntad, decisión, pero sobretodo confianza en Dios que puede llegar hasta el heroÃsmo. Si no puedo hacer algo en una circunstancia determinada, o por una persona querida que esta en peligro, o enferma, puedo hacer lo que se requiere de mà en ese momento: estudiar bien, limpiar bien, rezar bien, atender bien a mis hijos.
Viviendo bien el presente sucederá como dijo Pablo: Vivit in me christus, y a través de Él lo puedo todo. No es fácil agradar siempre a Dios, no es fácil sonreÃr a todos siempre, no es fácil amar a todos en todo momento, pero si vivimos siempre en el presente, sin darnos cuenta somos nada para nosotros mismos y afirmamos con la vida la superioridad de Dios. Basta vivir en el amor.
Para hacer una lÃnea recta hay que hacer miles de puntos y si hacemos bien cada punto tenemos una hermosa lÃnea recta. Nuestra vida está formada por millones de minutos, si vivimos bien cada minuto tenemos la vida santa. No se puede ser santos a intervalos, no se puede vivir respirando a intervalos, por que es vital respirar siempre.
La Madre Teresa de Calcuta me escribió una cartea diciéndome, entre otras cosas, que lo importante no es el número de actividades que hacemos, sino la intensidad de amor que ponemos en cada acción.
Creo que sobre todo a nosotros, que tenemos siempre tanto trabajo, vivir el momento presente nos ayudará mucho.
¡Alabado sea Cristo!
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