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Editorial Septiembre 2005 |
¡Gracias, hermano Roger! En dÃas pasados retornó a la Casa del Padre un grande del ecumenismo, un testigo de esperanza, un hermano, un pacificador. Fundador de la comunidad Taizé, el hermano Roger respondió con generosidad el llamado de iluminar como un signo concreto de reconciliación entre cristianos divididos y pueblos separados.
Quienes se han dejado seducir por este carisma, han ido a vivir a lugares desfavorecidos del mundo para ser allà testigos de paz y para estar al lado de los que sufren, convirtiéndose en una presencia de amor.
Taizé no es un lugar de la lejana Francia –para nosotros los latinoamericanos-, es la cercanÃa de la unidad sobrenatural que se logra en la oración, fermento de paz que estrecha distancias, encuentro y reencuentro con el cristo doliente en el servicio –cristiano- a los pobres. Es además signo de los tiempos, pues la espiritualidad de la comunión es respuesta concreta y eficaz para un congruente testimonio cristiano que arrastra a la juventud al encuentro con lo divino, encontrando asà sentido a sus vidas.
Todo comenzó durante la segunda guerra mundial. Roger alcanzó los veinticinco años y deja su natal Suiza para ir a vivir a Francia. HabÃa sufrido una tuberculosis pulmonar, y mientras convalecÃa maduraba en él la llamada de fundar una comunidad donde la sencillez y la bondad del corazón serÃan vividas como realidades esenciales del Evangelio. Durante la guerra, y con medios muy modestos pero una caridad inquebrantable, salvó la vida a refugiados judÃos. Acogió también a niños que habÃan quedado huérfanos. En 1949 se consagran los primeros miembros que vivirÃan con pobreza, en celibato y en comunidad. Hoy la comunidad de Taizé reúne a unos cien hermanos, católicos y de diversos orÃgenes evangélicos, procedentes de más de veinticinco naciones.
Entre sus compromisos esta el de cuidar de los niños de la calle, de los prisioneros, de los moribundos, de aquellos que han sido heridos y marginados por los abandonos humanos.
Hombres de fe han sido testigos presenciales de la atracción sobrenatural de Taizé, tal es el caso de: S.S. Juan Pablo II, tres arzobispos de Canterbury, metropolitas ortodoxos, catorce obispos luteranos de Suecia, y numerosos pastores del mundo entero
A la fecha son ya varias generaciones de jóvenes de diversas denominaciones cristianas de los cinco continentes, han realizado “una auténtica experiencia de fe, en el encuentro con Cristo, gracias a la oración y al amor fraterno” (Angelo Sodano).
Se presume que más de doce mil personas participaron durante las exequias en el monasterio de la pequeña localidad de Borgoña, donde unieron sus plegarias por el religioso que fue asesinado a los noventa años de edad.
En la celebración estuvieron presentes numerosas personalidades ortodoxas, anglicanas, católicas, protestantes, evangélicos, y de otras confesiones cristianas; además de representantes polÃticos del más alto nivel.
Las exequias de quien escribió quince luminosos tÃtulos de espiritualidad, fueron presididas por el cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, quien celebró la eucaristÃa junto a cuatro sacerdotes que pertenecen a esta comunidad ecuménica, y leyó un mensaje de Benedicto XVI. El mismo cardenal comentó que: “más que un guÃa o un maestro espiritual, el hermano Roger ha sido para muchos como un padre, como un reflejo del Padre eterno y de la universalidad de su amor [...] ante todo, creÃa en el ecumenismo de la santidad, esa santidad que cambia el fondo del alma y que es la única que lleva hacia la comunión plena [...] querÃa vivir la fe de la Iglesia.”
Hoy el nombre de Taizé evoca paz, reconciliación, comunión, y la espera de una primavera para la Iglesia: «Cuando la Iglesia escucha, cura, reconcilia, ella llega a ser lo que es en lo más luminoso de sà misma: diáfano reflejo de un amor» (hermano Roger).
Este humilde número va dedicado a la memoria del hermano Roger, y a nuestros hermanos de Taizé.
Unidos en la oración, y esperando contra toda esperanza un mundo más fraterno.
“Amar hasta hacer la unidad”
¡Dios les bendiga!
Fuentes, texto y fotografÃa:
Sitio oficial de Taizé http://www.taize.fr/es