Somos conscientes, sin embargo, de que la realización de la paz es algo complejo, y por esto difÃcil de lograr plenamente. En la Biblia, se resaltan estos elementos: las buenas relaciones con los vecinos y con Dios, la ausencia de pleitos, la abundancia de frutos sobre la mesa de los pobres, la justicia como recompensa del actuar humano, la defensa de los pobres, la liberación de una situación calamitosa. Esta paz, fruto de la justicia, se equipara con el Reino de Dios, con Jesucristo, don del Padre, y se va realizando en mediaciones históricas, siempre parciales y progresivas.
Ya desde el mismo 1 de enero de 1994, los tres obispos de Chiapas (Samuel Ruiz, Felipe Aguirre y Felipe Arizmendi), emitimos un documento en que sostenÃamos que era justa la causa por la que algunos se habÃan levantado en armas, pues la pobreza, el racismo y la marginación no son ni humanas ni cristianas; sin embargo, no aprobábamos el recurso a las armas. Esta ha sido nuestra postura, y nos sostenemos en ella.
Nuestra tarea como Iglesia es promover la justicia y la paz, la reconciliación y el perdón, la unidad y el amor fraterno; por ello, acompañamos la lucha por un desarrollo más humano y por un sistema polÃtico y económico más justo. Como diócesis, reafirmamos nuestro compromiso con las mayorÃas empobrecidas y les ratificamos nuestro cercano acompañamiento.
Nuestra misión es hacer presente el amor de Jesucristo, sirviendo como de puente que una a las personas y a los grupos. La Iglesia es espacio de comunión de los que son diferentes, para que cada uno aporte sus dones al bien de todo el cuerpo social. Como dice claramente el III SÃnodo Diocesano, “como Iglesia no podemos identificarnos ni depender de partidos y organizaciones polÃticas y militares” (No. 89), sino que, a partir de nuestra fe “en el Evangelio de Jesús, que es un Evangelio de paz (No. 81), hemos de continuar con nuestro compromiso diocesano, de ser promotores y mediadores de la paz y cumplir con el ministerio de la reconciliación que Dios nos dio para cambiar esta situación de guerra y de conflictos entre hermanos, evitando el pleito, el odio, el chisme y el rumor en nuestras comunidades” (No. 84). Queremos ser una Iglesia signo de paz y de unidad.
Que el EspÃritu Santo nos conceda la sabidurÃa, la fortaleza y la prudencia necesarias, para que disfrutemos de la paz que Jesucristo nos trajo, y que confirmó desde la cruz, destruyendo los muros del odio y las divisiones entre sus seguidores.
Del 1 de enero al 31 de diciembre de 2004, por decisión unánime del episcopado mexicano, celebraremos el “Año de la EucaristÃa”, con ocasión del Congreso EucarÃstico Internacional, a realizarse en Guadalajara en octubre próximo. Que la participación en la EucaristÃa nos contagie del amor de Jesucristo, para que los cristianos seamos constructores de paz, de justicia y de fraternidad. Y que Santa MarÃa de Guadalupe nos congregue en el amor de una sola familia mexicana.
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
+ Enrique DÃaz DÃaz
Obispo Auxiliar de San Cristóbal de L. C.