Encontrado en: http://materunitatis.org/article/articleprint/41/-1/21/

EDITORIAL Febrero 2004


Nivel superior En el camino de la esperanza 2004 Febrero Editorial

Es común que al iniciar un año civil, renovemos nuestros buenos propósitos para el venidero.

El dominio de si mismo, la fortaleza del alma.


Es común que al iniciar un año civil, renovemos nuestros buenos propósitos para el venidero. Es por eso que deseamos compartir con espíritu fraterno y sencillez, temas y reflexiones que tienden al fortalecimiento del alma, ya que para ser perfectos en la caridad (Amor) hacen falta dos cosas: la gracia y la voluntad. Conocernos y aceptarnos, confiar en la misericordia divina, las educación delas pasiones y el ánimo de aprender y corregir el rumbo cuando fallamos, son fundamentales para ello, de otra forma corremos el riego de perder la paz.

La experiencia diaria confirma la posibilidad de educar las pasiones, de ponerlas de nuestro lado. Todos tenemos conciencia de la responsabilidad de nuestros impulsos pasionales. Cuando nos dejamos llevar por un impulso desordenado, sentimos enseguida las punzadas del remordimiento; si, por el contrario, hemos resistido a él, experimentamos la satisfacción y el gozo de haber cumplido. Prueba inequívoca de que nos sentimos libres frente al ímpetu racional y de que, por lo mismo, está en nuestras manos su dirección y encauzamiento. La historia de todas las conversiones ofrece una nueva prueba, palmaria e indiscutible, de la educabilidad de las pasiones. Hombres que, llevados de sus pasiones desordenadas, se había dejado arrastrar hasta los mas inmundo lodazales, empiezan, a partir de su conversión una vida casta y morigerada; al principio venciendo, quizá, grandes dificultades, pero llegando a adquirir poco a poco domino perfecto y control de sí mismos.
Sin la vida de oración educar las pasiones sería tarea impensable. En otros ordenes, y siempre dependiendo del temperamento de cada uno, podemos educarlas con diversas estrategias: actuar sin descanso sobre las causas de la pasión, e impedir con energía nuevas manifestaciones, darle objetos distintos de los que se le quiere apartar. En lo personal me quedo con la última, a imitación del seráfico doctor San Francisco de Sales. Para ello, la vida de oración es fundamental. El alimento es al cuerpo como la oración al alma. Al respecto nos ilustra nuestro fundador, Card. Fco. Javier Nguyen Van Thuan: “Sobre esto profundizaremos en los tres artículos contenidos en este primer numero de 2004.
Gracias por ser amable y comprensible lector.
Dios te bendiga.

Ricardo Fco. Padilla Castillo
Mater Unitatis


Dirección de correo electrónico del destinatario:

*

Su correo electrónico:

*



| Regresar a la forma normal de presentación de la página | Enviar este artículo a un amigo |