Encontrado en: http://materunitatis.org/article/articleprint/327/-1/159/
|
Los principios católicos del ecumenismo
|
|
Nivel superior
En el camino de la esperanza
2005
Febrero
Articulos
El capÃtulo I del Decreto Unitatis Redintegratio expone los «principios católicos» del Ecumenismo. En anterior redacción, el Decreto hablaba de «ecumenismo católico», lo que parecÃa sugerir que existÃan varios ecumenismos, cuando, en realidad, se trata de un único movimiento de búsqueda de la unidad, al que se acude desde la propia identidad confesional.
Esta identidad («principios católicos») es precisamente la que trata de delimitar el Decreto de Ecumenismo, siempre en referencia a la Constitución Lumen gentium. Los «principios» se centran en la comprensión católica de: la unidad y unicidad de la Iglesia, la situación de los hermanos separados y el Ecumenismo a la luz de lo asà establecido [1].
El Decreto parte del designio divino de unidad. En el tiempo anterior a la Pasión, la unidad es la finalidad de la Encarnación, el objeto de la oración de Jesús y del mandato de la caridad; es el efecto de la EucaristÃa, asà como de la promesa del EspÃritu Santo.
Dios mismo ha dado los factores de unidad. En la Iglesia hay elementos de unidad invisibles (el EspÃritu Santo) y también visibles (el ministerio apostólico). El EspÃritu Santo, enviado por Cristo, es el misterioso principio unificador de la Iglesia. No es, pues, la unidad obra humana, sino fruto del EspÃritu; fruto, por tanto, que no puede faltar, porque es un don de Cristo. El Colegio de los Doce es el depositario de la misión apostólica; de entre los Apóstoles, Jesús destacó a Pedro, al que confió un ministerio particular, permaneciendo eternamente Jesucristo como piedra angular definitiva y pastor de las almas. Aquà el Concilio se limita a afirmar el hecho de la sucesión apostólica a partir de la voluntad de Cristo: el tratamiento detenido de este importante tema se encuentra en el capÃtulo III de la Constitución Lumen gentium.
La EucaristÃa es signo y causa de la unidad de la Iglesia. Para ello, citamos textualmente el n. 2 del Decreto: «Él, antes de ofrecerse como vÃctima (...) rogó al Padre en favor de los creyentes, e instituyó en su Iglesia el maravilloso sacramento de la EucaristÃa, que significa y realiza la unidad de la Iglesia». Por ello, no puede haber auténtico ecumenismo católico sin centrarnos en el Sacrificio del Altar. En el número 26 de la Constitución Lumen gentium se desarrolla el aspecto dogmático de esta afirmación: «Cada vez que tiene lugar la comunidad del altar, en dependencia del ministerio sagrado del Obispo, se manifiesta el sÃmbolo de esta caridad y unidad del Cuerpo MÃstico sin la que es imposible la salvación. En estas comunidades (...) está presente Cristo y en virtud de ello se constituye la Iglesia una, santa, católica y apostólica».
El Decreto se mueve en el marco de la «eclesiologÃa de comunión»: la Iglesia es un todo orgánico de lazos espirituales (fe, esperanza, caridad), y de vÃnculos visibles (profesión de fe, economÃa sacramental, ministerio pastoral), cuya existencia culmina en el misterio eucarÃstico, expresión de la unidad de la Iglesia. La Iglesia está allà donde están los Apóstoles, la EucaristÃa, el EspÃritu.
Notas:
1. Decreto Unitatis Redintegratio, nn. 2-4.
|