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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2004
Septiembre
Meditaciones Marianas
Durante toda su vida, MarÃa recibe todo de Dios. En esto consiste precisamente la grandeza de su misión que misteriosamente se prolonga en la Iglesia: todo tiene origen del Señor, llega de lo alto. Y la Virgen lo acoge.
Miremos, queridos amigos, junto con toda la Iglesia, en cuatro palabras de la Escritura:
1. Ave MarÃa, gratia plena. (Salve MarÃa, llena de gracia)
Ante todo, MarÃa recibe la Buena Nueva y ante todo, en previsión de la pasión de Jesús, es colmada por la plenitud de la salvación. Con el saludo del ángel, las esclava se hace propiedad de Dios. Estamos en el alba de la Iglesia, de aquella que es, como afirma Lumen Gentium “labranza o campo de Dios” (LG 6; cfr. 1Co 3,9).
2. Ecce concipies et filium (he aquà que concebirás y darás a luz a un hijo)
Por obra del EspÃritu Santo, se realiza el gran misterio de la Encarnación. El Hijo que en el cielo estaba en el Seno del Padre, en la tierra encuentra en MarÃa un seno digno de él. Hija del Padre, MarÃa se convierte en Madre, Madre del Verbo encarnado, Esposa del EspÃritu Santo. En los nueve meses que siguen, MarÃa es especialmente la Virgen de la interioridad. Única entre las criaturas, hace la experiencia de llevar a Jesús en su seno fÃsicamente. A imagen de ella, toda la Iglesia esta llamada a ser “seno” que ofrece al mundo a Jesús.
3. Respexit humiliatem (ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava).
Durante toda su vida, MarÃa vive cantando de gratitud a Dios, por lo que ha recibido de Él: nos solamente la gracia, sino al Dador de la gracia, y, con esto, todos los privilegios: “El Señor ha hecho en mi favor maravillas... ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava”, por esto, “todas las generaciones me llamarán bienaventurada”.
Como MarÃa, La Iglesia, consciente de su nulidad, proclama la grandeza del Señor.
4. Conservabat omnie verba heac in core suo (conservava cuidadosamente todas las palabras en su corazón)
En actitud de recogimiento, MarÃa vive junto a su Hijo “en estado” de oración, de perenne acogida y contemplación. Guarda la Palabra, la vive y la comunica, en la esperanza, en la humildad, en el gozo.
Contemplemos en ella, que ha sido formada totalmente por la Palabra, el misterio de la Iglesia: la Esposa del Verbo.
Tota pulcra es MarÃa et macula non est in te! Per te ortus est Chirstus Deus Noster. (Toda hermosura eres MarÃa y no hay mancha alguna en ti. Por ti ha nacido Cristo Nuestro Dios).