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Editorial Septiembre 2004 |
Nuestra vida y la de muchas otras personas ha cambiado desde entonces. Somos el pincel que no puede envanecerse de la obra del artista, pero también testigos de esperanza, y por ello estamos obligados (con la suave libertad de los Hijos de Dios) a compartir contigo este don y carisma. Hace dos años pasó a la vida eterna, y su legado permanecerá por generaciones en su amada Iglesia y el corazón de millones de hombre de mujeres de buena voluntad.
Los escritos espirituales de Cardenal Van Thuan, cargados de amor, esperanza y fraternidad, han dado la vuelta al mundo. Thuan (que se pronuncia Tun), por su nombre vietnamita, fue miembro de la influyente casa Nguyen, que alcanzó los máximos honores y encarno los más atroces sufrimientos. Aún en vida, se habla mucho de la santidad de su señora madre Ngo Dinh Thi Hiep Elizabeth. Fue Obispo de Nhatrang y Arzobispo de Saigón. Trece años preso injustamente por el régimen comunista, y liberado el 15 de agosto de 1975, dÃa de la Asunción de la Virgen. Presidente del Pontificio Consejo de Justicia y Paz. Para algunos vaticanistas, favorito entre los papables. Predicador de los ejercicios espirituales del Gran Jubileo del año 2000 en presencia de S.S. Juan Pablo II. Tras años de padecimientos y un agresivo cáncer, paso a la vida eterna el 16 de septiembre del 2002. Y como nos dijo Monseñor Crepaldi, “la obra de Cardenal Van Thuan apenas comienza”.
Fue siempre cercano, de exquisita cortesÃa y paternal. Comparto plenamente la descripción de su biógrafo, y amigo de toda la vida, Andre Nguyen Van Chau: “caminaba siempre pausadamente y sonriente (...). SonreÃa más por timidez que por alegrÃa. Incluso cuando no sonreÃa, su rostro trasmitÃa calor y seguridad. La gente se encontraba a gusto en su presencia; estar con él era como encontrarse en casa [en la antesala del Reino]. Hablaba despacio, midiendo sus palabras con absoluta precisión. Su voz era suave y su discurso elocuente en su sencillez. Era obvio que sus ideas más simples procedÃan de una gran profundidad interior y, para aquellos que lo escuchaban, sus palabras se convertÃan en una invitación a la reflexión”.
Hien Phan (Monseñor Paolo) es también hijo espiritual de Cardenal Van Thuan, entrañable hermano, y actual miembro del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, en Vaticano. De él me permito compartir algunas lÃneas del primer capitulo de su hermosÃsimo libro “Mi padre, Cardenal Van Thuan: “Un hombre común, sencillo, siempre alegre, siempre preocupado por los demás. Un hombre que es generoso con todos excepto consigo mismo. Un hombre que esta en constante oración, dispuesto siempre a sacrificarse por los demás. Un hombre que es fiel a Dios y leal a la Iglesia Católica. Un hombre que esta dispuesto a asumir como suyo el trabajo de los discÃpulos. Un hombre que vive e invita a los demás a vivir en unidad con amor y perdón.”
Este numero conmemorativo otorga un espacio privilegiado al amor de su vida, que es nuestro también, a MarÃa, Madre de la Unidad. Compartiremos pues algunas reflexiones en torno a nuestra amadÃsima Madre que, hasta donde tengo conocimiento, contienen algunas ideas inéditas, parte de un documento que personalmente escribió Cardenal Van Thuan durante su visita a México para instruirnos sobre la espiritualidad de la Comunidad de Mater Unitatis.
Y ya en ánimo festivo, incluimos dos textos inéditos más: uno relativo a la EucaristÃa, muy oportuno a este ambiente festivo del Congreso Internacional en México; y otro que pretende ser un comentario a los siete fundamentos de esta espiritualidad presentados en su libro “Cinco Panes y dos Peces”.
Agradecemos también a la familia de nuestro querido cardenal, y a todas las personas que generosamente han recordado esta relevante fecha, y que han tenido a bien el compartirnos unas lÃneas.
Deus meus et omnie, ad sumus.
¡Dios les bendiga!