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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2004
Junio
Secciones
Para ayudarte a que retengas en la memoria todos los pensamientos que haz meditado hasta aquí, quiero proponerte algunas normas sencillas. Deseo que te acuerdes de ellas cada día y que sean como señales indicadoras en el camino de la Esperanza.
Quieres realizar una revolución, renovar el mundo. Esta grande ambición y esta bellísima misión te han sido confiadas por el Señor: no las realizarás sino con “el poder del Espíritu Santo”. Cada día en torno a ti, debes preparar el nuevo Pentecostés.
Comprométete en una sola campaña: la de hacer felices a todos los hombres. Sacrifícate cada minuto, con Jesús, para dar paz a las almas, desarrollo y prosperidad a los pueblos. ¡Esta será tu ascesis, discreta y concreta a la vez!
Guarda firmemente una sola línea de conducta, la del apóstol: “dar la vida por los hermanos”. No hay amor más grande que éste. Da una parte de ti mismo a cada minuto y está listo para dar todo para la conversión de tus hermanos.
Está será tu divisa: “¡Todos unidos! Unión de los católicos, unión de los cristianos, unión de todos los pueblos, como el Padre y el Hijo son uno.
Cree en una única fuerza: la Eucaristía, el cuerpo y la sangre de Cristo que te darán vida: “...Para que el mundo tenga vida y la tenga en abundancia”. El maná alimentó al pueblo judío en el camino a la tierra prometida. La Eucaristía te alimentará en el Camino de la Esperanza.
Viste un solo uniforme, habla una sola lengua: la caridad. Ella es la que da testimonio de que eres discípulo de Cristo. Es la insignia menos cara, pero la más difícil de obtener.
La caridad es la primera de las lenguas. San Pablo juzga que es más preciosa que todas las lenguas de los ángeles y de los hombres. En el paraíso es la única lengua que permanecerá.
Guarda cuidadosamente un único secreto: la oración. Nadie tiene más poder que el hombre que ora, porque el Señor ha prometido concederle todo lo que pida. Cuando ustedes están unidos en la oración el Señor está en medio de ustedes.
Te lo pido insistentemente: fuera de las horas de oración oficial, debes cada día consagrar, cuando menos, una hora a la oración, y si puedes, dos horas. ¡No es tiempo perdido ni inútil! En el camino que he recorrido, he comprobado la veracidad de la palabra de Santa Teresa de Ávila: “El que no ora no necesita que el demonio venga a arrastrarlo; él solo se precipitará en el infierno”.
Observa una sola regla: el Evangelio. Es una "constitución" que es necesario observar por encima de todas las demás. Es la que el Señor dejó a los apóstoles. No tiene ninguna de las dificultades, de las complejidades y obligaciones que tienen otras constituciones. Al contrario, es viva, humana e incita a la generosidad.
Fuera del Evangelio, sólo hay santos inauténticos.
Permanece fiel a un único líder, Cristo y sus representantes, el Papa, los obispos que son los sucesores de los apóstoles. Vive y muere por la Iglesia, como Cristo. No creas que morir por la Iglesia es el único sacrificio. Vivir para ella también exige mucho.
Un solo amor: el de María, tu madre. San Juan María Vianney confiaba: “Mi primer amor es María”. Si la escuchas no te desviarás. Lo que emprendas en su nombre no fracasará. La gloria que darás a María te dará la vida eterna.
Tu única sabiduría será la ciencia de la cruz. Contemplando la cruz encontrarás inmediatamente una solución a las cuestiones que te perturban. Que la cruz sea tu criterio en tus elecciones y decisiones. Tendrás paz en el alma.
Conserva un solo ideal: estar vuelto hacia Dios Padre, Padre que es todo amor. Jesús, durante toda su vida mantuvo cada uno de sus pensamientos y de sus actos orientados en una sola dirección: “Para que el mundo sepa que yo amo al Padre y que mi Padre me ama...” “Lo que agrada a mi Padre yo lo realizo siempre”.
Teme una sola cosa: el pecado.
El emperador reunió a su consejo para decidir la venganza que debía tomar contra Juan Crisóstomo quien había dado una reprimenda directa a la emperatriz.
Se presentó la primera proposición: meterlo en prisión; “Era para él una ocasión de orar al Señor, de sufrir por Él, como siempre lo deseaba”.
La segunda preposición: exiliarlo.
“Para este hombre no había lugar que no fuera morada de Dios”.
La tercera: ejecutarlo.
“Moriría mártir y así sería satisfecho su más caro deseo. Encontrarse enseguida con Dios”.
Si ejecutaban estas tres proposiciones no le causarían ninguna pena; al contrario, él tendría una gran alegría.
La cuarta proposición:
“Sólo había una cosa que este hombre rechazaba y odiaba con todas sus fuerzas: el pecado. Pero era imposible forzarlo a cometer una falta”
Si tu único temor fuera el pecado, tu fuerza sería innegable.
Mantén en ti una sola aspiración: “En la tierra como en el cielo”. Que en la tierra como en el cielo las naciones conozcan a Dios. Que en la tierra los hombres comiencen a amarse, como en el cielo. Que sobre la tierra venga la felicidad, como en el cielo.
Te esforzarás por realizar este deseo y desde este mundo aportarás a todos la felicidad del paraíso.
Sólo te falta una cosa: “Vende todo lo que tienes, distribúyelo a los pobres y sígueme”. Esto significa que debes realizar un acto decisivo. El señor necesita voluntarios, liberados de todo apego.
Para tu apostolado utiliza el único método eficaz, el contacto humano, para fundirte en medio de los hombres, encarnarte en ellos, comprenderlos y amarlos.
El contacto vale más que toda predicación y que todo libro. El contacto entre los hombres, el “de corazón a corazón”, es el secreto de la duración de tu obra, el secreto de su éxito.
Una sola cosa es importante: María eligió la mejor parte. Sentarse junto al Señor. Si no tienes vida interior y si Jesús no es la inspiración profunda de todas las empresas, entonces... Pero ya sabes todo esto y no tengo necesidad de continuar.
Un solo alimento: “la voluntad del Padre” Con este alimento debes vivir y crecer. Por él actúas. Es como un alimento que da fuerza y gozo a tu existencia. Sin él, sólo puedes morir.
Un solo instante es bueno: el minuto presente. En él vives el amor de Dios en la totalidad. Tu vida será maravillosamente bella si está hecha de millones de minutos, cada uno admirable. ¿Ves cómo es sencillo?
Un solo manifiesto: las bienaventuranzas que Cristo proclamó en la montaña. Si vives su espíritu, gustarás la felicidad y la transmitirás a todos los que encuentres.
Una sola tarea importante: el cumplimiento de tu deber. Poco importa que sea eminente o modesto, es la obra de tu Padre la que realizas, Es la tarea que, en el cielo, El ha determinado para ti, para que realices su designio en la historia de los hombres.
Cumplir el deber de estado es la forma más simple y más segura de ascesis. Muchas personas eligen una ascesis complicada y enseguida se quejan de su dificultad.
Una sola manera de hacer5se santo. Lo serás por gracia de Dios y por tu propia voluntad. La gracia de Dios no te faltará. Pero ¿tendrás suficiente voluntad?
Una sola recompensa: el Señor.
Dios, se dice, preguntó a Santo Tomás de Aquino:
-“Has escrito cosas muy exactas acerca de mí, ¿qué deseas como recompensa?”
-“¡Señor, yo sólo te quiero a Ti!”
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