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Nivel superior
En el camino de la esperanza
2004
Abril
Editorial
Uno de los problemas más angustiosos que atormentan a las almas, es la existencia del mal y del sufrimiento....
Una de los problemas más angustiosos que atormentan a las almas, es la existencia del mal y del sufrimiento. Esto se agudiza en medio de una cultura que se deja embelezar por las falsas mieles del hedonismo (búsqueda del placer por el placer) y la sensualidad. Pero el miedo a la muerte puede superar todo lo demás, y lo que debÃa ser el momento más esperado de nuestra vida, es el más aterrador. La muerte ya no tiene dominio sobre nosotros, ha sido derrotada.
En medio de este pavor, surge triunfante sobre la muerte el Hijo de Dios, que abandona el sepulcro para tomar un cuerpo glorioso. Recordemos las palabras del ángel que dirige a las mujeres que habÃan accedido, desde al amanecer, al sepulcro del Señor: “Jesús resucitó, no está aquÆ(Mc 16). “Dónde está muerte tu victoria, donde está muerte tu aguijón, todo es destello de tu gloria, clara luz, resurrecciónâ€.
AsÃ, en la sección “Pensamiento del Cardenal Van Thuanâ€, nuestro fundador nos ilustra el gozoso fin de nuestra existencia, pues la muerte es “el final del camino de la esperanzaâ€.
El tiempo pascual, desde el triduo hasta Pentecostés, es un tiempo que ofrece el mensaje nuclear del cristianismo de vida nueva, liberación, esperanza y alegrÃa, más extraordinario que haya recibido la humanidad. Es sin duda el punto culminante del año litúrgico.
En su homilÃa pascual, escrita alrededor del año 165, san Melitón de Sardes dice: \"Muy amados, vosotros debéis entender que el misterio de la pascua es nuevo y antiguo, eterno y transitorio, corruptible e incorruptible, mortal e inmortal\" (caps. 2-7,100-103). Estas palabras reflejan una tradición constante que afirma que el misterio pascual describe la unión de lo natural con lo sobrenatural, lo corporal con lo espiritual y lo histórico con lo trascendente. Para explicar esto más con mayor detalle, compartiremos con ustedes, en este número especial, un luminoso escrito del Prof. Stuart C. Bate, OMI.
¡Resucito como lo habÃa predicho! ¡Sicut dixit, Alleluia!
A los ornamentos de duelo de la cuaresma le suceden los festivos pascuales. Aprovechemos para renovarnos y arraigarnos en las disposiciones de un corazón habitualmente dilatado por la alegrÃa espiritual, asà todo nos parecerá más fácil: los trabajos rudos y las cruces se cambian en delicias; correremos más que andar por el camino de la perfección, y lo que es más, todas nuestras acciones son más meritorias y agradables a Dios, “porque Dios ama a quien da con corazón alegre†nos dice San Pablo en su carta a los Corintios.
Hagamos propósito de tener siempre el pensamiento fijo en el resucitado, regocÃjate con Él, y haz que esa alegrÃa sea fecunda en buenas obras.
La Pascua es la profecÃa cumplida de sublime amor. El Apocalipsis de San Juan, satanizado y vulgarmente mal interpretado (que peligroso es que la cultura pop se convierta en “verdadâ€), es una carta de amor y esperanza de nuestro amorosÃsimo Dios a la humanidad. Este libro es de tal extensión y profundidad, que difÃcilmente podemos agotarlo en este número de Pascua. Por ello nos limitaremos al una interpretación del CapÃtulo 5 versos del 1 al 7. Para ello tomamos textos de Carlos Mesters y Francisco Orofino, de su libro “El Apocalipsis: Esperanza, valor y alegrÃaâ€.
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