1. La Liturgia de las VÃsperas ha entresacado la parte del Salmo 20 que acabamos de escuchar, omitiendo otra de carácter imprecatorio (Cf. versÃculos 9-13). El pasaje escogido habla de los favores pasados y presentes ofrecidos por Dios al rey, mientras que la parte omitida habla en futuro de la victoria del rey sobre sus enemigos.
Es fácil intuir que este canto --al igual que sucedió con los demás Salmos regios del Salterio-- fue interpretado de una nueva manera cuando en Israel desapareció la monarquÃa. Se convirtió ya en el judaÃsmo en un himno en honor del rey-mesÃas: se allanaba asà el camino hacia la interpretación cristológica, adoptada por la liturgia.
2. Pero hagamos, en primer lugar, una lectura del texto en su sentido original. Se respira una atmósfera alegre en la que resuenan los cantos, dada la solemnidad del acontecimiento: «Señor, el rey se alegra por tu fuerza, ¡y cuánto goza con tu victoria! [...]
Al son de instrumentos cantaremos tu poder» (versÃculos 2. 14). Luego se hace referencia a los dones de Dios al soberano: Dios ha respondido a sus oraciones (Cf. versÃculo 3), le ha puesto en su cabeza una corona de oro fino (Cf. versÃculo 4). El esplendor del rey esta ligado a la luz divina que lo envuelve como una manto protector: «lo has vestido de honor y majestad» (versÃculo 6).